El SuperDiez

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 YOU WIN, YOU LOSE   
Mr. Mulliner*                                                                          ((VER anteriores) anteriores)

CAPÍTULO XIX   (12.06.21)

 

Cuando Alice abrió la puerta de su apartamento no pudo evitar un sobresalto:

- ¡Inspector Fox! ¿Qué hace usted aquí?

- Buenos días, Miss Hills. Nos gustaría hacerle unas preguntas. ¿Podemos pasar? –pidió Fox, con una sonrisa.

Alice vaciló y luego se plantó delante de la puerta:

- La verdad es que no. Tengo una visita y no puedo atenderles.

El gesto de Fox se endureció:

- Miss Hills, creo que será mejor que hablemos. Mire esto –y Burton desplegó una copia del retrato robot de la falsa florista dibujado con las instrucciones de Miss Maple.

Alice titubeó al verlo, y cuando dudaba en mantener su postura, Wendy apareció por detrás:

- Déjalos pasar, Alice. Será mejor que confesemos todo.

Esta vez fueron los policías quienes mostraron su sorpresa al encontrarse con la antigua doncella del hotel.

- Está bien –admitió Alice-. Pasen. Estábamos tomando café. ¿Les apetece una taza?

Burton hizo un gesto de duda, pensando seguramente en los posibles antecedentes sospechosos de las dos jóvenes, pero Fox fue más confiado.

- Sí, por favor. Sin azúcar. Muchas gracias, Miss Hills.

Y cuando se hubieron acomodado, preguntó, dirigiéndose a Wendy:

- ¿Y cuál es su verdadero nombre, señorita? Porque lo de Miss Dolittle parece una broma, especialmente para una doncella…

(N. del A.: Seguramente es innecesario comentar que “dolittle” significa literalmente “haz poco”, además de ser un apellido recurrente en la literatura anglosajona.)

- Soy Wendy Swathorn. Aunque ese nombre quizá no signifique nada para ustedes.

- Déjeme que le ponga en antecedentes, inspector –intervino Alice-. Mi padre, Henry Hills, era un hombre problemático, por decirlo suavemente. Cuando yo era niña, estuvo asociado con Arthur Swathorn, el padre de Wendy, y tras unos años, lo engañó y le arrebató sin escrúpulos la empresa que la familia Swathorn había mantenido a flote por generaciones. Arthur no pudo soportar la tensión y se quitó la vida poco después. No mucho más tarde, Henry abandonó a mi madre y se lio con su secretaria, Madeleine Maddox. No sé cómo terminaría su relación con Miss Maddox, ni me interesa, pero hace tiempo que dejó de ser su secretaria. Lo que pasó con mi madre ya se lo conté en Torquay. Wendy y yo seguimos siendo amigas desde niñas. Y justo ahora, por separado, cada una tuvo la misma extraña idea: dar una lección a mi padre, provocándole algunas molestias embarazosas. Wendy se hizo pasar por doncella y puso laxante en el café que mi padre tomaba en su habitación. Y yo me disfracé de florista y le pinché ligeramente en la mano para provocarle una pequeña infección. Y eso es todo. Ninguna de las dos tuvo nada que ver con su muerte.

Los agentes escucharon en silencio esta revelación. Luego, el inspector Fox comentó:

- Eso concuerda bastante bien con nuestras averiguaciones. Por supuesto que ya conocíamos su papel como florista, Miss Hills, y sospechábamos que la doncella había actuado con oscuras intenciones.

- ¿Va usted a detenernos por eso, inspector? –preguntó Wendy.

- No, al menos no por el momento. Si están ustedes dispuestas a firmar una confesión con todo lo que me han referido, podrán seguir en libertad, pero con la obligación de mantenerse localizables en todo momento.

Las dos jóvenes aceptaron la oferta, íntimamente aliviadas.

- Hay una cosa más. ¿Alguna de ustedes conoce a este hombre? –preguntó, mientras Burton les mostraba el otro dibujo.

Ambas lo miraron y pusieron cara de extrañeza.

- No, inspector, no lo he visto en mi vida –reconoció Wendy.

- Ni idea. Por cierto, el dibujo de mi disfraz se me parece bastante, lo reconozco. ¿Cómo lo han hecho?

- Tenemos nuestros recursos. Pero mire bien este retrato, Miss Hills, por favor. ¿Está segura de no reconocerlo? Se trataría de un posible amigo o conocido de su padre. Posiblemente un científico americano.

- Lo siento, inspector. Ya sabe que me veía poco con mi padre. No sabía que tuviera amigos americanos –comentó Alice, evitando mirar fijamente de nuevo el retrato.

Burton redactó sendos informes con la confesión de cada joven, y ellas lo firmaron.

- Miss Swathorn, quizá necesitemos hablar con su madre. ¿Puede decirme su dirección? Y usted, Miss Hills, ¿sabe dónde podríamos localizar a Miss Maddox? ¿Cuál fue su última dirección conocida?

- Lo lamento, inspector. Quizá mi madre la hubiera sabido, pero yo no tengo ninguna información sobre esa mujer. Como se puede imaginar, no era un tema del que mi madre gustara hablar, y de todas formas, hace ya tiempo que había perdido la capacidad para mantener muchos recuerdos.

Poco después los agentes abandonaron el domicilio de Alice Hills. Al llegar a la calle, Burton preguntó:

- ¿Qué le ha parecido, inspector? ¡Dos chicas de cuidado! ¡Tan guapas y tan peligrosas!

- Sí, Burton. Ya ves que no se puede uno fiar de las apariencias. Además, estoy seguro de que Miss Hills oculta algo. Y no olvidemos que ella será la única heredera de su padre, por lo que sigue siendo una seria sospechosa.

- ¿No deberíamos llevarla a la comisaría?

- No creo que piense en huir. Parece bastante tranquila en su situación actual. Ha confesado sin problemas lo de su disfraz, y sabemos que su pinchazo a Hills no tenía mayor trascendencia. Nuestra prioridad sigue siendo localizar a Miss Maddox. Quizá ella también quiso vengarse de Hills, precisamente ahora. O al menos, tal vez ella pueda ayudarnos a localizar al americano.

- ¿Vamos a hablar con Mrs. Swathorn?

- En efecto.

 

CAPÍTULO XX   (12.06.21) 

 

El tráfico de Londres era bastante agobiante, como de costumbre, por lo que Burton, habituado a la placidez de Torquay, no dejó de quejarse de la manera de conducir de los londinenses. Finalmente arribaron a su destino, y en seguida fueron recibidos por Maureen Swathorn.

- Adelante, agentes. Les estaba esperando. Mi hija me ha llamado para avisarme de que vendrían.

Fox lamentó internamente esta circunstancia, pero disimuló su contrariedad.

- Por supuesto, Mrs. Swathorn. En realidad, solo queríamos hacerle un par de preguntas. Miss Hills nos ha contado a grandes rasgos la relación de Mr. Hills con su difunto esposo. Lamentamos mucho su pérdida, aunque hayan pasado muchos años. Supongo que su hija le habrá puesto al corriente del fallecimiento de Mr. Hills…

- Así es. Y la verdad es que no siento ningún dolor por su muerte. Aunque no deja de extrañarme que haya ocurrido de esa manera.

- No sé si sabrá también que su hija Wendy se ha portado de manera irresponsable.

- Sí, me lo ha contado. Pobrecilla, es aún muy joven. Y me ha oído echar pestes de Henry muchas veces. La entiendo, aunque no justifico su proceder. Igual que Alice. Es un encanto de chiquilla. Lo que Henry hizo a su madre es incalificable. La abandonó de mala manera, la dejó sin pensión, no quiso ni volver a hablar con ella… Pobre Candy, estaba realmente enamorada de ese hombre. Yo intenté hacerle ver en alguna ocasión que no era de fiar, pero no podía convencerla. Hasta que al final ella lo descubrió de mala manera.

- Mrs. Swathorn, por favor, mire con atención este dibujo –pidió el inspector, mientras Burton le enseñaba el retrato-. ¿Conoce a este hombre, o le recuerda a algún conocido?

La señora lo miró con aparente atención, pero al poco negó con la cabeza.

- No, inspector. No sé quién será.

Fox la observó en silencio unos instantes. Después añadió:

- Una cosa más y la dejaremos en paz, Mrs. Swathorn. ¿Tiene alguna idea de dónde podríamos localizar a Madeleine Maddox, la antigua secretaria de Mr. Hills?

Maureen se permitió una sonrisa.

- No la encontrará por ese nombre, inspector. Aguarde un instante.

Rebuscó en un pequeño montón de revistas, hasta que encontró la que deseaba. Era un número atrasado de una revista del corazón. La hojeó hasta llegar a una página con fotos de algún acontecimiento de alta sociedad.

- Aquí la tiene –dijo, señalando una foto en la que una elegante señora acompañaba a un añoso militar de alta graduación-. Ahora es Mrs. General Winterthorpe. Hacía mucho que no la veía, pero no ha cambiado tanto. Se conserva estupendamente. Ha pescado una buena ganga casándose con ese general.

La noticia alegró enormemente a los detectives.

- ¡Espléndido! Muchas gracias por la información, Mrs. Swathorn. Y también por su amabilidad. Ahora debemos marchar sin falta.

- Ha sido un placer, inspectores. Y les agradezco de verdad que tengan cierta comprensión hacia Wendy y Alice. De verdad que son dos jóvenes encantadoras.

De nuevo en la calle, Fox comentó:

- Juraría que miente respecto al dibujo del americano, igual que Miss Hills. Es una pena que Wendy le haya avisado de nuestra visita. Han podido ponerse de acuerdo en su versión del asunto.

- ¡Pero parece que por fin hemos localizado a la escurridiza Madeleine Maddox!

- En efecto. Ahora, a una oficina pública, a localizar su dirección, y rápidamente a hablar con ella.

- Pero, jefe, ¿vamos a presentarnos así, en la residencia del General Winterthorpe?

- Sin duda. Y cuanto antes, para evitar que le llegue algún soplo. No olvides que estamos investigando un asesinato. Igual nos mirarán como a paletos de provincias, pero seremos paletos con toda la fuerza de la autoridad.

- ¡Bien dicho, inspector! ¡Allá vamos!

- o -

No mucho tiempo después, los paletos inspectores llamaban a la puerta de una gran mansión en las afueras de Londres. Los recibió un estirado mayordomo.

- ¿Señores?

- Soy el inspector Fox. Deseamos hablar con Mrs. Winterthorpe.

- ¿De la policía? Pasen, señores. Veré si la señora puede recibirlos.

Fox estuvo a punto de contestar: “Ya verá como sí”, pero decidió no entrar a discutir con el mayordomo. Por la cara de Burton, seguramente él estaba pensando lo mismo. El valet se ausentó, y al poco reapareció en el vestíbulo.

- Pasen, por favor. La señora los recibirá en su gabinete –y, dándoles la espalda, los condujo a través de una gran sala que hacía de biblioteca y sala de reuniones, hasta una puerta al fondo, que abrió después de llamar y escuchar autorización.

Madeleine lucía espléndida, como en la fotografía. Seguía manteniendo una bella figura, y sus rasgos no habían perdido encanto con el paso de los años. Sonrió mientras extendía la mano para saludarlos.

- ¿A qué debo esta sorpresa, señores?

- Soy el inspector Fox, y éste es el sargento Burton, de la policía de Torquay. Estamos aquí con motivo del fallecimiento de Mr. Hills, que probablemente usted ya conoce.

Pero Madeleine registró una gran sorpresa:

- ¿Cómo dice? ¿Ha fallecido Henry? ¡Dios mío, no sabía nada! –Su aparente frialdad se descompuso, y se apoyó en el respaldo de un sillón-. ¡Pobre Henry! No era tan mayor. Pero siéntense, por favor, y pónganme al corriente.

- Mr. Hills falleció en extrañas circunstancias cuando disfrutaba de unas vacaciones en Torquay.

- ¡Dios mío! –repitió Madeleine-. En el Gran Hotel Atlantic, ¿quizá?

- Exacto. ¿Cómo lo sabe?

- Henry siempre iba allí. Y yo lo visité en varias ocasiones… Eran tiempos inolvidables –suspiró-. ¿Y qué quiere decir eso de en extrañas circunstancias?

- Estamos investigando todas las posibilidades, pero parece que fue envenenado.

- ¡Envenenado! No puedo creerlo. ¿Y quién ha hecho semejante barbaridad?

- Por eso queríamos hablar con usted. ¿Hace mucho que no lo veía?

- Sí, varios años. Nuestra relación se rompió un poco bruscamente, la verdad. Hace al menos 7 u 8 años. Y aunque después hemos coincidido en alguna celebración, simplemente nos hemos saludado y poco más.

- ¿Se le ocurre alguien que pudiera desear su muerte?

Madeleine pensó unos instantes, y respondió:

- Henry era un gran hombre de negocios. Frío y cuidadoso en todas sus empresas, y quizá pueda haber herido algunos sentimientos. Sobre todo en sus inicios, con lo de Arthur Swathorn, y alguno más. Pero de eso hace ya muchos años. No puedo pensar que alguien le guarde tanto rencor por tanto tiempo. Ni siquiera su viuda, Maureen. Y de lo que haya hecho Henry en los últimos tiempos, no tengo ni idea. Tendrán que hablar con su secretaria, supongo.

- Sí, ya lo hemos hecho, pero al parecer ha cambiado de secretaria con bastante frecuencia…

- Ya me imagino por qué –interrumpió Madeleine, con una media sonrisa-. Este Henry, siempre igual, hasta el final.

- …Y la más reciente solo lleva unos meses con él. Tendremos que seguir investigando. Solo una cosa más, Mrs. Winterthorpe. ¿Reconoce al hombre de esta imagen?

Madeleine miró con atención el dibujo, y asintió ligeramente con la cabeza.

- Es posible. Se parece a un amigo de juventud de Henry. No recuerdo su nombre. Fueron compañeros en la Universidad, creo, aunque luego él se fue a continuar sus estudios en otra parte, creo que en los Estados Unidos. ¿Cómo se llamaba? –se preguntó, cavilando-. No sé, hace mucho tiempo. Pero si me viene el nombre, se lo diré, inspector. ¿Por qué lo buscan?

- Como le decía, estamos indagando en varias líneas. No la molestamos más, Mrs. Winterthorpe. Y muchas gracias por recibirnos y por su ayuda.

- Me han dejado helada, detectives. ¡Pobre Henry! Siento mucho su final. Pensar que ya no lo volveré a ver…

- o -

Al volver al coche, los agentes estaban exultantes.

- ¡Qué día, Burton! Creo que la cosa está encarrilada. Ahora solo hay que localizar al amigo de Hills, que no era americano, pero que lo parecía.

- Sí, señor, un día fantástico. Habrá que celebrarlo con unas pintas, ¿verdad, jefe?

Fox sonrió abiertamente.

- Sí, habrá que celebrarlo, pero me temo que no será hoy. Salimos de vuelta a Torquay inmediatamente. Pero pararemos otra vez en el Green Lion, y te autorizaré a tomar media pinta mientras cenamos.

- ¡Vamos, jefe! ¡Media pinta! ¡Eso es una deshonra! Y además, conduzco mucho mejor después de un par de ellas.

- Ya veremos, Burton, ya veremos.

 

(CONTINUARÁ)