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EL JUICIO DE MEFISTÓFELES     Por José Antonio de Vega

LA SALA DE CRISTAL   (18.09.21)
Dirigida por Christian Lerch. Interpretada por Xari Wimbauer, Lisa Wagner, Luis Vorbach, Philipp Hochmair, Hannah Hagg y Hans Löw. Guión de Christian Lerch y Josef Einwanger. Música de Martin Probst. Fotografía de Tim Peter Kuhn.

Después de un paréntesis provocado por el período vacacional (todo lo bueno se acaba), este tribunal vuelve a ser convocado por El SuperDiez, para juzgar las novedades semanales encausadas en la nueva temporada cinematográfica.

Para comenzar esta nueva etapa, abrimos sesión con cine europeo. Juzgamos a la última ganadora del premio del público en el pasado festival de Cine Alemán de Madrid, La Sala de Cristal, dirigida por el también guionista y actor germano, Christian Lerch.

La película nos sitúa en la etapa final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Tercer Reich está acariciando su colofón. Anna (Lisa Wagner) y su hijo de 11 años Felix (Xari Wimbauer), sufren el terror y la angustia de los incesantes bombardeos aliados sobre Múnich. Sola con su hijo y con un marido sirviendo en el Frente Oriental, del que no tiene noticias de si sigue vivo, decide trasladarse al campo y huir de ese horror, buscando seguridad en la Alemania rural.

Anna regresa con Felix al pueblo donde se crio, pero el recibimiento será desigual. Por un lado encontrará la hospitalidad de viejos conocidos, pero también se topará con otros vecinos reticentes hacia el forastero y totalmente imbuidos por el régimen nazi. Esto se hará patente especialmente en Felix, un muchacho valiente e inteligente, que inicialmente se convierte en la diana de todas las frustraciones de Karri (Luis Vorbach), miembro de las juventudes hitlerianas, e hijo del cacique del partido en el pueblo, tan fanático y cruel como su padre. Aunque el tesón y arrojo de Felix, irá cambiando poco a poco su actitud y forjando una amistad.

Un niño refugiado de guerra llegado desde Transilvania y Martha (Hanna Hagg), una niña cuyo padre ha sido ejecutado por desertor, completarán su círculo de amigos y correrías propias de unos chavales de su edad, que disfrutan de la libertad del campo, intentando sobrellevar el oscuro panorama que se avecina. El desván decorado con cristales de colores colgando de cuerdas y que Felix utiliza como habitación, será la puerta a la evasión que utilizarán los muchachos para huir de la cruda realidad.

Mientras Anna finge ser una fiel partidaria del régimen para ser aceptados y no tener problemas en su nueva comunidad, su hijo cada vez se siente más encandilado por las ideas propagadas por el Reich. Disfruta con el adiestramiento, desprecia a los desertores y ve a Hitler como una figura paternal que se preocupa por todos. Dentro de su inocencia, decide escribir una carta junto a Martha, pidiendo el fin de la guerra para que su papá pueda regresar, y enviársela al Führer.

Esto junto con un suceso en el que se verá envuelto su padre y la proximidad de las tropas aliadas, precipitaran los acontecimientos y hará que Felix y sus amigos tengan que replantearse muchas cosas.

El director cuenta que, cuando le ofrecieron la película, lo que le hizo decidirse es la perspectiva infantil de la historia. Poder narrar de otro modo el amor entre el hijo y sus padres, contrapuesto a la fascinación por el mundo nazi.

La Sala de Cristal está basada en el libro de recuerdos personales del escritor Josef Einwanger, que también participa como co-guionista junto al propio Lerch. Retrata la situación de estos personajes que, pese a que pueda parecer que su traslado al campo va a suponer un soplo de aire fresco, se encuentran con una sociedad rural nazi, que no resulta nada fácil.

La película está recorrida por un conglomerado de figuras paternas que se entrecruzan y confunden al muchacho. Hitler como lejano y bondadoso referente, el jefe local del partido, y por último su propio padre, que pasa en poco tiempo de ser un héroe a un traidor. La confusión del muchacho es una metáfora que quiere explicar la confusión de los propios alemanes al final de la guerra, cuando se palpaba la derrota militar, por más que las autoridades castigaran deserciones o actitudes derrotistas.

Veredicto: Este jurado estima que la labor en la dirección del especialista en series Christian Lerch es correcta. Sin ser un virtuoso detrás de las cámaras, acomete de forma certera la recreación del mundo rural en tiempos de guerra, apoyándose en la fotografía de Tim Peter Kuhn, que  utiliza drones como recurso para las tomas del paisaje bávaro. El director intenta no caer en los clichés habituales cuando se plantea un tema tan delicado como este. Para ello procura plasmar una mirada infantil, abordando con esa inocencia propia de la edad, conflictos tan espinosos como la deserción, el fanatismo ideológico, la cobardía, el suicidio o la pertenencia de grupo, pero siempre con el freno de mano echado para no mostrar un relato edulcorado.

Igualmente podríamos calificar de correcta la aportación musical de Martin Probst, así como el trabajo interpretativo de los jóvenes actores, donde queremos resaltar a Xari Wimbaueren en el papel de Felix, vistiendo perfectamente la piel de un personaje despierto y decidido, que vive un conflicto interno entre su relación paterno-filial y la fascinación por el cautivador mundo nazi. Entre los actores adultos, deseamos destacar a la televisiva Lisa Wagner en el papel de una madre que debe guardar las apariencias ante la sociedad nazi, pero que en realidad lo único que le importa es el bienestar de su marido e hijo.

Este tribunal considera que La Sala de Cristal no pasará a la historia del Séptimo Arte, pero también cree que al espectador le va a resultar entretenida y aleccionadora, por lo que invitamos a todos los asistentes de este juicio a ir a las salas de cine y disfrutar de esta película.

 

CRAY MACHO   (02.10.21)
Dirigida por Clint Eastwood. Protagonizada por Clint Eastwood, Eduardo Minett, Natalia Traven, Dwight Yoakam y Fernanda Urrejola. Guión de Nick Schenk y N. Richard Nash. Música de Mark Mancina. Fotografía de Ben Davis.

Este tribunal se reúne para juzgar el último trabajo de uno de los cineastas más grandes de las últimas décadas y una leyenda viva del séptimo arte, Clint Eastwood, nacido hace nada menos que 91 años en San Francisco.

En esta ocasión se pone detrás de las cámaras para dirigir, producir y protagonizar la adaptación de la novela Cry Macho de N. Richard Nash.

La historia ambientada en 1980, nos muestra a Mike Milo (Clint Eastwood) como una ex estrella de los rodeos, que tras tener un terrible accidente en uno de ellos, quedó lesionado de la espalda. Sumido en una fuerte adicción al alcohol y fármacos, perdió posteriormente a su familia en un accidente de tráfico. Desde entonces ha trabajado en la doma y cuidado de caballos, para su jefe, Howard Polk (Dwight Yoakam). Tras un incidente a causa de su poca puntualidad, es despedido de forma inmisericorde del rancho donde lleva trabajando toda la vida.

Pasado un tiempo, recibe la inesperada visita de su antiguo patrón. Howard apelando a la deuda moral que tiene Mike con él, por ayudarlo durante todos esos años difíciles, le pide que cruce la frontera y vaya a México, para buscar a su hijo de 12 años y lo lleve a los Estados Unidos, para que pueda tener una vida cómoda junto a su padre en el rancho.

El chico en cuestión es Rafo (Eduardo Minett), un muchacho que no se entiende en absoluto con su madre, pasando mucho tiempo solo en las calles, apostando por su fiel y único amigo, Macho, un gallo de pelea a quien salvó la vida. Cuando Mike da con él, se encuentra a una madre depravada, que vive en una opulencia económica (suponemos que del dinero que le dan sus negocios delictivos) y rodeada de sicarios. Ella se negará a permitir la marcha del muchacho, y cuando Mike y Rafael emprenden la huida hacia la frontera, mandará a sus lacayos a tratar de impedirlo. Por el camino encontrarán unos personajes que harán a ambos, replantearse lo que de verdad es importante en la vida, mientras se estrechará entre ellos una fuerte relación paternofilial.

Clint Eastwood cuenta con Nick Schenk para adaptar esta novela de 1975, que ya estuvo a punto de llevarse a las pantallas en otras ocasiones, como cuando en el 2011 Arnold Schwarzenegger anduvo cerca de protagonizar otro proyecto. Precisamente este guionista ya había trabajado con Eastwood en Gran Torino y Mula, cerrando con Cry Macho lo que podríamos denominar la trilogía de la eterna despedida, con numerosos puntos en común entre sí, como el héroe crepuscular en su último acto de redención.

En esta ocasión Eastwood, que sigue una línea muy similar a sus últimos trabajos en los que aparece como actor, quiere mostrar que la imagen de macho está sobrevalorada, distanciándose un poco de esa imagen que ha representado durante toda su carrera, y resaltando valores como cumplir una promesa, el honor o la lealtad.

Veredicto: Este jurado había escuchado críticas muy desfavorables de la película. Acudió al cine esperando encontrar argumentos a los que agarrarse para opinar lo contrario, dada su simpatía por el cineasta de San Francisco, pero lamentablemente tuvo que admitir la realidad. Quizás hubo algún atisbo de calidad con ciertos planos, algunos diálogos o ramalazos de una genialidad presente en otros de sus trabajos, pero la línea general de este su último título es bastante plomiza.

Aunque algunos han querido ver un western crepuscular en el último trabajo del nonagenario cineasta, se trata claramente de una película de carretera o road movie que dirían los modernos, con un recorrido que da vergüenza ajena por los arquetipos y tópicos mexicanos más extendidos en los Estados Unidos.

Con una ambientación en 1980 que no aporta absolutamente nada, asistimos a una historia irregular y previsible, con secuencias poco creíbles. Pese a que tiene un carisma que por momentos sostiene la película, en esa falta de credibilidad contribuye el propio Eastwood, interpretando con 90 años el papel de alguien más joven. Vemos a un hombre que a duras penas puede andar, peleando con un matón, domando un caballo salvaje o seduciendo a hermosas mujeres, en momentos que rozan la gerontofilia. La verdad es que el protagonista está para pocos bailes.

En el plano interpretativo, podríamos decir que detrás del propio Eastwood, el gallo es el mejor actor. Se nota que el casting no ha sido el punto fuerte de esta producción. Eduardo Minett pone  voluntad y lo intenta en su papel de compañero de andanzas, pero el resultado es bastante penoso. Lo mismo podríamos decir en líneas generales para el resto del reparto, donde la sobreactuación es digna de una telenovela.

Tenemos que decir que el doblaje se hace en ocasiones duro para el espectador de habla hispana, ya que el chico se pasa media película traduciendo del inglés al español y da la sensación de escuchar dos veces el mismo diálogo, aunque esto son circunstancias del idioma ajenas al creador de la película.

Por último queremos destacar la fotografía y música como aspectos positivos de una película que si no hubiera contado con la participación de Eastwood, difícilmente hubiera cruzado el charco o estaría en ese selecto grupo de "ideales para la siesta". Este tribunal espera y desea que no sea su último trabajo ni como director, ni como actor. Pero también cree que si se vuelve a poner delante de las cámaras, sea para interpretar un personaje acorde con su edad y deterioro físico, ya que para el trabajo como director tiene sobrada lucidez.

 

EL BUEN PATRÓN   (23.10.21)
Dirigida por Fernando León de Aranoa. Interpretada por Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Celso Bugallo, Fernando Albizu. Guión de Fernando León de Aranoa. Música de Zeltia Montes. Fotografía de Pau Esteve Birba.

Abrimos sesión para juzgar la nueva creación del director madrileño, que, 19 años después de su aclamada Los lunes al sol, vuelve a sumergirse de la mano de su actor fetiche, Javier Bardem, en la realidad laboral de nuestro país. Si bien en aquella ocasión lo hacía con un drama y desde el punto de vista de unos trabajadores que perdían su empleo, con El buen patrón retoma el tema laboral en una ácida comedia, esta vez desde los ojos de un mediano empresario de segunda generación, en una ciudad de provincias.

Julio Blanco (Javier Bardem), es el emblemático propietario de la fábrica Básculas Blanco, heredada de su padre y que dirige con éxito de una forma paternalista. Como el producto que fabrican, a Blanco le gusta que su vida personal y profesional guarde el equilibrio perfecto. Para ello, no duda en intervenir en la vida de sus empleados y cuantos le rodean, si con ello se asegura que ese equilibrio esté perfectamente nivelado.

Tras un emotivo discurso a sus trabajadores, que a falta de hijos, les presenta como su familia, pone como objetivo conseguir uno de los premios que aún no se encuentra en sus vitrinas, el Premio Provincial a la Excelencia Empresarial. Para ello, recibirán inminentemente en sus instalaciones la visita de una comisión que evaluará su empresa. Todo tiene que salir perfecto y Blanco se ocupará en primera persona de que así ocurra.

Pero la situación se empieza a complicar con una serie de sucesos durante esa semana decisiva, que amenazan el perfecto funcionamiento de la empresa. Le tocará lidiar con la crisis matrimonial de su mano derecha en la empresa y amigo desde la infancia, Miralles (Manolo Solo), con los problemas con la justicia del hijo de su fiel lacayo Fortuna (Celso Bugallo), y con Liliana (Almudena Amor), una inocente y atractiva becaria que no será tan ingenua como en principio podía aparentar. Pero de todos los quebraderos de cabeza que esa fatídica semana le traen por la calle de la amargura, el peor lo representa Jose (Óscar de la Fuente) un contable despedido, que con la pérdida de su trabajo también ha perdido su futuro y acampa megáfono en mano delante de la fábrica.

Poco a poco, esa aparente actitud paternal y conciliadora del Señor Blanco irá dejado paso a su verdadero carácter de cínico manipulador, capaz de trucar la balanza para que la medida sea exacta, justo en ese momento donde no hay más que problemas y el balance perfecto de su vida, está  totalmente descompensado.

El buen patrón ha sido elegida por la Academia de Cine para representar a España en la próxima edición de los premios de Hollywood, en la categoría del Oscar a la mejor película internacional.

Veredicto: Este tribunal quiere poner en alza el magnífico trabajo tanto en la dirección como en el guion que firma Fernando León de Aranoa, después de algún que otro traspiés en su carrera. Con un humor pausado que se aleja del chiste fácil, construye esta comedia ácida, que sin ninguna intención de ser políticamente correcta parodia de forma sarcástica la figura de un empresario paternalista capaz de cruzar todas las líneas rojas imaginables en favor de sus propios intereses, y, con escenas cargadas de una tremenda insolidaridad e individualismo entre los propios compañeros, ironiza mordazmente sobre la pérdida de derechos y conciencia entre la clase trabajadora.

Un muy trabajado guion que no deja títere con cabeza entremezcla varias historias paralelas sin dañar en absoluto la historia principal que tiene al personaje interpretado por Bardem como figura omnipresente, secundada por unos personajes muy cuidados y bien construidos.

Un Bardem que se come la pantalla en cada plano dibuja a un Señor Blanco lleno de matices y evitando acertadamente traspasar el límite de la sobreactuación. Solamente por la actuación de su protagonista, ya merece la pena ver esta película.

El resto de interpretaciones no desluce para nada al protagonista. Actores y actrices como Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Celso Bugallo y un desternillante Fernando Albizu en el papel de desastroso guarda jurado, realizan a la perfección la complicada labor de sostener el pulso interpretativo a un Bardem en estado de gracia.

La acertada música de Zeltia Montes y una oportuna fotografía de Pau Esteve Birba, contribuyen a que el trabajo de El buen patrón sea un resultado redondo.

Este jurado estima que esta película con el binomio León de Aranoa-Bardem, nos muestra cómo las relaciones personales y profesionales interactúan de una manera que nos es familiar, con un resultado que divierte a la vez que nos invita a la reflexión, pero sobre todo no deja indiferente a nadie. Por último queremos resaltar la que nos parece una genial escena final, que sintetiza perfectamente la película.

.11.21)

JOSEFINA   (06.11.21)
Dirigida por Javier Marco. Interpretada por Roberto Álamo, Emma Suárez, Miguel Bernardeau, Manolo Solo y Pedro Casablanc. Guion de Belén Sánchez-Arévalo. Fotografía de Santiago Racaj. Música de Nerea Alberdi y Vanessa Garde.

Este tribunal se reúne para juzgar la ópera prima de Javier Marco, cineasta alicantino ganador en el 2021 del Goya al mejor cortometraje de ficción por A la cara,  y como en aquella ocasión, con un guion escrito por Belén Sánchez-Arévalo. Como la cosa va de ganadores de Goya, la película está protagonizada por Emma Suárez y Roberto Álamo.

Juan (Roberto Álamo) es un funcionario de prisiones solitario y tímido, con problemas para comunicarse con los demás, pero con mucha necesidad de afecto. Tras una avería en su vetusto coche, no le queda otro remedio que tomar el bus urbano para acudir a su trabajo en la prisión. Allí se fija en Berta (Emma Suárez), una madre que va a visitar a su hijo Sergio (Miguel Bernardeau), que cumple condena. Todos los domingos, coinciden en el autobús y Juan la observa discretamente desde los monitores de la sala de vigilancia, sin saber muy bien cómo acercarse a ella. Aprovechando una ocasión donde Berta ha perdido el bus de regreso, Juan entabla conversación en la parada y no se le ocurre mejor idea, que presentarse como el padre de Josefina (nombre real de la abuela de Javier Marco, a quien quiere rendir homenaje), una supuesta hija que cumple condena en el módulo de mujeres. Es una mentira que sale precisamente por su incapacidad de comunicarse con las personas, pero que le sirve para acercarse a Berta, que con su único hijo en la cárcel y un marido muy enfermo, siente la misma soledad y falta de cariño que Juan, teniendo que afrontar el día a día en solitario y sin ayuda.

Ese vacío y soledad compartida, les llevará a buscar excusas para seguir encontrándose.

Javier Marco nos plantea con esta historia repleta de pequeños detalles cotidianos, un estudio sobre la soledad de dos personas que se necesitan y viven un amor tardío, en una película cargada de silencios que dicen mucho más que cualquier diálogo.

Veredicto: El jurado estima que en Josefina predomina la sencillez y la sutileza narrativa. En esta película no veremos grandes alardes técnicos, pero sí una narración cargada de enriquecedores matices.

Su punto fuerte son sin duda los dos protagonistas que cargan magistralmente con todo el peso de la película. Un Roberto Álamo en estado de gracia, se mete en la piel de un funcionario de prisiones alejado de estereotipos, tímido, inseguro, sensible y frágil, acostumbrado a la soledad desde hace tiempo. Emma Suárez por su parte, da vida a una mujer que tiene una rutina, una carga y una serie de responsabilidades con las que muchas mujeres se pueden identificar, luchando por sacar adelante su vida sin tener tiempo para ella misma. Quizás Berta lleve menos tiempo viviendo esa soledad que Juan, pero encuentra muchas cosas en común con ese desconocido, cuya mentira les ha vinculado. Ambos son personajes que pese a defectos y particularidades, son buena gente que vive una soledad no deseada y con dificultades para relacionarse.

Aparte de la interpretación de este dúo que monopoliza el protagonismo, la película cuenta con las pinceladas de unos acertados secundarios como Manolo Solo interpretando al compañero de guardias de Juan y poniendo el necesario contrapunto de humor a la historia, o Miguel Bernardeau haciendo creíble el papel de un hijo enfadado con el mundo, lejos del arquetipo de presidiario y dando la sensación de cualquier chaval normal que entra en la cárcel por un error puntual.

También nos queremos referir a la fotografía Santiago Racaj, que sin la necesidad de buscar enfoques complejos, juega  acertadamente con la luminosidad, así como a la banda sonora de Nerea Alberdi y Vanessa Garde, que al principio del filme es inexistente, pero cuando entra, lo hace de forma muy oportuna.

Como parte negativa, podríamos señalar que esos silencios, esa pausa a la hora de dibujar los personajes y el transcurso de los acontecimientos, a determinado público le puede dar la sensación de lentitud, ritmo demasiado pausado o monotonía, aunque este jurado absuelve a Josefina de todos esos cargos e invita a todos los presentes en este juicio, a ver esta película que sin duda contribuye a dar calidad a nuestro magnífico cine.

 

LIBERTAD   (20.11.21)

Dirigida por Clara Roquet. Interpretada por María Morera, Nicolle Garcia, Nora Navas, Carol Hurtado, Vicky Peña. Guion de Clara Roquet. Música de Paul Tyan. Fotografía de Gris Jordana.

Este tribunal se vuelve a reunir para juzgar una nueva ópera prima, en este caso el debut como directora en un largometraje, de la reconocida guionista y realizadora de cortos, Clara Roquet.

Nora (María Morera), la hija de 14 años de una acomodada familia, va a pasar el verano junto a su hermana pequeña y su madre Teresa (Nora Navas), al chalet familiar de una exclusiva urbanización en la Costa Brava, donde vive su abuela Ángela (Vicky Peña), sumida en la niebla del alzheimer. Allí son recibidas por Rosana (Carol Hurtado), la empleada doméstica colombiana que además de ocuparse de todas las labores de la casa, cuida con auténtico cariño y devoción de la abuela. Nora como es normal a esa edad, se encuentra fuera de lugar, se siente demasiado mayor para jugar con los pequeños y se aburre con los mayores. Para colmo, su padre (David Selvas), se ha quedado en Barcelona por supuestos motivos laborales, aunque no tardaremos en advertir que el matrimonio con Teresa está en crisis terminal.

En medio de esa borrasca adolescente, llega Libertad, la hija de la abnegada criada colombiana, a quien la familia dice considerarla como una más, pero es la única que trabaja en esa casa. Libertad es una quinceañera a quien Rosana tuvo que dejar en Colombia a cargo de su madre cuando tan sólo tenía 5 años y que tras el fallecimiento de esta, tiene que viajar a España para vivir con una madre a la que no cesa de sepultar en reproches.

La muchacha es bien acogida por la familia, que rápidamente la trata de integrar en su nuevo ambiente. Pero pese a lo aparentemente paradisíaca que parece la ocasión, siente que no encaja, que está en un lugar ajeno, añorando su país y su entorno. La cercanía de edad entre Nora y Libertad y su condición de polos socialmente opuestos, provoca que sientan cierta atracción por conocerse. Su relación no empezará muy bien, pero  la muchacha colombiana hace honor a su nombre buscando desesperadamente la libertad, y en su primer intento de huida, Nora consigue frenarla, terminando ambas en el cercano pueblo turístico, entre bares, chicos y discotecas. Esta salida del entorno de protección que suponía la casa familiar, constituye un auténtico terremoto para los cimientos de una chica retraída y responsable como Nora. Con Libertad en el papel de mentora vivaracha, se irá forjando una amistad no carente de aprendizaje mutuo, reproches y celos. Si bien esta relación provoca un despertar y autodescubrimiento de las dos muchachas en plena adolescencia, la irrupción de la inquieta Libertad, será motivo de creciente preocupación tanto para Teresa, que tenía a Nora sobreprotegida en un entorno muy controlado, como para Rosana que ve tambalear lo que ha sido su entorno durante los últimos 10 años. La incomodidad empieza a aparecer en la familia, dejando claro a Libertad y Rosana que hay diferencia entre ser como de la familia y pertenecer a ella.

Clara Roquet nos propone con Libertad un drama intimista sobre las diferencias sociales desde el punto de vista de unas adolescentes, aderezado con una serie de intrahistorias familiares, que tocan temas espinosos como el cuidado de nuestros mayores a cargo de personas que por su situación se han visto obligados a dejar atrás a sus familias en sus países de origen, la sobreprotección de los padres, el alzheimer, los mundos contrapuestos, el desarraigo, la pérdida o los privilegios. Todo hilvanado mediante un argumento que gira en torno a dos roles bien diferenciados y radicalmente separados por su diferente clase social, que pese a los intentos de unirse por medio de una amistad, por vivir en mundos diferentes, resulta quebradiza.

Veredicto: Este jurado estima que estamos ante una película reflexiva e intimista, donde abundan los planos prolongados. La directora, con una historia aparentemente simple y dentro de un escenario vacacional, es capaz de sugerir multitud de elementos en este guion que ella misma ha escrito, retratando perfectamente las diferencias generacionales y de clase de una manera sutil e inteligente.

Cabe destacar como la cámara a través de los ojos de sus jóvenes protagonistas, su fotografía luminosa, nos ofrece una paleta con un sinfín de colores de la Costa Brava, en unas estupendas localizaciones en Lloret del Mar, Blanes, Sitges, Vilanova i la Geltrú y Sant Andreu de Llavaneres.

También queremos resaltar especialmente los papeles de abuela y madre de Nora, interpretados de manera magistral por Viky Peña y Nora Navas respectivamente.

Como aspecto más negativo tendríamos que resaltar la mala dicción de sus actores más jóvenes, ya que este tribunal en ocasiones ha tenido verdaderos problemas para entender los diálogos, así como algún altibajo en la dirección, con alguna escena innecesariamente larga y momentos de un ritmo excesivamente pausado.

Por último este tribunal dictamina que el título de la película no es un capricho, ya que todos los personajes están intentando liberarse de alguna manera de sus ataduras internas o externas, y nos plantea una pregunta ¿Es alguien realmente libre si tiene que estar constantemente a disposición de otras personas porque no tiene los medios económicos para poder elegir que hace con su propia vida?

 

EL AMOR EN SU LUGAR   (04.12.21)

Dirigida por Rodrigo Cortés. Interpretada por Clara Rugaard, Ferdia Walsh-Peelo, Mark Ryder, Magnus Krepper, Freya Parks. Guion de Rodrigo Cortés y David Safier sobre una obra de Jerzy Jurandot. Música de Víctor Reyes. Fotografía de Rafael García. Es una producción española del 2021 de 103 minutos.

La película que hoy juzgamos en esta sala se trata sin duda de uno de los mejores productos cinematográficos del año, aunque la película en realidad está rodada desde el 2019. Tan sólo con ver el plano secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito y que dura unos 10 minutos, uno despeja cualquier duda sobre el conocimiento técnico y el virtuosismo en la dirección de uno de nuestros mejores directores actuales, Rodrigo Cortés.

Estamos durante plena Segunda Guerra Mundial, dentro del gueto de Varsovia, en enero de 1942. 400.000 judíos provenientes de toda Polonia llevan más de un año confinados por las tropas invasoras alemanas, en una estrecha franja de terreno en mitad de la ciudad. Nadie puede entrar o salir de su perímetro. Fuera del muro, la vida sigue. Dentro, sus habitantes mueren de enfermedad, hambre y frío, o tratan de recordar que siguen vivos.

En mitad de esas difíciles circunstancias, el destartalado Teatro Fémina sigue abierto y un pequeño grupo de actores trata de seguir haciendo su trabajo, para intentar que la población tenga unos momentos de evasión durante la pesadilla que están sufriendo y para sentirse ellos mismos vivos durante esa tragedia, siendo su máxima aspiración que el público, que normalmente demuestra su beneplácito golpeando el suelo con los pies a causa del frío, saque las manos para aplaudir, olvidando esa terrible temperatura.

Esa gélida noche, estrenan la comedia musical El amor en su lugar, un enredo sobre dos parejas obligadas a compartir habitación y cuya convivencia se empieza a complicar cuando aparece la atracción por los miembros de la otra pareja. Stefcia (Clara Rugaard) en una carrera contrarreloj en la que su vida corre peligro constante, se apresura para no llegar tarde a la función donde es una de las protagonistas. Cuando llega al teatro, este se convertirá en el único escenario de la película.

Allí su antiguo novio Patryk (Mark Ryder), actor y creador de la obra que van a representar, le cuenta que ha sobornado a dos oficiales de las SS para escapar del gueto en cuanto acabe la función, teniendo hueco para otra persona y ofreciéndole la plaza. Pero ella está enamorada de Edmund (Ferdia Walsh-Peelo), otro de los actores principales. Entre bambalinas y apariciones en escena, los protagonistas tienen que tomar una decisión vital y los acontecimientos se irán mezclando con el argumento de la representación, que resulta ser el espejo, en clave cómica, del día a día de las miserias que se viven en el gueto.

Para acabar de complicar la situación, en mitad de las carcajadas de una audiencia entregada, un militar alemán irrumpe en la sala sin que nadie tenga claro su objetivo.

Con un lenguaje cinematográfico exquisito, Rodrigo Cortés se basa en la obra real escrita por el dramaturgo polaco Jerzy Jurandot, que se estrenó el 16 de enero de 1942 y se representó durante 4 semanas en el Teatro Fémina, cinco meses antes de las deportaciones, que darían como resultado 50.000 supervivientes de los 400.000 judíos allí afinados.

La película no rehúye ningún reto o desafío técnico. Desde ese maravilloso plano secuencia inicial filmado en verano y que retrata Varsovia en un gélido invierno, hasta rodar la historia a tiempo real, en un espacio reducido y con actores que entran y salen de escena en un preciso cálculo, que consiguen que esta sincronía de movimientos se realice dentro de un mismo plano, permitiendo al espectador asistir a lo que sucede entre bastidores y sobre el escenario.

El respeto por la obra original llega al punto de rescatar las letras originales en polaco compuestas en el propio gueto y traducirlas al inglés, al no existir partitura musical, Víctor Reyes ha compuesto la música con los diferentes estilos que se representaban en aquella época (excepto en el tema Romeo y Julieta, donde compone letra y música). Cabe decir que los actores interpretan todas las canciones en directo, sin ningún tipo de playback o doblaje.

Veredicto: Este tribunal es unánime en cuanto a la calidad cinematográfica de El amor en su lugar. Creemos que su complejidad técnica no son meros fuegos de artificio para el lucimiento del director. Se antojan esenciales para construir un relato emocionante, que, con un ritmo trepidante, no da ni un minuto de respiro a un espectador que acaba exhausto por la cantidad de emociones vividas.

Cuando este jurado vio la película, sintió que viajaba a ese gueto gracias a una extraordinaria dirección fotográfica que usa primeros planos para crear intensidad o transmitir emociones. Por otra parte, la elección de los planos y de la luz para diferenciar las atmósferas, además de una sombría iluminación entre bastidores, crean un perfecto ambiente de obra teatral.

La historia está contada a través de un buen guion que no deja huecos en la trama y una cuidada producción, creando una estupenda ambientación que permite el lucimiento de la mayoría de sus actores, que han tenido que lidiar con las labores de cantar, bailar y mostrar diferentes registros, uniendo lo que pasa dentro y fuera del escenario.

Por último, este jurado quiere resaltar a Rodrigo Cortés mostrando cómo los seres humanos son capaces de utilizar el arte y el humor como táctica de supervivencia y lanzando el dilema de amar o ser amado, ya que el amor verdadero es un camino de renuncia, porque pone por delante a la persona amada. Cuando en la película se plantea la pregunta de ¿Qué harías por amor?, en realidad se está preguntando ¿Qué estás dispuesto a sacrificar por amor?

 

ESPÍRITU SAGRADO   (18.12.21)

Dirigida por Chema García Ibarra. Interpretada por Nacho Fernández, Llum Arques, Joanna Valverde y Rocío Ibáñez. Guion de Chema García Ibarra. Fotografía de Ion De Sosa.

En esta ocasión nuestro tribunal se enfrenta a un difícil caso. Vamos a tratar de juzgar una película marciana en todos los sentidos y cuyo responsable, el ilicitano Chema García Ibarra, es una auténtica rara avis dentro de la industria del cine.

Nos encontramos en Carrús, un barrio obrero de Elche. Allí ha desaparecido la pequeña Vanesa. Su madre, Charo, y su hermanita gemela, Verónica, atienden a la particular reportera de una televisión local, haciendo una llamada desesperada, en busca de alguna pista sobre el paradero de su hija. El ambiente esotérico y sobrenatural envuelve el seno familiar. La abuela de las niñas es una antigua médium que ahora sufre Alzheimer, mientras que el hermano de Charo, José Manuel, que regenta un bar en el barrio, es vicepresidente de una asociación ufológica, que se reúne semanalmente en el despacho de la agencia inmobiliaria de Julio Expósito, presidente de esa singular agrupación dedicada al estudio de los ovnis, sus tripulantes y las abducciones.

Inesperadamente fallece Julio y toda la documentación de la asociación pasa a manos de José Manuel, quien descubrirá una misión secreta y trascendental para el futuro de la humanidad. A la par, la policía descubre una pista sobre Vanesa en Turquía y su madre tiene que viajar de inmediato hasta allí. A José Manuel no le queda otra que compaginar el cuidado de su sobrina Verónica, con la crucial misión encomendada por los extraterrestres.

Chema García Ibarra, uno de los más peculiares y reconocidos autores de cortos, debuta como director de largometraje siendo fiel a su estilo.

Rodada en 16 y 35mm en su Elche natal, Espíritu sagrado nos propone una coctelera inclasificable, donde se mezclan el humor, el drama, lo turbio, la crítica social, la ciencia ficción, lo mundano, lo terrenal, lo sobrenatural y el costumbrismo, jugando con sus continuos contrastes y moviéndose en un fino alambre, donde el espectador no sabe si en la siguiente escena se va reír u horrorizar.

Los actores son unos completos desconocidos en labores interpretativas y es algo totalmente buscado, intentando conseguir una particular sensación de cine amateur, que roza en algún momento el falso documental, apoyándose en una dirección artística que busca el realismo cotidiano en calles, tiendas, hogares, bares o cualquier elemento del medio urbano en un barrio obrero.

Veredicto: Este jurado por unanimidad, declara que Chema García Ibarra luce con luz propia en Espíritu sagrado. Su mordaz guion construye un relato friki que convive con una brillante crítica a la charlatanería, la superchería, a los embaucadores o a esos cultos grotescos que normalmente acaban en estafas o en algo mucho más perturbador.

Al principio el espectador puede encontrarse un tanto desubicado en este estilo de narración tan particular, pero a medida que la película va avanzando, cae rendido ante las piezas que empiezan a encajar de una forma brillante, dando forma a un relato que resulta no ser lo que parece en un primer momento y concluyendo con un final demoledor.

En definitiva, creemos que esta apuesta tan arriesgada se resuelve con brillantez, dejando como epílogo el mensaje de cómo las creencias fanáticas en algo irracional pueden borrar la percepción de la realidad.

También este tribunal quiere aprovechar la ocasión para desear a todos los asistentes habituales y ocasionales de estos juicios, una Navidad de cine. Esperando que el 2022 venga cargado de grandes títulos y las salas con público a rebosar.

 

NO MIRES ARRIBA   (22.01.22)

Dirigida por Adam McKay. Interpretada por Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Cate Blanchett, Jonah Hill, Rob Morgan, Mark Rylance, Tyler Perry, Timothée Chalamet, Ron Perlman, Ariana Grande. Guion de Adam McKay y David Sirota. Fotografía de Linus Sandgren. Música de Nicholas Britell.

Abrimos sesión para juzgar una de las películas que ha generado mayor número de críticas y opiniones, a menudo enfrentadas entre sí. Algo en tiempos donde en la industria de Hollywood predominan los multiversos de superhéroes, secuelas y precuelas, es de agradecer que de vez en cuando aparezca una rara avis que invite al debate y la reflexión, gozando de un gran número de espectadores.

Su director, Adam McKay, en tono de comedia apocalíptica, nos cuenta cómo la futura doctora en astronomía Kate Dibiasky y su profesor, Randall Mindy (Jennifer Lawrence y Leonardo DiCaprio), descubren que un meteorito con un tamaño suficiente como para destruir la vida sobre el planeta se dirige directamente a la Tierra. Rápidamente intentan dar la alarma y avisar urgentemente a las autoridades, ya que la colisión se producirá irremediablemente en seis meses. Acompañados por el jefe de la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria de la NASA, el Dr. Teddy Oglethorpe (Rob Morgan), acuden a la Casa Blanca, donde tras la espera por un acontecimiento tan prioritario como la celebración de un cumpleaños, son recibidos con desidia por la Presidenta Janie Orlean (Meryl Streep) y su hijo, Jefe de Gabinete y sujeta bolsos, Jason (Jonah Hill).

Ante la pasividad mostrada por el gabinete de gobierno, los científicos deciden filtrar la noticia a los medios de comunicación, encontrando como ventana un programa de entrevistas matutino, donde el tema es tratado con absoluta frivolidad.

Su suerte parece cambiar cuando la presidenta  se ve envuelta en un escándalo sexual y decide desviar la atención para mejorar sus índices de aprobación,  confirmando la amenaza del cometa y el anuncio  de un proyecto para golpear y desviar el meteorito, usando armas nucleares y salvando a la humanidad.

Pero en pleno lanzamiento, la misión es abortada cuando irrumpe en escena Peter Isherwell (Mark Rylance), el dueño de la empresa de tecnología BASH. Un hombre de negocios que se ofende cuando le llaman hombre de negocios, y que parece un híbrido entre Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Elon Musk y Steve Jobs. Sus oscuros intereses financieros disfrazados en un plan para crear prosperidad, pondrán en serio peligro el futuro de la vida en la Tierra, mientras gran parte de la población decide no mirar hacia arriba.

Adam McKay en sus inicios como guionista para Saturday Night Live y como director en sus primeras películas, siempre ha estado ligado a la comedia. En No mires arriba, regresa al género con un trabajo de casi dos horas y media, donde sátira y realidad se dan la mano en múltiples ocasiones. Para evitar que el metraje pueda resultar excesivamente largo, recurre como en otros de sus trabajos, a planos y diálogos muy dinámicos, apoyado en un muy trabajado guion de David Sirota y del propio McKay.

Veredicto: Este Tribunal cree que No mires arriba es un acertado retrato en clave de sátira de la actual sociedad estadounidense, pudiéndose extrapolar en muchos aspectos, a la globalidad del planeta.

Adam McKay es un director que anteriormente ha demostrado que se le da de perlas radiografiar con humor la sociedad. Aquí aparecen diagnosticadas múltiples patologías. La cultura moderna del consumo inmediato donde priman las redes sociales y los influencers, la codicia de las grandes corporaciones, cómo acaba triunfando el análisis simplista sobre el pensamiento crítico y meditado, la mediocridad de unos políticos que tienen poder para decidir  sobre nuestras vidas, cómo parte de la sociedad reacciona de forma negacionista ante lo evidente, las fake news, la incomunicación de la sociedad con los problemas reales y cómo se mediatiza nuestra forma de percibir lo que realmente está sucediendo. Incluso deja caer que a veces el lenguaje o la actitud de los científicos hace que sean inaccesibles para el resto de la población, debido a esos problemas de comunicación.

También aprovecha para parodiar todo ese género de películas apocalípticas tan prolífico en décadas anteriores, y el paradigma de héroe que en ellas aparecía.

La película no ha gustado al sector más conservador de los Estados Unidos. Seguramente la caricatura velada a la administración Trump tenga buena parte de culpa. Seguramente aquí tampoco haya gustado a todos y su mensaje se ha interpretado de diferente manera según la cojera de cada espectador.

Tenemos que decir que en realidad el guion es anterior a la crisis del COVID, pese a los paralelismos que podemos encontrar en la situación provocada por la llegada del meteorito en la película, estando más encaminado a criticar como se hacen oídos sordos a los científicos que advierten de los peligros del cambio climático en nuestro planeta y reflexionando cómo parte de la sociedad actual evita enfrentarse a cualquier conflicto hasta que lo tenemos encima, negándolo constantemente y haciendo caso omiso de las recomendaciones de los científicos, como si fueran una banda de alarmistas irresponsables.

La película es una sátira, pero a este tribunal se le antoja que muchas de las situaciones caricaturizadas en No mires arriba, no estarían tan lejos de la realidad en una situación similar. También advertimos a los presentes que todavía no hayan visto la película, que tiene una divertida escena post créditos.

Por último, esperamos que todos los asistentes a esta vista, miren arriba cuando alguien les avisa que un meteorito está a punto de despeinarlos.

 

SEIS DÍAS CORRIENTES   (05.02.22)

Dirigida por Neus Ballús. Interpretada por Valero Escolar, Mohamed Mellali y Pep Sarrà. Guion de Neus Ballús y Margarita Melgar. Música de René-Marc Bini. Fotografía de Anna Molins.

Este jurado se vuelve a reunir para juzgar el tercer y último trabajo de la directora catalana Neus Ballús. Una película donde ficción, realismo y documental, van de la mano caminando por un estrecho sendero. Un filme estrenado en el Festival de cine de Locarno, donde sus dos protagonistas recibieron el premio ex aequo a la mejor interpretación masculina, pese a no ser actores profesionales y ser su primera experiencia delante de las cámaras. Además, ha pasado por varios festivales más como el Toronto International Film Festival o la Seminci, donde se alzó con la Espiga de Plata a la mejor película y el Premio del Público. Quizás y siempre a criterio de este tribunal, se ha convertido en una de las grandes olvidadas en las nominaciones de los próximos Premios Goya.

Ante la inminente jubilación de Pep (Pep Sarrà) en una pequeña empresa de fontanería y electricidad en la periferia de Barcelona, Moha (Mohamed Mellali), un inmigrante marroquí que comparte piso con dos compatriotas y que se esfuerza en adaptarse a su nueva vida, incluso asistiendo a clases de catalán por las noches, aspira a ocupar la plaza vacante. Valero (Valero Escolar), quien será su compañero, al enterarse de su condición de extranjero y cargado de una retahíla de prejuicios, se niega en rotundo a esta sustitución, pero la encargada del negocio que a su vez también es la esposa de Valero (que igualmente es su esposa en la vida real), impone su contratación, estableciendo un periodo de prueba de una semana, que Valero intentará frustrar poniendo todas las pegas y trabas posibles.

Durante seis días asistiremos a seis capítulos diferentes, donde veremos a estos tres lampistas introducirse en los más variopintos hogares y lidiar con unos clientes peculiares, siendo sigilosos testigos de las divertidas e ingeniosas situaciones, que seguro a más de uno, le resultarán cercanas y un tanto familiares. Entre tanto, Moha tendrá que demostrar que merece el trabajo, mientras se arma de paciencia para soportar la excentricidad e injustificada inquina de un hilarante Valero.

Seis años lleva a cuestas Neus Ballús con este proyecto. En una decisión inusual, primero eligió a los personajes entre un casting de más de mil profesionales del sector, escribiendo posteriormente el guion junto a Margarita Melgar. Setenta horas filmadas y un montaje que ha durado más de nueve meses, dan una idea de la dimensión del trabajo en esta divertida docuficcion.

Veredicto: Este jurado estima que bajo una apariencia de comedia social ligera, se esconde una reflexión mucho más profunda de lo que pueda parecer, en temas como el racismo, la tolerancia y los prejuicios en las relaciones humanas. Así mismo, nos invita a reflexionar sobre el trato que damos a los demás, demostrando el valor de tratar con respeto y educación a aquellos que tenemos a nuestro alrededor.

Queremos resaltar el acierto de la directora dibujando una Barcelona de periferia, de polígonos y urbanizaciones, de zonas que no solemos ver en las películas y escenificando parte de la realidad de los trabajadores del gremio, plasmado la diferencia social en las ciudades y dinamitando alguno los pilares de nuestro pensamiento tradicional. Para ello y tras un montaje verdaderamente sensacional, Neus Ballús opta por un relato en clave de comedia, un género verdaderamente difícil cuando no se cuenta con actores profesionales.

Por último, no nos queremos despedir sin destacar la  extraordinaria frescura, naturalidad y talento de sus protagonistas. Tres personajes que se interpretan a sí mismos con algún que otro estereotipo añadido, en un derroche de credibilidad, soltura y naturalidad, regalándonos unos diálogos cargados de improvisaciones e ingeniosas réplicas.

 

VISITANTE   (19.02.22)

Dirigida por Alberto Evangelio. Interpretada por Iria del Río, Miquel Fernández, Jan Cornet, Sandra Cervera, Inma Sancho, Pep Ricart y Carles Sanjaime. Guion de Alberto Evangelio (sobre una historia del propio Alberto Evangelio y Marcos Gisbert). Música de Carlos Martín. Fotografía de Guillem Oliver.

Este tribunal se dispone a juzgar el debut como director de largos de Alberto Evangelio, un realizador con una gran experiencia como director de cortometrajes.

La película comienza con unas imágenes en VHS de dos niñas que son hermanas en el cumpleaños de la menor de ellas, Marga. Esta da la impresión de sentir devoción por su hermana mayor, Diana, que actúa casi como protectora y mentora. En medio de la celebración, inesperadamente cae un misterioso meteorito que provoca un derrumbamiento, donde pierde la vida Diana. La historia se retoma veinticinco años después. Marga vive angustiada por su trauma infantil, la enfermedad degenerativa de su padre y un proceso de separación que la llevará a abandonar el domicilio conyugal en Valencia, para pasar una temporada en el hogar de su niñez en el pueblo. Allí, trabajando en la reforma de la casa, se reencuentra con Carlos, un antiguo amigo con quien iniciará una tórrida relación y del que se quedará embarazada. Marga toma la decisión de abortar, pero una presencia paranormal que se comunica con ella, se lo impide.

Portales dimensionales, fenómenos extraños, ciencia ficción y suspense, ambientados en un escenario doméstico e intimista, es el cóctel que combina Alberto Evangelio en su ópera prima, cuyo guion es del propio director, basándose en una historia que escribió junto a Marcos Gisbert. Rodada en plena pandemia, la película se presentó en la sección oficial del pasado Festival de Sitges.

Veredicto: Nuestro jurado se alegra profundamente de la proliferación de nuevos directores y que cineastas que han demostrado su talento en el ámbito del cortometraje, tengan su oportunidad en el largo. Pero desgraciadamente la experiencia no siempre sale bien y quizás este, por diversos motivos, sea un ejemplo.

En un argumento que hay que reconocer es muy arriesgado, tenemos un guion con más vueltas de tuerca que una fábrica de automóviles y una narrativa que invita al espectador a desentenderse de la trama.

Quizás influida por su escasa financiación, su realización en ocasiones roza lo amateur, notando en exceso la escasez de medios.

Entre los actores, se echa en falta dosis de naturalidad en la interpretación, que salvo alguna excepción, tienen como pecado unas actuaciones muy artificiales. También hay que decir que es otra película que sufre del mal endémico que se ha convertido la dicción de algunos jóvenes actores.

Por contra debemos de elogiar la habilidad para que, sin perder el elemento fantástico y paranormal, la utilización de recursos como vídeos caseros, fotos y dibujos, le da un aire doméstico y costumbrista a una historia que tiene en la casa rural su principal escenario.

También queremos aplaudir cómo Visitante se arriesga a explorar campos muy diversos de la ciencia ficción y del suspense, esperando que el director en su próximo proyecto, consiga un resultado más redondo y no tan irregular como este.

 

MI VACÍO Y YO   (17.09.22)

Dirigida por Adrián Silvestre. Interpretada por Raphaëlle Pérez, Isabel Rocatti, Alberto Díaz, Marc Ribera. Guion de Raphaëlle Pérez, Adrián Silvestre y Carlos Marqués-Marcet. Fotografía de Laura Herrero Garvín.

Tras un parón en los juzgados, este tribunal vuelve a reunirse para iniciar un nuevo juicio a una película muy modesta, que puede gustar o desagradar, pero sin duda no dejará indiferente a los espectadores.

Raphi (Raphaëlle Pérez), es una chica trans francesa afincada en Barcelona y que se gana la vida atendiendo llamadas en su lengua materna. Es una mujer inteligente, creativa, romántica, soñadora e ingenua. Con una disforia de género diagnosticada, su psicóloga de la Seguridad Social hace que se plantee someterse a una vaginoplastia, algo que generará profundas dudas en nuestra protagonista, a quien acompañaremos en un tránsito emocional y físico que afrontará con inseguridad, pero sobre todo con una gran sinceridad y valentía.

Adrián Silvestre regresa al largo de ficción tras el éxito en varios festivales del documental Sedimentos, con una película descarnada y explícita en el amplio sentido de la palabra. Sin abandonar del todo su trabajo de documentalista, de una manera directa, sencilla y realista, nos invita junto a la protagonista, a echar una mirada sincera al espejo de una mujer nacida en el cuerpo de un chico, que se va transformando física y personalmente. El título Mi vacío y yo, hace referencia al vacío interior que siente pensar que jamás encontrará una pareja que la quiera tal como es, el conflicto que tiene con su propio cuerpo y a uno de los poemas autobiográficos escritos por Raphi.

Un inteligente guion basado en las experiencias reales de la actriz protagonista, escrito por ella misma junto a Carlos Marqués-Marcet y el propio Adrián Silvestre, consigue crear un argumento bastante creíble donde podemos encontrar desde un tropel de preguntas incómodas por parte de la psicóloga, a las desventuras al quedar con desconocidos por Tinder y sufrir algún caso de transfobia. También el director mediante pantallazos del móvil en las aplicaciones de citas, presenta de manera muy oportuna los prejuicios, preguntas absurdas e insultos a los que Raphi se tiene que enfrentar.

Una buena fotografía de Laura Herrero Garvín, integra magníficamente los rincones de Barcelona como parte del decorado en la historia, regalándonos algunos planos que no están carentes de cierta dosis artística.

Cabe destacar la asombrosa naturalidad de los actores, donde Raphaëlle Pérez borda su papel autobiográfico.

Mi Vacío y Yo ha ganado la biznaga de plata del Premio Especial del Jurado en el 25 Festival de Málaga y tiene una mención especial en el DA Film Festival Barcelona.

Veredicto: Tras la oportuna deliberación, este tribunal dictamina que Mi vacío y yo ofrece una didáctica, empática e interesante radiografía de los obstáculos que jalonan la vida de las mujeres trans, que a menudo tienen que soportar la consabida violencia de género que sufren las mujeres cisgénero, además del rechazo y la hostilidad que reciben por su condición de transexuales por parte de algunos individuos.

Creemos que Adrián Silvestre refleja de forma correcta la transición, evolución y crecimiento del personaje, cuestionando ciertas categorías, estereotipos y etiquetas que se suelen atribuir a la ligera. Con un relato intimista, nos propone una reflexión cargada de honestidad y respeto.

Por último desde este humilde tribunal y desde El SuperDiez, invitamos a quien nos pueda leer, a disfrutar del séptimo arte en el lugar más recomendable, los cines. Sin el apoyo del público en las salas, esta dolencia pasajera se tornará en crónica.

 

MODELO 77   (01.10.22)
Dirigida por Alberto Rodríguez. Interpretada por Miguel Herrán, Javier Gutiérrez, Catalina Sopelana, Jesús Carroza, Fernando Tejero. Guion de Rafael Cobos y Alberto Rodríguez. Música de Julio de la Rosa. Fotografía de Alex Catalán.

El juicio de esta semana nos propone un viaje por el interior de las cárceles españolas en aquellos tumultuosos años de la Transición y guiados por la mano experta en la dirección de Alberto Rodríguez.

Manuel (Miguel Herrán), es un joven contable que ingresa en la Cárcel Modelo de Barcelona en espera de juicio. Es acusado de desfalco por apropiarse de un millón de pesetas de la caja de su empresa, aunque él sostiene que tan solo se llevó 50.000 pesetas (lo correspondiente a una nómina), en connivencia con el hijo del jefe. Por lo tanto la fiscalía puede pedir una condena de entre quince y veinte años.

Dentro de la penitenciaría su mundo se desmorona. Después de empezar con mal pie con los funcionarios de prisiones, es ninguneado en sus derechos, sometido a aislamiento, robado y prácticamente desasistido por su abogado de oficio. Incluso su novia se desentiende de él y ni siquiera le va a ver. Su único contacto con el exterior, son las visitas de la hermana de esta (Catalina Sopelana).

Su espíritu reivindicativo le llevará a contactar con la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL), un grupo de presos que suman fuerzas para exigir un trato más humano y pedir una amnistía, arrastrando consigo a El Negro (Jesús Carroza) y Pino (Javier Gutiérrez), sus dos compañeros de celda.

Esa lucha en pro de la amnistía, intentando aprovechar los aires de cambio que se vivían en el país, choca con el orden establecido, heredero de la dictadura y tendrán que soportar abusos y represión, ante la sublevación al sistema que ellos creen injusto.

Títulos como Grupo 7, La isla mínima, El hombre de las mil caras, 7 vírgenes o la serie de televisión La peste, nos ofrecen un claro bagaje de la carrera de Alberto Rodríguez como director y guionista. En esta Modelo 77, se sirve de mezclar ficción en las historias personales y realidad en los hechos generales, para relatar algunos de los sucesos más turbulentos acontecidos en las cárceles españolas a finales de los años setenta, eso sí, sin perder ni un solo momento el propósito de entretener al espectador.

La dirección arranca con buen ritmo, plasmando la dureza que se encierra entre esos muros, realizando un acertado retrato de ambientes y personajes, para dar paso a una segunda parte con más carga de acción, tensión y suspense.

Como escenario inmejorable, la producción ha sido rodada en la auténtica Cárcel Modelo de Barcelona, cerrada en junio del 2017 como prisión y abierta al público para la realización de visitas gratuitas en noviembre de ese mismo año.

En el elenco de actores, destacan los papeles secundarios, con personajes que dan vida a una serie de intrahistorias carcelarias, aderezadas con algún que otro tópico. Dentro de esos secundarios cabe señalar el trabajo de Jesús Carroza como El Negro, Fernando Tejero como Marbella y sobre todo a la guapísima y expresiva Catalina Sopelana, eje principal de una quizás poco desarrollada historia de amor.

La mejor nota, sin lugar a dudas, deberíamos dársela a los encargados de vestuario, localización, ambientación y fotografía. Las imágenes nos transportan verdaderamente a la época, algo de lo que adolecen últimamente muchas producciones.

Veredicto; La Transición sigue siendo un terreno escabroso en la memoria colectiva española. No es fácil abordar el tema sin provocar urticaria en las pieles más sensibles, pero este tribunal valora la intentona.

El jurado destaca la construcción de unos personajes principales en continuo crecimiento personal, aunque resulte poco convincente que el personaje de Manuel, sufra en primera persona todo el amplio catálogo de desmanes cometidos en las cárceles españolas durante aquella época. También hemos de reconocer cierto maniqueísmo entre el personal de prisiones y reclusos.

Como Debe, achacamos una segunda parte de la película fallida y quizás indefinida, que provoca que las dos horas de metraje se nos puedan hacer largas. Esto hace que la narrativa se quede a mucha distancia de la magnífica ambientación.

En el Haber señalamos la dosis didáctica que puede suponer refrescar para unos, y descubrir para otros, estos hechos históricos sucedidos en las penitenciarías de nuestro país. El director, y de forma muy acertada en nuestra opinión, deja ciertas incógnitas abiertas, esperando que el espectador las cierre utilizando su propio criterio.

Por último, como alegación, subrayar que en este cuadro a veces tan claustrofóbico que se dibuja entre los barrotes de una celda, la película también nos cuenta una historia de amistad y solidaridad entre compañeros de fatigas.

 

BLONDE   (15.10.22)
Dirigida por Andrew Dominik. Interpretada por Ana de Armas, Adrien Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson. Guion de Andrew Dominik, adaptado de la novela de Joyce Carol Oates. Fotografía de Chayse Irvin. Música de Nick Cave y Warren Ellis.

Esta semana sentamos en el banquillo de los acusados a una de las películas que más controversia está generando en los últimos años. Estrenada por la plataforma de streaming Netflix con el dudoso honor de ser la primera de sus producciones bajo la calificación de mayores de 17 años, lleva al cine la novela publicada en el año 2.000, donde la escritora Joyce Carol Oates hace una libre y ficcionada interpretación de la vida de Norma Jane o lo que es lo mismo, la historia del mito de Hollywood Marilyn Monroe.

Como decimos, el filme no es una biografía al uso. Es una libre interpretación de la vida del que seguramente haya sido el mito erótico más influyente en la historia del séptimo arte, mostrando a una pequeña Norma Jane presa de la locura de una madre con inestabilidad mental, los abusos que Norma tiene que aceptar para convertirse en Marilyn, un triángulo amoroso con Cass Chaplin y Eddy Robinson Jr. (hijos de Charles Chaplin y Edward G. Robinson respectivamente), el trauma de un padre ausente y los sucesivos abortos que sufrió, el fracaso en sus matrimonios cuando su máxima aspiración era fundar una familia, una relación altamente tóxica con el presidente de los Estados Unidos y por último, un final trágico en la soledad de su habitación.

En esta falsa biografía echaremos de menos episodios que son obviados totalmente, como el de su primer matrimonio y sin embargo otros sucesos, son directamente inventados.

El australiano Andrew Dominik dirige esta visión distorsionada de la actriz más famosa del Cine y no escatima detalles escabrosos para retratar con crudeza todo el sufrimiento que lleva consigo la protagonista, en una historia dual, que pone en contraposición constante a Norma Jean con Marilyn, el personaje que ella misma ha creado. Para ello, se vale de infinidad de recursos técnicos tales como juegos con imágenes a color y en blanco y negro, diferentes formatos de pantalla o el desasosiego de una banda sonora que acentúa el horror que se está viviendo en multitud de escenas.

Ana de Armas es la absoluta protagonista de la historia, intentando mimetizarse en la piel de Marilyn a través de sus gestos y un fantástico trabajo de vestuario, peluquería y maquillaje. En la versión con el audio original, también podemos apreciar el notable esfuerzo que la actriz de origen cubano muestra por imitar la voz y el acento de la legendaria artista. No son menos notables las caracterizaciones de personajes secundarios como Adrien Brody en el papel de Arthur Miller o Caspar Phillipson en el de John Fitzgerald Kennedy.

También decir que la película cuenta entre sus productores a Brad Pitt, que ya trabajó con este director como actor y productor en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford.

Veredicto; La principal imputación que este tribunal atribuye a Blonde, es lo tediosa que resulta. Con un argumento totalmente esquizofrénico, narrativamente es confusa y no acaba de funcionar. Con aspiración a obtener un máster en morbosidad, el director exhibe un amplio despliegue de recursos cinematográficos, pero sin venir a cuento la mayoría de ocasiones, resultando pretencioso y provocando desconcierto en el espectador.

La banda sonora que en ocasiones invita al espectador a cortarse las venas, va en equilibrio con el resto de la película. Tampoco ayudan a que mejore el ritmo, los excesivos planos ralentizados y la machacona voz en off del padre de Marilyn durante toda la película, que nos ofrecen un resultado final pesadísimo.

También creemos que aparte del morbo gratuito y las escenas poco creíbles, hay ocasiones donde se roza lo grotesco, como cuando la protagonista habla con el feto que lleva dentro y donde este jurado creía estar viendo Mira quién habla.

Con su interpretación Ana de Armas evita que sea un desastre completo, aunque el énfasis monotemático en el sufrimiento del personaje, hace que por momentos, parezca la protagonista de una película de terror. Hace gestos de Marilyn, se parece a Marilyn, viste como ella...pero no nos transmite su espíritu en casi ninguna ocasión.

Por contra, este jurado estima como muy meritorio y notable el trabajo de ambientación por parte de vestuario, peluquería y maquillaje. Nota aparte merece la fotografía de Chayse Irvin, donde en ocasiones recrea escenas de películas e imágenes fotográficas de Marilyn, donde cuesta trabajo diferenciarlas de las reales. También destacamos ciertos detalles del montaje, que nos parecen brillantes.

Por último queremos manifestar que a este jurado le parece poco ético y un tanto ventajista utilizar la figura de una artista mundialmente conocida como el caso de Marilyn Monroe para vender la historia, añadir y eliminar hechos de forma caprichosa, y luego renegar de lo acontecido realmente, diciendo que es una historia inventada en la piel de la famosa actriz y achacando las críticas al poco entendimiento cinematográfico del espectador.

 

CERDITA   (29.10.22)
Dirigida por Carlota Pereda. Interpretada por Laura Galán, Carmen Machi, Richard Holmes, Julián Valcárcel, Pilar Castro. Guion de Carlota Pereda. Música de Olivier Arson. Fotografía de Rita Noriega.

Mucha era la expectación que había despertado en este tribunal la esperada ópera prima de Carlota Pereda, ganadora en 2019 del Goya al mejor cortometraje de ficción, y, desde luego, no nos ha defraudado. Desarrollando la historia de aquel corto y con título homónimo, nos llega Cerdita, recientemente ganadora del premio a la mejor película en el Festival de Cine de Sitges, y que supone en nuestro país la poco frecuente incursión en el género de terror y slasher de una mujer al frente de la dirección.

Sara (Laura Galán) es una joven adolescente. Hija del carnicero del pueblo en una localidad de Extremadura, soporta a diario un verdadero infierno al ser el objeto, por parte de su entorno y de tres chicas en particular, de constantes burlas y acoso a causa del sobrepeso que padece. Un día, decide ir a la piscina municipal durante la hora de la siesta, esperando no encontrar a nadie y poderse bañar tranquilamente sin ser acribillada por bromas de mal gusto. Allí se topará con un misterioso forastero que pronto se tornará en protector, justiciero y asesino, secuestrando a sus acosadoras. Ante el tumulto que provocan los sucesos en el pueblo, la protagonista tomará una serie de decisiones, no siempre muy acertadas, que mezclarán sentimientos de rabia, ira, venganza, amor y deseo.

Carlota Pereda, en su doble faceta de guionista y directora, nos invita a meternos en la piel y el orondo cuerpo de la intérprete para denunciar la situación humillante y claustrofóbica que sufren las miles de víctimas de bullying, especialmente jóvenes y adolescentes. Unas víctimas que tienden a silenciarse a ellas mismas, para no confesar que están siendo el objeto de acoso y burlas.

Su dirección utiliza múltiples recursos. Primeros planos que enfatizan las características de entornos y personajes, escenarios muy reconocibles por el espectador patrio, una sólida banda sonora, una estupenda fotografía que dota a la película de una gran fuerza visual y donde abundan lomos, panceta, chorizos, michelines y sangre, mucha sangre.

En la interpretación destaca su absoluta protagonista. Laura Galán da vida a un personaje con mucha presencia en pantalla y pocos diálogos. En una historia donde reacciona desde la ira o desde la culpa, se expresa maravillosamente a través de su rostro, sus gestos y su cuerpo, en una interpretación con abundante carga física y emocional. Un papel en el que es fácil entrar en la sobreactuación y en el que ella consigue dar con el punto adecuado.

Laura está rodeada por una serie de personajes de lo más variopinto y peculiar. Sobresale la polifacética Carmen Machi en el papel de una madre que es ajena a la terrible realidad por la que está pasando su hija. Culpa a Sara por su sobrepeso y por los sucesos que están ocurriendo en el pueblo, pero como buena madre, no duda en defender a su hija como una leona cuando vienen mal dadas, haciendo reflexionar al espectador sobre la incomunicación que vivimos hoy en día y donde nos mantenemos conectados mediante redes sociales, quizás siendo incapaces de contarle nuestros problemas a alguien tan cercano como una madre.

Veredicto: Este jurado estima que la película es un acertado mestizaje ibérico de géneros como el terror, la comedia negra o el slasher. No creemos que la película  merezca la etiqueta de película de terror, salvo por la última media hora, aunque a este tribunal le parece verdaderamente terrorífica la situación que a causa de su físico vive la protagonista en su día a día y que lamentablemente mucha gente sufre en la actualidad. En Cerdita, el bullying no solo se limita a sus tres despiadadas acosadoras, el cuerpo de Sara es sometido a un juicio social constante, a veces disfrazado de preocupación por su propia salud, siendo esto reflejo de lo que suele suceder en la vida real. La película remueve al espectador y nos invita a reflexionar y preguntarnos si, en las situaciones de acoso, estamos en un lado u otro de la violencia.

Por último, estimamos que Carlota Pereda ha irrumpido de una patada en el salón principal de nuestros directores más talentosos, derribando muchas barreras y prejuicios de nuestro cine, con la clara intención de pertenecer a ese elenco de realizadores que hacen apetecible cualquier película que lleve su firma, demostrando una vez más, que son muchas las mujeres que lo están haciendo muy bien en este nuevo cine español.

 

VASIL   (12.11.22)
Dirigida por Avelina Prat. Interpretada por Karra Elejalde, Ivan Barnev, Alexandra Jiménez, Sue Flack y Susi Sánchez. Guion de Avelina Prat. Fotografía de Santiago Racaj. Música de Vincent Barrière.

Avelina Prat escribe y dirige Vasil, la película que hoy sometemos a juicio y que recientemente se ha visto premiada con el galardón a la mejor interpretación, otorgado ex aequo a sus dos protagonistas en la Semana Internacional de Cine de Valladolid, donde este tribunal pudo corroborar que fue con todo merecimiento.

Nos encontramos en la ciudad de Valencia. Alfredo (Karra Elejalde) es un arquitecto jubilado, extremadamente cuadriculado y un poquito cascarrabias. Lleva una vida rutinaria y tan sólo sale de esa monotonía para jugar partidas de ajedrez por carta o comer semanalmente con su hija Luisa (Alexandra Jiménez). Una de esas comidas tiene que ser aplazada, ya que ese paraíso del tedio queda sacudido cuando su amiga irlandesa Maureen (Sue Flack), le pide que aloje un par de días a Vasil (Ivan Barnev), un inmigrante búlgaro que causa sensación en el club de bridge, pero que vive en la calle durmiendo en un banco.

Vasil es la antítesis de Alfredo. Pese a que las cosas no le han ido muy bien, eso no le impide seguir sonriendo a la vida. Es instruido, culto, un fantástico jugador de bridge y ajedrez, domina la cocina y es todo un manitas con cualquier aparato estropeado, aunque la puntualidad es su punto débil. Su mayor aspiración es encontrar un trabajo que le dé estabilidad y así poder conseguir que su hija pueda venir a vivir a España. Vasil parece tener un don, cambia todo lo que toca, contagia ilusión a todo el mundo con quien se relaciona, les hace buscar esperanzas cuando él, a priori, no tiene ninguna. Esos cambios en la vida de Alfredo se producen ante los ojos atónitos de su hija, cuya mirada actuará como hilo conductor con el espectador. 

Pese a debutar en un largometraje, la valenciana Avelina Prat tiene un amplio bagaje como guionista, trabajando con directores como Fernando y David Trueba, Manuel Martín Cuenca, Javier Rebollo o Cesc Gay. Este trabajo se hace notar en esta película, pequeña en cuanto a presupuesto y distribución, pero con un gran argumento. Con una historia ficcionada y fabulada basada en la experiencia real del padre de la directora, se nos presenta una metáfora sobre la incomunicación y convivencia, con otros temas como la inmigración o el clasismo como más secundarios.

Como pudimos comprobar en Valladolid, el plato fuerte de Vasil es la extraordinaria labor interpretativa del elenco de actores, que desde unos secundarios como Susi Sánchez, que en sus pocos minutos en pantalla lo borda, hasta su pareja de protagonistas, que transmiten una química que les hace entrañables. Ivan Barnev, que compone un personaje entrañable que rebosa candor, cuando se presentó al casting en Bulgaria, no hablaba ni una sola palabra en español, aprendiendo todos los diálogos fonéticamente. Karra Elejalde tiene la facultad de hacer creíble cualquier personaje que interpreta, pese a dar vida a un tipo un tanto huraño, consigue que el espectador empatice enseguida con su personaje.

Buen trabajo también a cargo de la fotografía de Santiago Racaj, enfatizando perfectamente cada escena, mostrando tonalidades oscuras y otoñales con el padre y más claras con la hija, así como una banda sonora de Vincent Barrière, que sin

virtuosismos, acompaña perfectamente la acción.

Veredicto: Este jurado cree que desde una mirada idealista, Vasil demuestra que la humanidad va más allá de cualquier frontera. Gracias a los mensajes universales que nos deja el personaje interpretado por Ivan Barnev, invita al espectador a desviar la mirada de cosas que encorsetan nuestra vida y quizás no nos hacen felices y fijarse en detalles que pasan desapercibidos, pero son los que realmente dan color a la vida.

También nos parece muy interesante como plantea la problemática de la inmigración, abordando el tema desde el punto de vista más personal y humano. Rompe con los clásicos argumentos acerca de los extranjeros aprovechándose de las ayudas económicas que reciben y contraponiendo lo complejo que es acceder a cualquiera de estas, mostrando de pasada, la diferencia de trato que existe dependiendo del país de origen del inmigrante.

Igualmente nos parece oportuna la reflexión sobre la incomunicación que a veces tenemos con personas que habitan bajo nuestro mismo techo y que en muchos aspectos, son unos complementos desconocidos.

Quizás podríamos reclamar que la película peca de algunos diálogos impostados o ciertas escenas repetitivas, pero en líneas generales nos ha parecido una película entretenida y bastante recomendable, así que animamos a ir al cine a todos los asistentes a este proceso.