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SUEÑOS DE CINE     Por Beatriz Castellón
 

ANTON, SU AMIGO Y LA REVOLUCIÓN RUSA   (13.02.21)

Director: Zaza Urushadze. Reparto: Natalia Ryumina, Anton Sebastyan, Pavlo Shpegun, Oleg Simonenko, Nikita Shlanchak, Tetiana Grachik, Mykita Dzyad, Anastasiia Chudna, Vladimir Levitskiy. Guionista: Dale Eisler, Zaza Urushadze, Vadym Yermolenko. Música: Patrick Cannell, Miroslav Skorik. Fotografía: Mikhail Petrenko. Producción: Insightmedia Producing Center, Georgia International Films, Cinevision Global, Artbox, Ukrainian State Fil Agency.

El 7 de diciembre de 2019 el director georgiano Zaza Urushadze nos dejó. Lo hacía seis años después de haber cosechado numerosos éxitos, como el Premio Gaudí a mejor película europea o el Premio a mejor director y el Premio del público en el Festival Internacional de Cine de Varsovia por Mandarinas. Largometraje este por el que también estuvo nominado tanto a los Globos de Oro como a los Oscar en la categoría de Mejor película extranjera.

Pero antes de irse, a Urushadze le quedaba aún por lanzar un nuevo canto al amor, a la amistad y a la concordia que debería existir incluso en las circunstancias más adversas. Su última exaltación a tan nobles sentimientos llega hoy a los cines bajo el nombre de Anton, su amigo y la Revolución Rusa.

Medio inspirada en unos sucesos reales que vivieron algunos familiares maternos del escritor Dale Eisler, medio ficcionada -eso sí, tratando de respetar siempre los hechos históricos en que se inserta-, el relato, que fue libro antes que película, nos lleva a la Ucrania de 1918. Más concretamente a los no demasiado conocidos asentamientos que construyeron en Odessa los alemanes que salieron huyendo de la I Guerra Mundial y al asedio al que los sometió el ejército bolchevique.

En aquellos lares convivirán dos familias, la de Anton -un niño cristiano de origen alemán- y la de Yasha -un pequeñín de raza judía-. Sobre ellos, sobre su amistad y sobre una inocencia que deja unos momentos tan bellos como aquellos en los que se plantean si el cielo de los judíos y el de los cristianos será el mismo o será diferente, porque, si son distintos y no pueden estar el uno sin el otro seguro que no será un buen lugar. O como aquel en el que Anton se plantea por qué se odia a los judíos, porque para él no tiene sentido si se parecen a su amigo Yasha. O como aquel en el que Yasha le entrega a Anton una de las pocas pertenencias que tiene de Moshe -su hermano asesinado a manos de los bolcheviques- y le dice que quiere que la tenga él porque ahora él es su hermano.

Pero, por desgracia, el mundo de los adultos es mucho menos tierno; mucho más hostil. Y mientras los protagonistas juegan y se prometen ser amigos para siempre, la crueldad se abre paso por los campos de Odessa. Así, mientras los niños se dedican, como pueden, a ser niños, a su alrededor los ejércitos bolcheviques, encabezados por la comandante Dora, se dedican a cometer tropelías, como asesinar a los alemanes que no les quieren dar sus cosechas o a quitarles todas sus pertenencias. Un mundo adulto donde las apariencias engañan y no se sabe muy bien si el vecino es realmente quien dice ser.

Emotiva en ocasiones, desgarradora en otras, magistralmente interpretada por sus jóvenes protagonistas (Nikita Shlanchak -Anton- y Mykita Dzyad -Yasha-) y con un resto del reparto muy convincente, con una historia interesante y no demasiado conocida detrás y con un relato bien construido -salvo por un final un tanto caótico-, Anton, su amigo y la Revolución Rusa es de esas películas que agradará a los espectadores que hayan disfrutado de El niño del pijama de rayas o Una bolsa de canicas y constituye un buen testamento cinematográfico para un director que siempre quiso buscar, dentro de lo más cruel, esas historias que le reconciliaran a uno con la raza humana.

 

MAIXABEL   (06.11.21)

Directora: Icíar Bollaín. Reparto: Blanca Portillo, Luis Tosar, Urko Olazabal, María Cerezuela. Guionista: Icíar Bollaín, Isa Campo. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Javier Agirre Erauso.

Desde la aparición de la banda terrorista ETA muchas y muy variadas han sido las versiones que desde la cultura en general y desde el cine en particular se han dado de ella y los puntos de vista desde los que se ha abordado su problemática. Sin embargo, hay aspectos relacionados con este tema que siguen sin tocarse. Aunque desde Maixabel queda uno menos.

Y es que este largometraje, que en realidad es ficción, pero una ficción bastante fiel al parecer a los hechos reales, lleva a la gran pantalla por primera vez los llamados encuentros restaurativos. Más concretamente los que tuvo Maixabel Lasa con dos de los integrantes del comando que acabaron con la vida de su marido, Juan María Jáuregui, en un atentado en Tolosa en el año 2000.

No era, sin duda, una película fácil de hacer, habida cuenta de lo controvertido que sigue resultando a día de hoy hablar de ciertos temas (solo hay que ver la que se lio en las redes con unas palabras de Luis Tosar sacadas de contexto). Pero ha acabado siendo una obra de arte magnífica y valiente, que estremece hasta lo más hondo y que tras su visionado ha acabado arrancando los aplausos de los espectadores en varias salas de cine.

Detrás de tan maravilloso resultado está la buena mano de Icíar Bollaín, que, consciente de que podía hacer daño a las víctimas con su película, pero también de que si no se habla de ciertos temas pueden llegar a caer en el olvido, ha dado lo mejor de sí y ha conseguido crear una película que pone a las víctimas en el centro, pero sin caer en maniqueísmos.

Para realizar su trabajo ha contado con un excelente guion, creado por ella y por Isa Campo, que nos lleva a un País Vasco que tenía por delante reconstruirse social y políticamente para hablarnos de arrepentimiento y de segundas oportunidades; de la necesidad de saber de algunas víctimas y de la de asumir su responsabilidad de algunos verdugos; de la sinrazón que vivió el pueblo vasco, de asesinatos sin ningún tipo de sentido ni de reflexión y de lo bien que les sentó a algunos la cárcel… Pero que sobre todo relata la enorme valentía y generosidad de personas como Maixabel Lasa, que conscientes de que ETA daba sus últimos coletazos y que habría que hacer algo por intentar llegar a una convivencia pacífica entre todos y del coraje que tuvieron personas como Ibon Etxezarreta y Luis Carrasco, que aun conociendo el riesgo en el que ponían a sus familias, no solo se salieron de la banda, sino que dieron un paso más; sabiendo que nunca podrían reparar el daño causado pero que sí podían ayudar a construir una Euskadi en paz.

Un guion excelente que consiguen llevar a escena de manera magistral los Blanca Portillo (Maixabel Lasa), Luis Tosar (Ibon Etxezarreta), el casi desconocido Urko Olazabal (Luis Carrasco) y la debutante María Cerezuela (hija de Maixabel Lasa y Juan Mari Jaúregi), que han dado todo lo mejor que han podido para hacer esta película, cosa que, sin lugar a dudas, se transmite.

Por último, al tratarse de una película de estas características, creo que es interesante destacar que para la realización de esta película se ha contado en todo momento con la colaboración de todos los protagonistas y que son ellos los que han aportado momentos tan impactantes como el recorrido que hace Ibon Etxezarreta por los lugares de sus atentados o como el diálogo en el que Etxezarreta dice: “preferiría ser tu marido que su asesino” y Lasa le responde: “y yo prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre” fueron reales. Al igual que son los verdaderos amigos de Jáuregui quienes entonan el emotivo Xalbadorren heriotzean final (canción luctuosa con la que muchos vascos despiden a los seres queridos que se van).

En definitiva, una contribución valiente y emotiva que ayuda a recordar que, aunque afortunadamente, esa Euskadi queda cada vez más atrás, aún queda mucho por reflexionar.

 

TRES PISOS   (11.12.21)

Director: Nanni Moretti. Reparto: Riccardo Scamarcio, Alba Rohrwacher, Nanni Moretti, Margherita Buy, Alessandro Sperduti. Guionista: Nanni Moretti, Federica Pontremoli, Valía Santella. Música: Franco Piersanti. Fotografía: Michele D’Attanasio.  

Hace unos días vi dos películas que se estrenan hoy (Tres pisos y ¿Qué hicimos mal?) y recibí el encargo de escribir la crítica de esta semana sobre la que más me inspirara. Y, en fin… ¿Cómo decirlo? Creo que, ante el estado de la cartelera, las musas han colgado el anuncio de “cerrado por vacaciones”.

Pero como hay que escoger alguna, entre una autobiografía fingida que se queda muy descafeinada y que demuestra que no todo sirve para hacer cine (¿Qué hicimos mal?) y un drama que no entusiasma pero al menos sirve para entretener al público durante dos horas, está clara la elección.

Tres pisos es la última película del italiano Nanni Moretti, director también de cintas como Habemus Papam o Mia madre. Aunque quizás la obra de su filmografía con la que más parecidos guarda sea con La habitación del hijo y con su concepción del mundo como un lugar inhóspito.

En Tres pisos, Moretti nos lleva a un edificio tranquilo, en el que los vecinos se llevan aparentemente bien, para hablarnos de las responsabilidades de la paternidad, de los miedos que esta puede generar y de cómo estos, si no se atienden, pueden acabar generando demonios internos que arrasen con todo lo que encuentren en el camino.

La película se cuenta a través de tres historias familiares a lo largo de 10 años.

Una de estas familias es la formada por Lucio, Sara y su pequeña hija. Ambos viven en el mismo rellano que Renato, un hombre jubilado al que le encanta cuidar a la hija de sus vecinos cuando estos necesitan ayuda. Entre todos ellos hay una relación excelente. Sin embargo, todo se irá al traste un día en el que la pequeña y Renato decidan irse a dar un paseo a solas y aparezcan perdidos y desorientados en un parque cercano. Los miedos ante una posible violación aterrorizarán a Lucio durante los diez años que dura la película, hasta que la otrora niña se convierta en mujer y pueda resolver su duda. Pero ya para entonces los demonios internos de Lucio le habrán llevado a cometer muchas tonterías y a pagar por ellas sin ni siquiera saber la verdad.

La segunda familia es la formada por Mónica, su marido Giorgio y sus dos pequeños. Por trabajo, Giorgio pasa largas temporadas fuera de casa, mientras Mónica cuida de sus pequeños. Sin embargo, su salud mental deja un poco que desear y las decisiones que tomará no serán siempre las mejores. La cosa empeorará especialmente cuando el hermano de Giorgio haga acto de presencia -aunque no siempre sabremos si lo ha hecho realmente o son imaginaciones de Mónica-.

La última familia la forman dos jueces y su torturado hijo Andrea, un chaval atormentado y conflictivo, permanentemente enfadado con la vida y que debido a sus demonios internos ha terminado matando a una mujer mientras conducía borracho.

Las historias de estos vecinos se irán entrecruzando, apoyándose a veces, creándose momentos muy convulsos otras, pero dejando la puerta abierta al perdón y a las segundas oportunidades.

La película se basa en el libro Tres pisos de Eshkol Nevo. 

 

EL GRITO SILENCIOSO. EL CASO ROE V. WADE   (01.10.22)

Director: Cathy Allyn, Nick Loeb. Guionista: Cathy Allyn, Ken Kushner, Nick  Loeb.  Reparto: Stacey Dash, Jamie Kennedy, Joey Lawrence, Corbin Bernsen, Jon Voight. Fotografía: Alan McIntyre Smith.

SINOPSIS

El doctor Bernard Nathanson y la doctora Mildred Jefferson se ponen en guardia en una batalla nacional en esta historia que desembocó en uno de los casos más controvertidos de la historia: el del derecho de las mujeres al aborto, conocido como “Roe v. Wade” que tuvo que dirimir la Corte Suprema de los Estados Unidos.

CRÍTICA

Si usted estudió en algún centro educativo católico a partir de los años 80 del pasado siglo, es posible que le suene un documental llamado “El grito silencioso”. Por si acaso es de los que recuerdan haberlo visto y es de los que ese día salió indignado de clase -como no pocos de mis compañeros- voy a hacer una obra de caridad y le voy a desrecomendar una película: El grito  silencioso: el caso Roe v. Wade.

Por si no sabe de lo que hablo, se lo explico. Corría en el año 1984 cuando apareció un documental llamado El grito silencioso dirigido por Jack Duane Dabner y narrado por Bernard Nathanson, un obstetra que empezó siendo proelección y tras haber practicado miles de abortos y ganado millones de euros por ello, cosas de la vida, acabó convirtiéndose en provida y muy cercano a las posiciones del Opus Dei.

El documental, que mostraba el proceso de un aborto por ultrasonido que tiene lugar dentro del útero, así como el dolor y malestar del feto durante el mismo, no fue impedimento para que fuera difundido por las principales cadenas estadounidenses y posteriormente utilizado como arma propagandística en colegios y universidades católicos de medio mundo.

Sin embargo, la cinta fue enormemente criticada por pediatras, obstetras y médicos de gran prestigio en general, que lo calificaban de filmación falaz, engañosa e injusta a los hechos. Y a ellos se sumó Planned Parenthood elaborando un informe en el que se rebatían las inexactitudes y falsedades científicas, médicas y legales que se vertían en El grito silencioso.

Y cuando parecían que las cosas estaban más calmadas y que lo que le acabo de contar era una guerra sucedida en los 80, llega el Tribunal Supremo de Estados Unidos, deroga el derecho al aborto y los grupos ultracatólicos estadounidenses y el lobby antiabortista vuelven a resucitar El grito silencioso y al doctor Nathanson (bueno, su espíritu, que como lo resuciten de verdad tras más de diez años fallecido eso sí que sería para gritar de verdad).

Sin abandonar el tono y la intención propagandística de la primera cinta y convertida ahora más que nunca en obra de trinchera, El grito silencioso: el caso Roe v. Wade abandona los argumentos médicos (más allá del momento en el que empieza la vida) y se centra en los hechos históricos y legales que condujeron al fallo a favor del aborto en la sentencia del caso Roe v. Wade.

Con un gran maniqueísmo, dividen a la sociedad americana en dos bandos.

En el primero de los bandos, el proelección, se insertan seres mezquinos y avariciosos, a los que no les importa soltar una mentira y hacer daño a los demás con tal de conseguir sus intereses. Este grupo incluiría a seres tan destructivos (para ellos) como feministas, miembros de otras religiones y seres con oscuras intenciones.

 El otro bando sería el provida, donde se insertan católicos de bien, defensores de la auténtica minoría silenciosa (la de los nonatos), incapaces de mentir y que hacen su campaña desde la más pura honestidad.

Y por medio estarían los jueces, que me imagino que estarán ya muertos en su mayoría o a punto de hacerlo, porque si no es para que plantaran una demanda a los productores ante los ataques de incompetencia, cuando  no de estar comprados, recibidos.

Eso sí, en los diálogos sí se parecen todos los personajes. Ninguno tiene un discurso profundo y bien desarrollado. Los proelección son tontos de capirote; pero es que los provida tan solo son capaces de enlazar frase tras frase de personajes relevantes pero de tal modo que aburren hasta a las ovejas.

En fin, que creo que el aborto es un tema demasiado serio como para abordarlo desde las trincheras y sin argumentos relevantes a favor y en contra. Todo lo que no sea eso, a mi juicio es generar un ruido innecesario y totalmente prescindible.