El SuperDiez
 La lista de éxitos del cine en España                                                                                           

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA HIJA   (27.11.21)

Dir.: Manuel Martín Cuenca. Pro.: Fernando Bovaira, Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández, Urko Errazquin. Gui.: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández. Int.: Javier Gutiérrez, Patricia López Arnaiz, Irene Virgüez.

 

Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) debutó en el largometraje en 2002 con Cuatro puntos cardinales, un documental colectivo; pero se dio a conocer un año después con La flaqueza del bolchevique -la película que descubrió también a María Valverde-. Y luego llegaron títulos como Malas temporadas, La mitad de Óscar, Caníbal -para mí, su mejor película- y El autor, con uno de los más potentes personajes de Javier Gutiérrez.

Con él cuenta otra vez en este filme. Javier es profesor en un centro de reinserción de menores; vive con su mujer, Adela, en la sierra, en una casa aislada entre los riscos. El matrimonio no puede tener hijos y eso les produce -sobre todo a ella- una enorme frustración. Y cuando Javier descubre que Irene, una interna de quince años, se ha quedado embarazada, le propone escaparse y esconderse en su casa hasta que dé a luz. Luego entregará el bebé a la pareja y ellos le proporcionarán un futuro seguro y digno.

Naturalmente, la fuga de la chica provoca un alboroto en el centro, y hace intervenir a la policía. Pero nadie sospecha del bueno de Javier, que se muestra tan preocupado como el que más y tampoco parece poder acertar a explicar la desaparición. Así pasa el tiempo, y los tres conviven en la casa en relativa armonía. No es completa, porque Irene pretende explicar su situación a Osman, otro interno, del que está enamorada y que es el padre real de su hijo. Javier no puede consentir que se ponga en contacto con él, porque eso podría desvelar su paradero.

Y tampoco pueden permitir, ni él ni su mujer, que la chica albergue algunas dudas crecientes en cuanto al destino de la criatura. Así que Irene permanece escondida, Adela finge un embarazo feliz y, con más de un sobresalto -la situación es cualquier cosa menos fácil- llega al mundo una niña, la hija de las dos: Irene, su madre real, se la cede a Adela, su madre definitiva.

El cine de Martín Cuenca no es precisamente cómodo de ver. Sus películas son perturbadoras, a menudo morbosas, siempre inquietantes. La hija no escarba en el horror de Caníbal ni en la psicosis de El autor, pero ahonda en la zona oscura de la condición humana, la que nos acerca más a los impulsos más primitivos, animales, carentes de norma moral. El matrimonio alberga a la chica, pero no hay en ello rastro de solidaridad; solo egoísmo y una conducta más cercana al secuestro que a la acogida.

Y si también es cierto que en algunas ocasiones se atisbaba una cierta simpatía del autor por sus criaturas, en esta película, que plantea el espinoso tema de la maternidad -deseada, consentida, negada o delegada- Martín Cuenca pone a los personajes bajo el microscopio para analizarlos y diseccionarlos sin la menor pasión. Su mirada es fría, los aísla en medio de la montaña y en medio de la pantalla con exactitud, y los muestra a la consideración del espectador. Lo que enseña, y también lo que oculta, es terrible.

Como tremenda es la naturaleza, esos riscos que rodean a los protagonistas y la casa en la que viven. Rodada en las sierras de Cazorla y Segura, La hija no se entendería igual en un entorno urbano. Es precisamente la soledad de la montaña, su inaccesibilidad, su aspecto amenazante, lo que dota a la película de un aura especial y lo que contribuye a acercar a las personas a su lado más radical; donde, como decía, desaparece la ética para dejar paso a la pulsión del depredador.

Y tampoco sería lo mismo sin este trío de intérpretes formidables. Patricia López Arnaiz -ya consagrada con su Goya por Ane- es la mujer atormentada, herida en su deseo, casi enajenada; Javier Gutiérrez es calculador, taimado, decidido; el hombre lobo que se comería a la abuela si no fuera porque ya tiene en casa a Caperucita: la mima, la engaña, la alimenta para sus fines. Y ella es Irene Virgüez, la revelación del momento. Los tres dan lo mejor de ellos mismos, conducidos por la mano maestra de Manuel Martín Cuenca en esta película brillante, absorbente, impresionante.

 

 

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