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 EL HOTEL NATURE   
Mr. Mulliner*                                                                          ((VER anteriores) anteriores)

   (26.

 

CAPÍTULO I   (18.09.21)


Torquay, mediados de los ’50

 

Los ventiladores giraban a pleno rendimiento en la Comisaría de Policía de Torquay, en la costa inglesa de Devon. Era uno de esos días de verano en los que el sol calentaba con fuerza, como si quisiera emular otras latitudes más meridionales, y el piso superior de la Comisaría, recalentado desde primera hora de la mañana, era un auténtico horno, en opinión del Sargento Burton.

 - Estos ventiladores no sirven para nada –se lamentó a su superior, el inspector Fox, quien sudaba también sentado a su mesa, abanicándose de vez en cuando con el expediente que tenía en sus manos, correspondiente a un turista que había denunciado el precio excesivo de una botella de vino en un club de alterne.

- Tienes razón, Burton. Dan ganas de bajar al sótano, a consultar los archivos con cualquier excusa.

- ¡Buena idea, jefe! ¿No quiere que le busque el expediente de aquella anciana cuyo gato se subió dos veces a un árbol en el mismo día, y hubo que movilizar a los bomberos?

Fox sonrió:

- No parece vital para nuestro trabajo de hoy. El único consuelo es que en Londres hace 5 grados más de temperatura…

Pero las cosas estaban a punto de cambiar. Con todas las puertas interiores abiertas, para intentar que corriera algo de aire, se pudo oír el teléfono de recepción, en la planta baja, y la voz cansina del agente Candles, encargado de la centralita.

- Comisaría de Torquay, ¿en qué puedo ayudarle? ¿Cómo dice? ¿Puede repetirlo, por favor? … Un momento, no cuelgue, paso la llamada a un superior.

Sonó el teléfono de Burton, quien se apresuró a descolgar.

- ¿Qué pasa, Candles? ¿Algo interesante? ¿Qué? ¿Un muerto? ¡Vaya! ¡Pásamelo, rápido!

El inspector Fox dejó sobre la mesa el expediente del turista y miró anhelante a Burton, como un terrier que ha olfateado su presa y solo espera la orden del cazador para lanzarse a perseguirla.

- Al habla el sargento Burton. Dígame exactamente lo que ocurre, por favor –pidió Burton sobre el micrófono de su teléfono, mientras abría una libreta y se preparaba a tomar notas de la conversación-.

Entiendo. Caída desde un terraplén. Sí, puede ser un accidente. Ya, pero mejor no toquen nada. Vamos para allá inmediatamente. Sí, Hotel Nature, Torbay Road, pasando Livermead Sands. Eso es, que alguien permanezca junto al cuerpo y nadie toque nada. ¿Y su nombre es? Gracias, Mr. Pendleton, nos veremos en unos minutos.

Al colgar el teléfono, Burton hizo un gesto ambiguo, de ligero desánimo.

 - Parece que un tipo se ha caído por un acantilado y se ha roto el cuello. Seguramente un accidente. No creo que valga la pena que se moleste, jefe. Me puedo encargar yo solo.

- Claro, claro, Burton. Lo entiendo. En la costa, junto al mar... Pero será mejor investigarlo con cuidado. Pensándolo bien, voy a ir yo mismo, y quizá pueda acompañarme algún agente novato –afirmó Fox, mientras miraba con guasa a Burton, quien, con un gesto de pánico, replicó:

- No, no, inspector. Le acompañaré yo, faltaría más. Hay veces que el coche arranca mal, ya sabe. Déjeme que le lleve, por favor.

 - ¡En marcha, Burton, saquemos el culo de este caldero! – respondió Fox, divertido.

 

                                                                     - O -

 

- Ah, qué delicia! –exclamó el sargento, sintiendo el aire fresco que entraba por la ventanilla del coche, totalmente replegada-. ¡Qué bien se lo montan algunos, en un hotel junto al mar, lejos de la ciudad!

 - Bueno, Burton, en sus vacaciones es usted libre de ir a donde le plazca, incluso a sitios como Torremolinos, en España, que parece que se están poniendo de moda.

- No digo que no lo haga, jefe. Pero mi novia prefiere el Distrito de los Lagos, donde no para de llover en cualquier época del año. Y ya me voy cansando de subir y bajar montañas, y de caminatas interminables bajo la lluvia.

- Todo tiene su encanto. Mi mujer, sin embargo, solo está soñando con ir de viaje a algún sitio, sobre todo a Italia o Grecia. A mí eso tampoco me llama mucho la atención, la verdad, y además cuesta un dineral.

- Ahí está Livermead Sands –observó Burton, mientras conducía, atravesando la pequeña localidad-. El hotel Nature debe de estar un poco más adelante… ¡Ah, ahí está la entrada!

Efectivamente, a la izquierda de la carretera, en dirección a la costa, apareció una desviación, apenas indicada por un poste que sostenía un pequeño cartel con el nombre del hotel. Era un camino estrecho, entre altos setos a ambos lados, que bordeaban fincas repletas de

pinos, en las que las posibles edificaciones resultaban ocultas a la vista. Media milla más adelante, el camino se ensanchaba ligeramente, y, otra vez a la izquierda, subiendo un promontorio, una nueva indicación señalaba otra desviación que conducía a los terrenos del hotel. Todavía tuvieron que zigzaguearunos metros hasta que apareció el edificio, una hermosa casona de finales de siglo (del siglo XIX, claro está), con un camino de tierra y piedrecitas hasta la entrada, y una desviación lateral hacia la zona de aparcamiento de los coches. Había algunos parterres muy bien cuidados, con multitud de hortensias y rododendros, y a ambos lados del edificio abundaban los árboles y arbustos de tipos variados.

- ¡Pues sí que está bien resguardado el hotel! –comentó el inspector Fox en voz baja, cuando salían del coche. En la puerta de entrada al edificio les esperaba un hombre, de cuidado aspecto, y que parecía agitado.

- Será Mr. Pendleton, el director –aventuró Burton.

En efecto, sin esperar a que se acercaran más, el caballero se dirigió a ellos, con la mano extendida en señal de saludo.

- Son de la policía, ¿verdad? Mi nombre es Pendleton.

- Soy el sargento Burton. Hemos hablado por teléfono. Este es el inspector Fox.

- ¡Ah, señores, qué tragedia! Nuestro gerente, Mr. McKinney, al pie del acantilado… ¡Pobrecillo, qué desgracia! Seguro que resbaló desde lo alto del camino…

 -  Mr. Pendleton, tendremos que hablar para que me cuente todos los detalles –el inspector Fox se hizo con el control-. ¿Puede indicar al sargento Burton el camino hacia la localización del accidente?

mejor es que él vaya allí cuanto antes. Supongo que hay alguien junto al cuerpo.

 - Sí, sí, como me dijeron. Allí está Miss Sentry, nuestra doncella. El camino parte de la zona trasera del hotel. Síganme, por favor.

Al rodear el edificio, los agentes se detuvieron unos instantes, impresionados. Desde la pequeña meseta donde se encontraban, se podía divisar una buena zona de la costa, con el mar brillando bajo el sol, y algunos acantilados que se proyectaban hacia el agua, adivinándose pequeñas calas dispersas a lo largo del litoral. A un lado, entre los pinos, se veía el comienzo de una senda que parecía descender hacia el mar.

 - Ese es el camino, sargento –indicó el director-. Va todo seguido hasta la playa, pero un poco antes de llegar allí sale una desviación a la derecha que lleva hacia las rocas donde se encuentra el cuerpo de McKinney. ¡Ah, pobrecillo!

- Bien. Baje usted, Burton, y espéreme allí. Me acercaré después de hablar con Mr. Pendleton.

- A la orden, inspector.

 

(Continuará...)