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 EL JUICIO DE MEFISTÓFELES   José Antonio de Vega                                                     (VER anteriores)

 

TODAS LAS LUNAS   (29.05.21)
Dirigida por Igor Legarreta. Interpretada por Haizea Carneros, Josean Bengoetxea, Itziar Ituño, Zorion Eguileor. Guion de Igor Legarreta y Jon Sagalá. Fotografía: Imanol Nabea. Música: Pascal Gaigne.

 

Este tribunal abre la sesión para juzgar Todas las Lunas, el arriesgado segundo trabajo en la dirección de Igor Lejarreta. Una película rodada íntegramente en euskera y con el vampirismo de telón de fondo. Muy alejada del cine de terror, se desenvuelve entre las orillas del melodrama, el cuento fantástico y el suspense.

Estamos en las postrimerías de la Tercera Guerra Carlista, en 1876. Un orfanato regentado por religiosas es atacado y tras una explosión, se produce el derrumbamiento de la cripta donde monjas y niñas se refugiaban. De entre los escombros y malherida, una niña (Haizea Carneros) es rescatada por una misteriosa mujer envuelta en un manto (Itziar Ituño). En su salvadora cree ver un ángel, pero en realidad le ha hecho un regalo envenenado, la inmortalidad a cambio de su compañía. Juntas irán a un refugio donde hay más como ellas, individuos que se tienen que esconder de la luz y aprovechan la oscuridad y los horrores de la guerra para alimentarse de la sangre de los cadáveres como animales de carroña.

Durante un amanecer, el refugio es atacado antorcha en mano por soldados carlistas, que van abatiendo uno a uno a esos seres hematófagos. En la huida, la huérfana se separa abruptamente de su salvadora. Perdida en la soledad del bosque y guarecida en una cueva que ha arrebatado a unas alimañas, tendrá que ir descubriendo su propia naturaleza sin nadie que le instruya en su nueva condición. Allí encerrada en la cárcel de un sempiterno cuerpo de niña, van pasando los años en los que espera imperturbablemente el regreso de su nueva madre, desafiando cada amanecer los terribles efectos del sol en su piel. Son tantas las quemaduras y las veces que su piel se ha regenerado, que una mañana al despertar ha descubierto que es capaz de tolerar la luz solar. Una noche, mientras busca alimento entre los animales del bosque, cae presa de un cepo de caza de Kandido (Josean Bengoetxea) un hombre herido y encerrado en sí mismo, ya que ha sufrido una terrible desgracia primero con el fallecimiento de su mujer durante el parto, y años más tarde con la pérdida de su hija en un terrible accidente.

Kandido, que sobrevive de la venta de leche y queso a sus vecinos, acogerá a la niña a quien llamará Amaia y poco a poco se irá forjando entre ellos una entrañable relación de cariño y amor paterno-filial.

El miedo y la incomprensión, la amistad con un niño del pueblo (Lier Quesada) y Las creencias religiosas representadas por el padre Sebastián (Zorion Eguileor), serán parte de una historia que tiene un sorprendente desenlace en 1936, en lo que intuimos es el bombardeo de Guernica.

 

Veredicto: Este jurado estima que nos encontramos ante un trabajo que representa un toque de frescura e imaginación dentro del cine español.

Esta película que comienza y termina con dos guerras fratricidas (la carlista y la civil), aborda el vampirismo desde un punto de vista cotidiano cercano al neorrealismo, donde el vampiro es casi un enfermo que sufre sus efectos, alejándose de estereotipos del cine de terror. Vemos que acude a misa los domingos y se pone delante de unas sopas de ajo aunque no pueda ingerir alimentos.

El director consigue adaptar estupendamente un cuento fantástico al entorno rural vasco. El propio Igor Lejarreta también es el responsable del guion junto con Jon Sagalá.

La palma desde luego se la lleva el elenco de actores, donde indudablemente destaca el debut de Haizea Carneros, que con tan sólo doce años, es capaz de transmitir un torrente de sensaciones, siempre envuelta en un manto de fragilidad. No se queda atrás Josean Bengoetxea dando vida a un personaje que pese a su herida interior, está lleno de cariño y amor por la niña. Magníficas interpretaciones también en papeles más secundarios, pero con un gran peso específico en la historia, como los de Itziar Ituño, Zorion Eguileor y el niño Lier Quesada.

En los aspectos técnicos destaca la intachable fotografía de Imanol Nabea, donde los ocres toman un protagonismo principal y la envolvente banda sonora del siempre magistral Pascal Gaigne.

Por último, señalar como aspecto menos positivo el ritmo que en ocasiones puede pecar de ser algo irregular y un poquito lento.