El SuperDiez
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 EL JUICIO DE MEFISTÓFELES   José Antonio de Vega                                                     (VER anteriores)

 

LA SALA DE CRISTAL   (18.09.21)
Dirigida por Christian Lerch. Interpretada por Xari Wimbauer, Lisa Wagner, Luis Vorbach, Philipp Hochmair, Hannah Hagg y Hans Löw. Guión de Christian Lerch y Josef Einwanger. Música de Martin Probst. Fotografía de Tim Peter Kuhn.

 

Después de un paréntesis provocado por el período vacacional (todo lo bueno se acaba), este tribunal vuelve a ser convocado por El SuperDiez, para juzgar las novedades semanales encausadas en la nueva temporada cinematográfica.

Para comenzar esta nueva etapa, abrimos sesión con cine europeo. Juzgamos a la última ganadora del premio del público en el pasado festival de Cine Alemán de Madrid, La Sala de Cristal, dirigida por el también guionista y actor germano, Christian Lerch.

La película nos sitúa en la etapa final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Tercer Reich está acariciando su colofón. Anna (Lisa Wagner) y su hijo de 11 años Felix (Xari Wimbauer), sufren el terror y la angustia de los incesantes bombardeos aliados sobre Múnich. Sola con su hijo y con un marido sirviendo en el Frente Oriental, del que no tiene noticias de si sigue vivo, decide trasladarse al campo y huir de ese horror, buscando seguridad en la Alemania rural.

Anna regresa con Felix al pueblo donde se crio, pero el recibimiento será desigual. Por un lado encontrará la hospitalidad de viejos conocidos, pero también se topará con otros vecinos reticentes hacia el forastero y totalmente imbuidos por el régimen nazi. Esto se hará patente especialmente en Felix, un muchacho valiente e inteligente, que inicialmente se convierte en la diana de todas las frustraciones de Karri (Luis Vorbach), miembro de las juventudes hitlerianas, e hijo del cacique del partido en el pueblo, tan fanático y cruel como su padre. Aunque el tesón y arrojo de Felix, irá cambiando poco a poco su actitud y forjando una amistad.

Un niño refugiado de guerra llegado desde Transilvania y Martha (Hanna Hagg), una niña cuyo padre ha sido ejecutado por desertor, completarán su círculo de amigos y correrías propias de unos chavales de su edad, que disfrutan de la libertad del campo, intentando sobrellevar el oscuro panorama que se avecina. El desván decorado con cristales de colores colgando de cuerdas y que Felix utiliza como habitación, será la puerta a la evasión que utilizarán los muchachos para huir de la cruda realidad.

Mientras Anna finge ser una fiel partidaria del régimen para ser aceptados y no tener problemas en su nueva comunidad, su hijo cada vez se siente más encandilado por las ideas propagadas por el Reich. Disfruta con el adiestramiento, desprecia a los desertores y ve a Hitler como una figura paternal que se preocupa por todos. Dentro de su inocencia, decide escribir una carta junto a Martha, pidiendo el fin de la guerra para que su papá pueda regresar, y enviársela al Führer.

Esto junto con un suceso en el que se verá envuelto su padre y la proximidad de las tropas aliadas, precipitaran los acontecimientos y hará que Felix y sus amigos tengan que replantearse muchas cosas.

El director cuenta que, cuando le ofrecieron la película, lo que le hizo decidirse es la perspectiva infantil de la historia. Poder narrar de otro modo el amor entre el hijo y sus padres, contrapuesto a la fascinación por el mundo nazi.

La Sala de Cristal está basada en el libro de recuerdos personales del escritor Josef Einwanger, que también participa como co-guionista junto al propio Lerch. Retrata la situación de estos personajes que, pese a que pueda parecer que su traslado al campo va a suponer un soplo de aire fresco, se encuentran con una sociedad rural nazi, que no resulta nada fácil.

La película está recorrida por un conglomerado de figuras paternas que se entrecruzan y confunden al muchacho. Hitler como lejano y bondadoso referente, el jefe local del partido, y por último su propio padre, que pasa en poco tiempo de ser un héroe a un traidor. La confusión del muchacho es una metáfora que quiere explicar la confusión de los propios alemanes al final de la guerra, cuando se palpaba la derrota militar, por más que las autoridades castigaran deserciones o actitudes derrotistas.

 

Veredicto: Este jurado estima que la labor en la dirección del especialista en series Christian Lerch es correcta. Sin ser un virtuoso detrás de las cámaras, acomete de forma certera la recreación del mundo rural en tiempos de guerra, apoyándose en la fotografía de Tim Peter Kuhn, que  utiliza drones como recurso para las tomas del paisaje bávaro. El director intenta no caer en los clichés habituales cuando se plantea un tema tan delicado como este. Para ello procura plasmar una mirada infantil, abordando con esa inocencia propia de la edad, conflictos tan espinosos como la deserción, el fanatismo ideológico, la cobardía, el suicidio o la pertenencia de grupo, pero siempre con el freno de mano echado para no mostrar un relato edulcorado.

Igualmente podríamos calificar de correcta la aportación musical de Martin Probst, así como el trabajo interpretativo de los jóvenes actores, donde queremos resaltar a Xari Wimbaueren en el papel de Felix, vistiendo perfectamente la piel de un personaje despierto y decidido, que vive un conflicto interno entre su relación paterno-filial y la fascinación por el cautivador mundo nazi. Entre los actores adultos, deseamos destacar a la televisiva Lisa Wagner en el papel de una madre que debe guardar las apariencias ante la sociedad nazi, pero que en realidad lo único que le importa es el bienestar de su marido e hijo.

Este tribunal considera que La Sala de Cristal no pasará a la historia del Séptimo Arte, pero también cree que al espectador le va a resultar entretenida y aleccionadora, por lo que invitamos a todos los asistentes de este juicio a ir a las salas de cine y disfrutar de esta película.