El SuperDiez

 La lista de éxitos del cine en España

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SPENCER   (20.11.21)

Dir.: Pablo Larraín. Pro.: Pablo Larraín, Juan de Dios Larraín, Maren Ade, Janine Jackowski, Jonas Dornbach, Paul Webster. Gui.: Steven Knight. Int.: Kristen Stewart, Timothy Spall, Sally Hawkins.

 

Pablo Larraín es, seguramente, el más importante de los directores chilenos de la actualidad. Su obra es variada y siempre interesante; habla de su propio país -No (2012), El Club (2015)-, se inspira en la música -Fuga (2006), Ema (2019)-, o bucea en el alma de personajes públicos -Neruda, Jackie (2016)-. A esta última línea pertenece su aproximación a Diana de Gales en la presente película.

Transcurre durante las vacaciones navideñas, las últimas que la princesa va a pasar con la familia real británica. Son tres días de infierno: nochebuena, Navidad y San Esteban; el desencuentro es total: Diana llega tarde, incumple todas las normas y tradiciones del momento, no establece la menor comunicación con su marido ni con sus reales suegros; no confía más que en su doncella, y solo la presencia de sus hijos la alivia un poco en su desesperación.

De hecho, el encaje es imposible. Desde el comienzo de la cinta, Larraín se empeña en demostrar la distancia que existe entre la férrea costumbre familiar y la libérrima voluntad de la princesa. Al palacio llega el ejército -una columna- portando los equipajes y las viandas que se van a consumir. Tan rígidos y uniformados como ellos, la tropa de cocineros y camareros acude al relevo. Todo cronometrado y medido al centímetro. Mientras, Diana de Gales va en su coche, sola y completamente perdida por las carreteras próximas, sin saber cómo llegar a la reunión.

Por fin, lo consigue. Tarde. Incluso Su Majestad la reina ha llegado ya. Es casi la hora de los sándwiches, y toda la familia la espera. En vano, esta es la tónica general de cada jornada. Diana se retrasa siempre, se entretiene con sus hijos, duda con sus vestidos -uno fijado para cada ocasión y ninguno le viene bien-, se ausenta y vaga por los jardines y bosques cercanos, discute con el mayordomo real… Un caos.

La mente de Diana tampoco parece muy firme. Larraín nos muestra una todavía princesa de Gales confusa, alterada, con rasgos de bulimia y autoagresiones, además de caprichosa y descarada. La realidad la desquicia y no encuentra consuelo más que en la evasión, inspirada en la figura de Ana Bolena -que también perdió la cabeza, en este caso menos metafóricamente-, una reina mártir que representa su futuro. Si creyera en él, que parece que no.

La película no es un repaso biográfico al uso; tampoco lo eran Neruda ni Jackie; el cine de Larraín no es así, y el espectador desprevenido puede desorientarse ante la ausencia de glamour o de cualquier clase de indagación acerca de la familia real; de hecho, sus componentes son figuras de cera en este museo de los horrores: cuatro frases del príncipe Carlos y un par de apariciones silentes de la reina Isabel. Todo en la pantalla es Diana y sus demenciadas idas y venidas. Eso sí, con un brillantísimo -e inquietante- tono general y alguna secuencia absolutamente antológica.

Es gracias al sentido fílmico de Larraín y a la majestuosa -nunca mejor dicho- interpretación de Kirsten Stewart, una actriz en su mejor momento, totalmente entregada a su director y al personaje, que recrea como ninguna otra colega ha conseguido hasta ahora. No “hace” de Diana: “es” Diana de Gales en cuerpo y alma. Su interpretación es puro cine, pura coreografía. Y para esto, en absoluta simbiosis con una sensacional banda sonora: la música de Jonny Greenwood.

Compositor de cabecera de Paul Thomas Anderson -Pozos de ambición, The master, El hilo invisible- y reciente autor de la música de El poder del perro de Jane Campion, Greenwood ha creado una banda sonora omnipresente, potentísima, acertada en cada compás, que se convierte en la otra protagonista de la película. Ya señalaba el interés de Larraín por la música; está muy presente en toda su obra, y en Spencer particularmente. Hasta el punto de transformarla, casi, en una película musical. No lo es, pero todas estas bazas la convierten en una obra muy interesante, intensa y personal. Sobresaliente.  

  

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