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 EL JUICIO DE MEFISTÓFELES   José Antonio de Vega                                                     (VER anteriores)

 

LA PIEDAD   (21.01.23)
 

Dirigida por Eduardo Casanova. Interpretada por Ángela Molina, Manel Llunell, Ana Polvorosa, María León, Antonio Durán, Macarena Gómez, Alberto Jo Lee. Guion de Eduardo Casanova. Música de Pedro Onetto. Fotografía de Luis Ángel Pérez.

 

En la vista de hoy, sometemos a juicio el segundo largometraje de uno de los sospechosos habituales en el terreno de la provocación, Eduardo Casanova. Una película con un recorrido gratamente satisfactorio por varios festivales internacionales, algo que no se ha visto reflejado en su primera semana en cartelera, donde la ausencia de público ha sido la tónica general.

Libertad (Ángela Molina) es una mujer bastante dominante y con ciertos aires totalitarios. Esto revierte directamente en su apocado hijo Mateo (Manel Llunell), un joven que vive bajo un absorbente control, más propio de un niño que de un adulto. Mateo adolece precisamente de falta de libertad, sin su madre no se atreve a dar un solo paso fuera de la cárcel en la que se ha convertido su confortable mansión. Ese particular régimen de convivencia convulsiona cuando a Mateo le diagnostican un tumor cerebral. La aparición de figuras ajenas tambalean los cimientos de la enfermiza relación madre e hijo. La psicóloga que intenta abrir la mente de su paciente es vista como una amenaza por la madre, y el padre, que durante años ha estado desaparecido, da un punto de vista diferente sobre las causas del abandono familiar, aportando la pareja de éste una versión diferente de la maternidad.

Paralelamente se narra la historia de una pareja que huye de Corea del Norte y, cuando lo ha conseguido, se encuentra totalmente desubicada, estableciendo una analogía entre Libertad y Kim Jong-un, así como Mateo con el pueblo norcoreano.

Eduardo Casanova no se distingue precisamente por sortear charcos, algo que le ha granjeado no pocos detractores. Con La Piedad, este director, actor y guionista madrileño no ha hecho una excepción. Una propuesta enormemente visual y con una estética propia, donde juega con la provocación y hace equilibrios con el mal gusto.

Utilizando constantes alegorías e imágenes icónicas como La Piedad, unicornios o referencias de la cultura asiática. Nos habla de la necesidad de ser necesitado y del terror a ser libre, a través de una fábula que dibuja una forma de maternidad que linda con la enfermedad.

La película está repleta de contrastes. Tan pronto te puedes encontrar un plano con un encuadre que recuerda a algún famoso lienzo, como asistir a un duelo de vómitos o presenciar como una vagina se orina literalmente encima de la cámara y por ende, del espectador.

Los escenarios son claustrofóbicos y minimalistas, con decorados más propios de una representación teatral. Curiosamente en una historia tan oscura, el color que predomina es el rosa, aunque también cohabita con tonos negros y pastel. La fotografía, que es extremadamente simétrica y cuidada, hace un amplio uso de filtros y artificios para plasmar el universo interior del director, todo ello acompañado por una exótica banda sonora

De largo, lo que mejor funciona es el trabajo de los actores. Ángela Molina encarna a la perfección el papel de madre tóxica, aunque la caracterización le hace parecer más una extraterrestre que una mujer con la cabeza rapada. Manel Llunell en el desgarrador papel de hijo, está soberbio. En apariciones cortas pero notables, también destaca el resto del reparto.

 

Veredicto: Este tribunal tiene sensaciones contradictorias con respecto a la obra de Casanova. Por una parte valoramos enormemente lo arriesgado de su propuesta y reconocemos un innegable talento visual, donde se intuye la influencia de directores como Almodóvar, John Waters o Wes Anderson, pero por otro vemos situaciones y diálogos extremadamente exagerados, con un afán desmesurado en destacar por originalidad, que a veces peca de pretencioso, y la película nos resulta un merengue de fresa, que a  medida que lo degustamos, nos resulta de difícil digestión.

No obstante, nos complace que haya autores arriesgados y valientes en su forma de narrar cine.