El SuperDiez
 La lista de éxitos del cine en España                                                                                           

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA BALLENA   (28.01.23)

Dir.: Darren Aronofsky. Pro.: Darren Aronofsky, Jeremy Dawson, Ari Handel. Gui.: Samuel D. Hunter. Int.: Brendan Fraser, Sadie Sink, Hong Chau.

 

Brendan Fraser no acudió a la última ceremonia de los Globos de Oro, a pesar de ser uno de los favoritos. Los periodistas extranjeros de Hollywood -la HFPA- premiaron a otro. A Fraser no le habrá importado; no puede olvidar que, en 2003, fue asaltado por el presidente de la Asociación, lo que le provocó una fuerte depresión y casi su abandono de la profesión, con 34 años y en la cima del éxito. Ahora la HFPA ha cambiado radicalmente, y Brendan Fraser consigue nuevamente un protagonista de excepción.

Es el de La ballena, lo nuevo de Darren Aronofski, un director de todo menos convencional. Recordemos, para comprobarlo, alguna de sus películas: Pi (1998), La fuente de la vida (2006), El luchador (2008), Cisne negro (2010) o Madre! (2017), con Javier Bardem y Jennifer Lawrence, que todavía no se han repuesto del todo. El gusto de Aronofski por lo límite, lo incómodo y por la provocación -también visual- se manifiesta igual ahora.

Brendan Fraser es Charlie, un profesor de lengua que solo da clases por Zoom a un grupo de alumnos. Los corrige y aconseja, se interesa por la corrección escrita y los controla a todos. Pero ellos no pueden verlo, porque su cámara siempre está apagada. Con motivo: Charlie padece de una tremenda obesidad, que lo ha desfigurado por completo hasta parecer un monstruo, un amasijo de carne apenas contenido por la ropa.

Casi no puede moverse ni para asearse y arreglar su casa, que acusa su falta de atención. Pasa casi todo el día solo, excepto por la visita diaria de Liz, su enfermera y amiga, y por la aparición de Thomas, un joven “misionero” -eso dice él- que quiere convertirlo. Ninguno de los dos tiene éxito: Charlie no está dispuesto a creer en nada, y tampoco quiere que lo lleven a un hospital, a pesar de que su salud cada día es más problemática. Sabe que cuando la vida te da la espalda y la naturaleza te trata a

patadas, no hay más que dos caminos: pegarle cuatro dentelladas y sobrevivir con orgullo o dejarse caer en el pozo hasta que llegue el final. Y él no tiene fuerza ni ganas para luchar por sí mismo. Solo hay una cosa que lo mantiene vivo, y es recuperar a su hija, a la que no ve prácticamente desde que se divorció de su mujer hace ocho años.

Y de repente, un día, Ellie reaparece. Aunque solo sea para reprocharle su conducta y golpearlo con la repugnancia que le provoca su apariencia. Charlie, ahora sí, pelea con el último aliento que le queda para salvar el abismo que lo separa de su hija. La comprende, le perdona sus desaires y, por encima de todo, la quiere.

Darren Aronofski ha trazado, una vez más, el retrato de una persona destruida, encerrada en un ambiente claustrofóbico, un magma que lo asfixia por fuera mientras se consume por dentro. Sin desdeñar su origen teatral -un texto de Samuel D. Hunter, guionista de la película- su cámara se desliza con elegancia por el aire enrarecido entre las cuatro paredes del casi único escenario, y avanza hasta encontrar el cuerpo inmenso de Charlie, su torpeza, su sonrisa triste, su mirada.

Que se posa en el reducido grupo de sus eventuales acompañantes -magnífico todo el corto reparto- y también en el espectador, conmovido por la fabulosa, apabullante interpretación de Brendan Fraser, que plasma su esfuerzo en todos los planos de la película y que regresa a la pantalla para sentarse de nuevo en el olimpo de los grandes actores. Estamos de enhorabuena.

    

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