El SuperDiez
 La lista de éxitos del cine en España                                                                                           

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL CASO VILLA CAPRICE   (15.01.22)

Dir.: Bernard Stora. Pro.: David Grumbach, Jean-Pierre Guérin. Gui.: Bernard Stora, Pascale Robert-Diard. Int.: Niels Arestrup, Patrick Bruel, Irène Jacob.

 

Bernard Stora es un muy veterano director y guionista francés -este año cumple 80-, con una extensa carrera en televisión. Para la pantalla grande ha realizado cuatro largos, el más conocido Una molestia considerable, hace ya 22 años. Para esta Villa Caprice -título original- ha contado con la colaboración de Pascale Robert-Diard -periodista especializado en temas judiciales- en el guion, y con Neils Arestrup y Patrick Bruel en los papeles protagonistas.

Sobre los dos gira el argumento: Arestrup -un conocido actor, con casi 90 películas en su haber- es Luc Germon, un experimentado e influyente abogado; Bruel -actor de larga carrera, pero también cantante, compositor y jugador de póker, de origen judío argelino y cuyo verdadero nombre es Maurice Benguigui, yo también me lo habría cambiado- interpreta a Gilles Fontaine, un poderoso hombre de negocios, bastante millonario y dueño de aviones, barcos, y mansiones espectaculares.

Precisamente su palacio de la costa, “Villa Caprice”, es ahora la causa de su preocupación. Un juez lo quiere procesar por la extraña operación de compra de la propiedad, que incluye un precio sospechosamente bajo y una importante evasión de capital, y Gilles acude al famoso abogado; famoso y caro, pero eso, naturalmente, no importa. Lo que vale es su experiencia, sus conocimientos y sus maniobras: sobre todo en un caso como este, en el que todo es turbio, desde la propia denuncia que ha puesto en marcha la situación.

Intuimos que no todos los negocios del magnate son del todo limpios; con pocas palabras y las imágenes justas, el guion retrata certeramente al personaje: un hombre soberbio y ambicioso, conocedor del poder de su dinero y absorbido por sus lucrativas actividades. También conocemos bien al abogado Germon, veterano de mil conflictos, astuto, más amargado de lo que quiere parecer, y solitario: sin amigos, apenas se relaciona más que con su anciano padre; su horizonte se estrecha cada vez más.

Junto a ellos, Nancy, la mujer de Gilles, que ha acabado por despreciarlo, consciente de su conducta; el implacable juez Madec, curiosamente obstinado en encerrar a Fontaine; Jérémie, el joven sirviente de la villa… Unos más que otros, todos forman parte de este universo cerrado, oscuro, en el que la moral y la ley valen menos que el dinero y los intereses ocultos.

El caso Villa Caprice tiene un tono cercano a los telefilmes que son la especialidad de Stora; pero al mismo tiempo se separa de ellos por esa cualidad sombría y desesperanzada, que va progresando a lo largo del argumento, sabiamente dosificada, y por la profundidad de los personajes, definitivamente alejados de los habituales ocupantes de los colorines de sobremesa de nuestras teles. Aquí hay más verdad que ilusión, más desgarro que conformismo y, como decía, unos personajes de carne y hueso, que todos podemos reconocer en ejemplos muy cercanos. Gilles Fontaine y Luc Germon son las dos caras de una misma moneda: triunfadores en lo suyo pero con muy pobre vida personal; adictos al éxito económico y social, pero carentes de empatía y casi, casi, de emociones. Su relación es problemática; funciona en el plano profesional, bordea la victoria cuando sus fuerzas trabajan unidas a todo gas, pero está condenada al fracaso en cuanto surja la menor divergencia.

En esa dualidad reside el mayor valor de la película, y es lo que la acerca más al tradicional “noir” -que tan bien sabe hacer el cine francés, de Melville para acá-, en el que la verdad se difumina entre las pasiones humanas. En este caso, por el dinero, el lujo, el poder: un duelo en palacio entre el empresario corrupto y el abogado que lo mira en la distancia… hasta que se acerca demasiado.   

 

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