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 ÉRASE UNA VEZ...   
Mr. Mulliner*                                                                                       (VER anteriores)

XI. EL PROFESOR   (28.01.23)

 

Secuencia 1.

Pasillo de una universidad estadounidense. El profesor Hollyworth, un hombre de unos 60 años con aire un poco descuidado, camina algo distraídamente mientras no aparta la vista de un cuaderno que sostiene en las manos. Está a punto de pasarse una puerta con el letrero “Dean”, pero al verlo, se detiene y llama. Se oye una voz que dice “Adelante”, pero Hollyworth parece no enterarse, siempre consultando su cuaderno. Al rato, vuelve a llamar a la puerta, con el mismo resultado. Un momento después, Angela, la secretaria del decano, una atractiva mujer de unos 45, muy arreglada, siempre sonriente, abre desde dentro.

ANGELA: Pase, profesor Hollyworth.

HOLLYWORTH: Hola, Angela. (La mira con cierta atención) ¡Qué guapa estás! ¿Qué tal sigue tu hijito?

ANGELA: ¿Mi hija Christie? Sí, es una hijita… (con una sonrisa aún más amplia). Este año ha empezado en la Universidad.

HOLLYWORTH: (incrédulo) ¿Es posible? ¡Pero si hace nada que la traías en la sillita…! (Vuelve la vista al cuaderno y enseña la tapa a Angela) Mira, alguien me ha pegado una nota para que venga a este despacho. ¿Qué puede ser?

ANGELA: He sido yo, profesor. Quería asegurarme de que vendría. El decano quiere verlo y me pareció que no me prestaba mucha atención cuando hablamos por teléfono.

HOLLYWORTH: ¿Por teléfono? ¿Tú y yo? (sorprendido) ¿Cuándo, Angela?

ANGELA: (volviendo a su silla, tras su mesa) No se preocupe, profesor. Pase, el señor decano le está esperando (y le indica con una inclinación de cabeza una puerta lateral).

Hollyworth se acerca a la puerta y llama. Se oye “Pase”, pero para entonces Hollyworth ha vuelto a enfrascarse en su cuaderno. Angela, sin perder la sonrisa, se levanta, se dirige a la puerta y la abre para que pase el profesor, quien la mira como si no la hubiera visto hace semanas.

 

Secuencia 2.

Despacho del decano. Éste se encuentra sentado en un moderno y amplio sillón, tras una gran mesa con papeles, un marco de fotos, un elegante estuche de plumas y bolígrafos y otros objetos de escritorio.

DECANO: Pasa, Hollyworth, pasa. Siéntate (señala una butaca frente a su mesa), tenemos que hablar un momento.

HOLLYWORTH: (Sentándose) Dime, Leopold.

DECANO: Ayer tuvimos Junta de Facultad, y no viniste.

HOLLYWORTH: ¿Ayer? Debió de olvidárseme (y antes de que el Decano pueda contestar, añade entusiasmado) ¡Si vieras qué experimento más interesante tenemos en marcha, Leopold! Seguro que te entusiasmaba.

DECANO: Seguro que sí, Hollyworth, pero, mira, tienes que venir a las Juntas. Has faltado a las tres últimas.

HOLLYWORTH: (Obviamente ni ha escuchado al Decano) Estamos haciendo unas descargas de baja energía con vapores de moléculas simples… Tiene que acabar saliendo, ya verás.

DECANO: No me estás haciendo caso, Hollyworth. Tus experimentos son muy interesantes, pero los demás profesores están molestos porque pasas de todo este otro trabajo de administración.

HOLLYWORTH: Al mezclar dióxido de carbono con metanol tiene que haber una reacción, incluso en descargas débiles…

DECANO: Mira, Hollyworth. Esto no puede seguir así. No quisiera meterte más presión…

HOLLYWORTH: (dando un salto en la silla) ¡Claro! ¡Tú lo has dicho! ¡Tenemos que aumentar la presión! (Se levanta, da una palmada en el hombro del decano, y se dirige rápidamente a la puerta) Muchas gracias, Leopold. Sabía que te iba a interesar el experimento.

Esta vez abre la puerta sin llamar y sale sin cerrarla. El decano sacude la cabeza, pensativo, y llama por un interfono.

DECANO: Angela, ¿puedes pasar?

En seguida entra la secretaria y cierra la puerta.

ANGELA: ¿Qué ha pasado, jefe? Ha salido como una bala y ni siquiera me ha preguntado por mi hijita.

DECANO: Es un caso perdido. Ni me ha escuchado. Estoy seguro de que ni siquiera se acuerda ya de por qué le hemos llamado. No sé qué vamos a hacer.

ANGELA: Habrá que pensar algo. ¿Quieres que te traiga un café, a ver si se nos ocurre algún plan?

DECANO: Sí, muchas gracias, Angela.

La secretaria sale y al poco vuelve a entrar con una taza, que lleva al Decano. Se sitúa tras él y le da un pequeño masaje en el cuello.

DECANO: ¡Ah, eres un encanto! No sé qué haría sin ti…

ANGELA: (Hablándole al oído) Sin mí, no sé, pero conmigo se me ocurren muchas cosas… ¿Esta noche en mi casa?

DECANO: Eso… Y llévate los papeles para preparar la próxima Junta de Facultad.

Los dos rompen a reír.

 

FIN