El SuperDiez

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 EL HOTEL NATURE   
Mr. Mulliner*                                                                                       (VER anteriores)

CAPÍTULO XVI   (26.02.22)

 

Primero apareció Susie, quien dijo haber estado sirviendo los desayunos con Polly todo el tiempo, hasta las 10. No recordaba que ninguna de las dos se hubiese separado de la cocina o el comedor ni un solo momento. Mr. McKinney le parecía un hombre serio, con el que apenas había tenido relación, aparte de las quejas que solía proferir cuando tardaban en servirle, o el té no estaba suficientemente caliente, o cualquier otra minucia. Relató también el mal trago que pasó al ver un cuerpo caído al fondo del barranco, cuando estaba tendiendo la ropa en las cuerdas del patio trasero del hotel.

- Inspector, no está una preparada para estos sustos, se lo garantizo. No sé si buscarme otro trabajo más tranquilo, aunque sea fregando suelos en la estación de autobuses. Para lo que me pagan aquí... Y, además, ver a tíos viejos en pelotas todo el día... Para un chaval majete que da gusto ver, hay cada tipo... Pero, bueno, también está Polly, que es superguay, y Mrs. Agnelli, que me trata muy bien...

- Gracias, Susie –comentó el inspector-. Por favor, ¿puede decir a Miss Sentry que venga, si ya está disponible?

En efecto, en seguida se presentó la joven doncella en la habitación.

- Miss Sentry –empezó Burton, circunspecto-, su compañera nos ha dicho que estuvieron juntas en la cafetería todo el turno de la mañana de ayer. ¿No tuvo que salir ni un momento, ni siquiera a un recado rápido?

Polly amortiguó una sonrisa, y poniendo cara de inocencia, repuso:

- No, sargento Burton, no me moví de allí. ¿Para qué tendría que salir a un recado rápido?

Esta vez fue el inspector quien retuvo una sonrisa. Y preguntó:

- Miss Sentry, ¿recuerda usted quién estuvo en el restaurante entre las 9 y las 9:30? Parece usted una persona muy observadora, y su testimonio puede ser muy importante.

- Sí, déjeme pensar un momento, inspector –repuso Polly, mirando de soslayo a Burton con un gesto de satisfacción-. A esa hora no había mucha gente. Estaba la pareja atlética de Londres, que comieron como si estuvieran desfallecidos, con tanto ejercicio; también Mr. Jones y su amiguito, quiero decir, Mr. Smith, que salió un rato y volvió en seguida; y los alemanes, y el profesor de Cambridge, y creo que nadie más. Erica y Mr. Ramachandran ya se habían ido, y los americanos bajaron más tarde, casi cuando cerrábamos.

- Magnífico, Miss Sentry –aplaudió Fox-. Muchas gracias por su testimonio. Por favor, pídale a Mrs. Agnelli que venga por aquí cuando tenga un momento.

Polly abandonó la habitación, pavoneándose, ufana, mientras Burton meneaba la cabeza, levantando las cejas.

Cuando Mrs. Agnelli llegó a la habitación, el inspector Fox la saludó calurosamente:

- Mrs. Agnelli, muchas gracias por venir. Permítame felicitarla por la cena de anoche. Il risotto era eccellente, così come le scaloppine.

- Ispettore, lei parla l’italiano! –exclamó Mrs. Agnelli, alborozada.

- No, soltanto qualche parole. Perdóneme, debemos continuar en inglés. Tengo que preguntarle por Mr. McKinney. ¿Qué pensaba usted de él?

- ¡Bah! Era un cazzo... Mi scusi per la esspresione, prego. Era un signore molto antipático. ¿Puede creer, ispettore, que ni una sola vez, nemmeno una volta, en dieci anni que llevamos aquí, ha sido capaz de reconocer que le gustaba mi comida? –una vez lanzada a utilizar el italiano, Mrs. Agnelli apenas conseguía evitar que se le escaparan expresiones en su idioma-. Solamente por eso se merece acabar allí abajo. Pero, no, cosa dico, ispettore, non darmi retta. No digo que merezca estar muerto. Si uno no tiene paladar, no por eso hay que liquidarlo, ¿vero?

- Efectivamente, Mrs. Agnelli. Quien no sepa apreciar la buena comida, peor para él, pero nada más. Por último, ¿estuvo usted ayer en la cocina durante toda la hora del desayuno?

- Sí, ispettore, cuando está abierto el restaurante, non posso muovermi di là neanche un momento. Dígame, ¿le ha gustado el desayuno de esta mañana?

- Ciertamente, estaba todo delicioso. Y el café, parecía auténtico café italiano... Non è possibile trovare un caffee così in tutta l’Inghilterra...

Mrs. Agnelli se despidió, contentísima, añadiendo:

- Lei è un vero esperto. Verá qué comida le preparo hoy, ispettore. Cuando salió, Burton exclamó:

- Sus habilidades son inagotables, jefe. Habla usted italiano, francés (N. del A.: Véase la interesante obra “You win, you lose”, del mismo autor.) ...

- Bah, sólo cuatro palabras. No tiene importancia. Lo que cuenta es que el finado McKinney era visto con malos ojos por todo el personal del hotel, pero parece que se dan una buena coartada unos a otros.

- Sí, pero... ¿No sería posible que se pusieran de acuerdo en lo de la coartada, y uno de ellos se encargara de deshacerse del odiado gerente?

- Es posible, pero me parece poco probable. Tu jefe puede caerte mal, pero de ahí a tirarlo por un barranco hay un gran paso, aunque hay asesinatos con motivos más nimios; al menos eso dicen en las novelas de Mrs. Christie –concluyó-. Otra cosa que debemos hacer es dar un paseo por la parte de atrás del hotel, donde las hortensias, y el patio de tender la ropa. Quizá descubramos algo por allí. Y nos queda volver a hablar con Mr. Pendleton. Pero antes, echemos otro vistazo a los papeles de McKinney.

Los dos agentes de la ley se enfrascaron de nuevo en los documentos y fotografías que habían extraído del mueble del gerente. Burton continuó tomando notas en su agenda, y Fox clasificó una vez más las fotografías según su posible importancia y fechas. Así transcurrió buena parte de la mañana. Después de tan exhaustivo examen, Burton informó a su jefe:

- Da la impresión de que McKinney percibía por separado un porcentaje de las compras efectuadas por el hotel. Hay facturas del hotel, por ejemplo, de carbón para calefacción, por una cierta cuantía, y en su cuaderno privado, ingresos en la misma fecha por cerca de un 2 o 3 % del importe de la factura. Y luego, de vez en cuando, ingresos por cantidades modestas, señaladas con iniciales, entre las que figuran con cierta frecuencia HP. ¿Cómo se llama de nombre Mr. Pendleton?

- Buena pregunta. No lo sé. Debería figurar por algún sitio. Ya lo encontraremos. Por mi parte, he seleccionado algunas fotos muy explícitas. Comprueba si hay ingresos anotados para estas fechas: agosto, 1950; junio, 1951; julio, 1952, aunque de este mes hay dos, de hecho; junio, 1953, otras dos... Y ésta es muy interesante: mayo 1955; aparece nuestro amigo Jones, con un joven, que no es Smith, por cierto.

Fox siguió desgranando algunas fechas, y, para la mayoría de ellas, Burton encontró anotaciones en el cuaderno de McKinney, por cantidades entre 15 y 50 libras esterlinas. Y para la de mayo del 1955 encontró las iniciales PW, que encajarían con Patrick Waterhouse, el Ministro de Comercio.

- Está muy claro, jefe. El gerente era un chantajista. Lo curioso es que no he encontrado iniciales repetidas, excepto las de HP.

- Este hombre parecía tener una mentalidad peculiar. Quizá se conformaba con la cantidad cobrada inicialmente y prefería buscar otros objetivos para su negocio. Si la cantidad no es muy alta, y no se repite, el afectado puede estar dispuesto a pagar una vez y olvidarse del asunto. Además, el delito es de menor categoría en caso de ser descubierto, y conlleva una pena menor.

- ¡Ah, aquí lo tengo, jefe! ¡Harvey! Mr. Pendleton se llama Harvey. ¡HP! Ya lo tenemos. También chantajeaba al Director.

- Que tampoco tiene coartada.

En ese momento se oyó el gong del hotel, anunciando la hora del almuerzo.

- Magnífico –reconoció el inspector-. Justo el momento adecuado para dejar esto de momento, y saborear lo que nos haya preparado Mrs. Agnelli. Por la tarde hablaremos con Pendleton y le apretaremos para que confiese lo que se traía con McKinney. Yo creo que esta misma tarde podremos descubrir lo que realmente ocurrió, y quién estuvo involucrado.

 

(Continuará...)