El SuperDiez

 La lista de éxitos del cine en España

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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BABYLON   (21.01.23)

Dir.: Damien Chazelle. Pro.: Olivia Hamilton, Marc Platt, Matthew Plouffe. Gui.: Damien Chazelle. Int.: Brad Pitt, Margot Robbie, Diego Calva.

 

Damien Chazelle (Providence, 1985) es uno de los directores más potentes de las últimas generaciones del cine americano. Su currículum aun es corto, pero lleno de éxitos: Guy and Madeline on a park bench (2009), que todavía no tuvo mucha repercusión; Whiplash (2014), con la que ganó 3 Oscar; la fantástica La la land (2016), 6 Oscar -todos los importantes menos el de mejor película, que los académicos le dieron a otra; First man (2018), el retrato de Neil Armstrong, y esta Babylon que acaba de llegar a la cartelera.

Babylon es un fresco descomunal que parte del Hollywood de los años 20 del pasado siglo. Como en La la land, comienza con un extraordinario plano secuencia, que nos sitúa en una fiesta en casa de un magnate de la industria. Y cuando digo fiesta, me refiero a la madre de todas las fiestas, con ríos de licor, drogas de todas las clases, música incesante y un enorme revoltijo promiscuo y apocalíptico, en el que se mezclan todos los estamentos sociales y artísticos, vestidos de esmoquin o en todos los grados de desnudez. 

En medio del desenfreno total, Manny Torres trata de controlar y de resolver cuantos caprichos le plantean los efervescentes invitados. Y cuando sale un momento al exterior, presencia -diría que asombrado, pero ya nada lo asombra- la llegada del ciclón Nelly. Nelly LaRoy, una aspirante a actriz que irrumpe en la fiesta y en la vida de Manny arrasándolo todo en su torbellino. Y por allí anda también Jack Conrad, el galán insustituible, la estrella de la pantalla. Saliendo de su tercer o cuarto divorcio y tratando de ahogarlo -el divorcio y su vida- en champán del caro.

Sobre el triángulo irregular que forman, gravita el grueso de la película. Y el otro protagonista es Hollywood, es el cine. Su historia, su evolución con todos los vaivenes; sus personajes principales y secundarios, héroes y traidores; sus escenarios reales, sus decorados falsos y multicolores, sus músicas, sus glorias y sus fracasos. Son tres horas de relato frenético para retratar ese Hollywood que brillaba forzosamente y escondía sus zonas oscuras, que albergaba grandes estrellas y grandes negocios.

Y de pronto llegó el sonoro. Una revolución: nuevas técnicas, nuevos retos y un relevo dramático: muchos actores y actrices no sabían interpretar, o sus voces eran un desastre… Todo cambia para que, en el fondo, todo siga igual. Hollywood es un camaleón y la industria se reinventa después de la hecatombe.

Chazelle retrata con agudeza y sin contemplaciones a toda la fauna local: unos sobreviven, otros nacen a la fama y la riqueza, otros languidecen y desaparecen, por mano propia o ajena. Por aquí están todos: el gran actor, la actriz del momento, el productor omnipotente, el conseguidor, la periodista despiadada, el gánster.. Hombres y mujeres movidos por la ambición, la codicia, el dinero y una vida inalcanzable para muchos.

Un panorama desolador, revestido de una puesta en escena abrumadora y una intensidad que no decae en casi todo el metraje; quizá haya algún momento de pausa, nada raro en un filme de tales proporciones. Si sabemos que comienza con un vuelo orgiástico sobre más de trescientas personas que se drogan, bailan y mantienen sexo, es comprensible que no todo el metraje tenga la misma potencia. Que inunda también el final de la película, con un descenso a los infiernos, que nos muestra lo más oscuro de aquel Hollywood, y un viaje alucinado de Manny, que, como el astronauta Bowman de 2001: una odisea del espacio, ve pasar ante sus ojos todo el tiempo y el espacio, todas las películas de la historia. Porque Babylon es una crónica febril y apasionada pero también un canto de amor al cine.    

 

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