El SuperDiez
 La lista de éxitos del cine en España                                                                                           

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CHAVALAS   (19.06.21)

Dir.: Carol Rodríguez Colás. Pro.: Miguel Torrente, Eva Murgui. Gui.: Marina Rodríguez Colás. Int.: Vicky Luengo, Carolina Yuste, Elisabet Casanovas, Ángela Cervantes.

 

Tras dirigir media docena de cortos y una teleserie, Carol Rodríguez Colás debuta en el largo con Chavalas, otra estimable pieza de lo que yo llamaría la “cuarta vía” del cine español: están las obras de categoría autoral -llámese Almodóvar, Amenábar y demás-,    las de género -thriller, terror, que suelen salir bastante bien-,    las específicas comedias -hay de todo, generalmente explotando la supuesta comercialidad de cómicos que pasan por actores-    y, por último, estas películas hechas por jóvenes directoras, muchas debutantes, con personajes y universos casi exclusivamente femeninos; abundan, son ya más que una moda.

Y yo me congratulo; ya es hora que el talento -femenino o no, talento, sin más- se abra paso en nuestro cine. Con estas propuestas sencillas, no muy taquilleras de momento, pero pensadas y realizadas con todo el corazón. Y casi siempre con toda la memoria. Chavalas no es una excepción: las hermanas Rodríguez Colás cuentan lo que han visto, lo que han vivido en su barrió de Cornellá, las cosas y los casos que conocen porque están muy cerca de los suyos propios.

Marta, Desi, Bea y Soraya han crecido en esas calles, allí se desarrolla su vida, que ya entra en la edad adulta, la del compromiso, el trabajo, las relaciones de futuro. Bueno, no todas están conformes: a Marta el barrio se le ha quedado chico, es artista, es fotógrafa y sus aspiraciones van mucho más allá, desde formar parte de las grandes agencias a triunfar mundialmente con su obra. Es ambiciosa y tiene demasiados escrúpulos. Quiere volar muy alto; y, claro, corre el riesgo de estrellarse.

La realidad cotidiana se desdobla en las dos líneas: Marta planeando sobre la gran ciudad, las grandes ilusiones; sus amigas inmersas en su día a día, sus quehaceres mínimos, pero fundamentales. El choque es espectacular, sobre todo cuando Marta aterriza abruptamente, una especie de alunizaje en el que la marciana es ella, convertida casi en una desconocida. Y tendrá que abrirse paso de nuevo en una realidad que no le gusta, que no entiende y que no puede asumir.

Muy bien descritos estos personajes, con Cristina Plazas –una estupenda actriz-, completando ese universo femenino en su papel de madre,    y plasmados además con estupendo pulso por Rodríguez Colás. Lástima que, llevadas todas por el afán de naturalismo y sinceridad de la propuesta, haya algunos momentos de arrebato vocal -que no se les entiende nada, vaya- que hace echar de menos una versión subtitulada. Será peccata minuta, seguramente; menos que la inclusión de José Mota, añadido supuestamente comercial que no se asume fácilmente.

En todos los demás momentos, el reparto brilla. Vicky Luengo lidia con la parte más difícil, claro, en un personaje que va de antipático a entrañable -marcando el tono de la película entera- y demuestra la solvencia que ya posee; Carolina Yuste tampoco tiene ya nada que demostrar -multirreconocidas y premiadas ambas-, y las más jóvenes Elisabet Casanovas y Ángela Cervantes están más que a la altura, sin desfallecer ni un momento.

Esta es la baza fundamental de esta película, de este tipo de obras cercanas, sinceras, frescas; certeras también en su retrato de gentes y escenarios que asumimos como nuestros sin dificultad. Carol Rodríguez Colás merece -como muchas otras de sus compañeras- que se le abra un amplio crédito para sus siguientes trabajos. La segunda película es, casi siempre, más difícil que la primera; así es que le deseamos mucha suerte, a ella y a nuestro cine.

 

CON QUIÉN VIAJAS   (19.06.21)

Dir.: Hugo Martín Cuervo. Pro.: Adolfo Blanco, Eduardo Campoy, Raúl Berdones, Pablo Jimeno. Gui.: Martín Cuervo. Int.: Salva Reina, Ana Polvorosa, Andrea Duro, Pol Monen.

 

Opera prima de Hugo Martín Cuervo; esta vez no se trata de una joven realizadora salida de la escuela de cine, sino de un reconocido director de cortometrajes, que viene de familia de cineastas, además, y que acaba de pasarse al largo con esta “road-movie” o “thrilledia”: comedia con suspense, como la llama él.

Que trata de cuatro personas en un coche. Han quedado, por medio de la conocida aplicación para compartir viaje: de Madrid a Cieza, Murcia, para ser exactos. Los conocemos en el centro de la capital, a punto de embarcar: Ana, Miguel y Elisa, los tres jóvenes pasajeros, y Julián, el dueño y conductor del coche. Ana –Ana Polvorosa, conocida desde Aida-­ es una chica simpática y locuaz; Elisa –Andrea Duro, Física o química- es más callada y reservada, y Miguel –Paul Monen, Tu hijo, Amar- parece absorto y ajeno a todo.

Julián es punto y aparte. Es el organizador y jefe de la expedición, un personaje capital creado por Salva Reina. El malagueño, fundamental en el actual cine andaluz y en las pantallas de toda España, es un actor multimétodo, capaz de tanta intensidad que si estás a su lado se te carga el móvil sin bluethoot ni nada. Aquí es un tipo extraño, de figura chocante, casi siniestra –a medio camino entre Nino Bravo y el Norman Bates de Psicosis-, lleno de rictus y frases hechas, enamorado de Los Brincos y, según van descubriendo sus acompañantes, seguramente capaz de cualquier cosa.

En realidad, no se sabe si es el conductor ideal para un viaje como este, pero ya nadie se puede volver atrás. Ni siquiera cuando vemos las herramientas que porta y comprobamos alguna de sus mentiras más flagrantes; claro que sus acompañantes también escondían algún resquicio sorprendente que el relato nos ha revelado. Y el coche sigue andando, a veces en solitario, o se detiene para repostar, mientras la atmósfera interior se va enrareciendo a golpes de miradas, insinuaciones, mensajes de texto e inquietud creciente.

Así que hay dos auténticas realidades en un espacio tan reducido: por un lado, Antonio, aparentemente seguro, experimentado, encantado de haberse conocido. Y por otra parte, los tres chicos, desconocidos al principio del viaje, forzados a relacionarse mucho más de lo que pensaban. A lo mejor estos trayectos son todos parecidos; Martín Cuervo opina que aun los hay más raros y extravagantes; y puede que sea verdad.

Tienen mérito, en cualquier caso, los creadores de esta aventura: los intérpretes, el director y su cuerpo técnico. Rodada en diez días, a toda pastilla, con infinidad de tomas –la mayoría primeros planos, claro- y con una tecnología –Unreal Engine 4- que permite la sensación de movimiento, luces y paisaje dentro y alrededor del supuesto vehículo en marcha. El esfuerzo mayor reside en huir de la monotonía de un escenario y unos componentes tan limitados, y ahí es donde el guion acude con frescura carente de pretensiones y buen pulso para diálogos y réplicas eficaces.

Realmente, esta es la base de la comedia, con añadido de thriller o no, como quiere Martín Cuervo. No vamos a contar lo que pasa, ni siquiera si al final el coche llega a Cieza –que parece estar en el fin el mundo- o se queda en el camino, ni si Julián se llama Antonio ni quién es quién en cada momento. Está bien el suspense, y ahí está el incandescente Salva Reina para ilustrarlo y mostrarnos el lado equívoco de la vida. O no.

 

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