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SUEÑOS DE CINE     Por Beatriz Castellón
 

CUANDO LOS ÁNGELES DUERMEN  (08.09.18)

Director: Gonzalo Bendala. Actores: Julián Villagrán, Marián Álvarez, Asia Ortega, Ester Expósito. Guionista: Gonzalo Bendala. Producción: Áralan Films, Cuando los ángeles duermen AIE. 

Germán es un hombre honrado. Tiene una hija, mujer y, aparentemente, un buen trabajo. Lo único que no va bien en su vida es que está invirtiendo demasiadas horas en sus quehaceres laborales, poniendo así en peligro sus relaciones personales.

Silvia, en cambio, está atravesando un momento vital muy turbulento. Ella es una chica excesivamente rebelde que se junta con amistades nada recomendables y que está incluso tonteando con las drogas. Parece que lo único que tiene valor para ella es su amiga Gloria.

Los destinos de Germán, Silvia y Gloria se cruzan durante una noche que cambiará radicalmente la vida de los tres y, de paso, la de la gente que les rodea. Y hasta aquí puedo leer sin destripar la película, que responde a la pregunta: ¿qué pasa cuando los ángeles duermen? Lo que sí puedo decir es que cuando los ángeles duermen, hay que tomar decisiones más difíciles de las que se toman cuando están despiertos.

No sé si todos los espectadores serán capaces de empatizar con las que aquí se toman, que era el objetivo que quería conseguir el director, guionista y productor Gonzalo Bendala con este thriller. Lo que sí sé es que Ester Expósito y Julián Villagrán consiguen, como poco, que uno pase 90 minutos muy entretenidos llenos de angustia y tensión.

 

EL ESCÁNDALO TED KENNEDY  (22.09.18)

Director: John Curran. Actores: Jason Clarke, Kate Mara, Bruce Dern, Ed Helms.  Guionistas: Taylor Allen, Andrew Logan. Fotografía: Maryse Alberti. Música: Adam Wiltzie. Producción: Apex Entertainment. 

Si hay una familia que fascina a los americanos, esa es, sin lugar a duda, la de los Kennedy. No podría ser para menos, puesto que en ellos se da tal mezcla de poder, escándalos y muertes misteriosas que ni la telenovela mejor guionizada es más interesante.

El patriarca de esta familia era Joe: un comerciante sombrío que se enriqueció con negocios ilegales durante la Ley Seca y que tenía el sueño de ver a alguno de sus hijos convertido en presidente de los Estados Unidos. Pero, aunque lo cumplió, sus anhelos se vieron truncados rápidamente. ¿Coincidencia? ¿Maldición? ¿Intereses turbios de otras personas? Posiblemente nunca se sabrá.

Sea como fuere, lo que es indiscutible es que, uno tras otro, todos los Kennedy fueron falleciendo a medida que iban alcanzando cuotas de poder. El primero fue Joseph, en un accidente de aviación sucedido durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ya había conseguido convertirse en delegado de la Convención Nacional Demócrata de 1940. Años más tarde (1963), en Dallas se produciría el magnicidio contra JFK, después de haber gobernado el país durante dos años. Tras él, sucedió el aún más oscuro asesinato de Robert Kennedy durante su campaña para la nominación a la presidencia por el Partido Demócrata. El único que no murió fue Edward Moore “Ted”, pero eso no significa que se librara de vivir uno de los capítulos más turbios y desconocidos de la familia, que le condujo incluso hasta a la cárcel y que fulminó todas sus opciones de ganar en las elecciones a la Casa Blanca. Suceso este que tuvo lugar a los pocos meses de que Ted Kennedy se convirtiera por amplia mayoría en senador de Massachusetts y se perfilara como un sólido candidato a convertirse en líder del Partido Demócrata en el aún lejano 1972. Justo de su vida y de aquella tragedia habla El escándalo de Ted Kennedy, la última película de John Curran, que aunque quizás no sea una gran película, sí permite conocer esta historia, comprender por qué quedaron tantos cabos sueltos y llegar a la conclusión de que se debió manipular a la opinión publica de manera considerable.

Los hechos sucedieron el 18 de julio de 1969. Aquel día todo estaba preparado para la diversión en el pequeño islote de Chappaquiddick. Ted Kennedy estaba disfrutando de una barbacoa regada por litros y litros de alcohol junto con algunos amigos. Después de un tiempo, Ted y Mary Jo Kopechne (una de sus ayudantes en la campaña y supuestamente amante del flamante político) subieron a un coche para ir a dar una vuelta. Pero en un momento del recorrido el automóvil cayó por un puente y se hundió en el agua. Ted consiguió salir a flote, pero ella no. Nunca se consiguió aclarar no sólo por qué no ayudó a salir a la joven, sino por qué tardó hasta diez horas en comunicar el accidente a la Policía.

Como consecuencia del incidente, Ted fue condenado a dos meses de prisión por denegación de auxilio y por abandono del lugar. Algunos dijeron que el castigo fue demasiado corto, pero para el juez, el menor de los Kennedy tendría que pagar otra condena mucho más dolorosa en la calle. Lo cierto es que jamás llegaría a presidente del país, pero el excelente trabajo de marketing que realizaron sus asesores permitió que fuera elegido como senador hasta siete veces consecutivas.

 

COLETTE   (10.11.18)

Director: Wash Westmoreland. Actores: Keira Knightley, Dominic West, Denise Gough. Guionista: Richard Glatzer, Wash Westmoreland, Rebecca Lenkiewicz. Producción: Bold Films, Killer Films, Number 9 Films, BFI Fim Fund

¿Se ha preguntado alguna vez cómo serían los libros de texto de hoy en día si desde que el mundo es mundo no se hubieran desdeñado las aportaciones de las mujeres a la Historia de la humanidad simplemente por ser mujeres? ¿De qué personajes hablaríamos hoy en día si algunos supuestamente prestigiosos científicos, artistas, literatos, etc. no se hubieran aprovechado de unas mieles del éxito que no les correspondían a ellos, sino a sus esposas? ¿No sería bonito poder enseñar a nuestras niñas que en la Historia hay muchos más nombres de mujeres de los que siempre nos han enseñado y que en realidad tienen muchos más referentes en los que fijarse de lo que nunca nos han contado?

Y, quizás a usted, que me lee, después de haber visto cómo he empezado la crítica, se le esté pasando otra pregunta por la mente: ¿qué le ha pasado a esta muchacha hoy para que me esté soltando esta parrafada feminista en vez de haciendo una crítica de cine como debería hacer? Pues, simplemente, que me he enamorado. De una mujer y de la película biográfica que me la ha dado a conocer.

La mujer a la que ya jamás podré olvidar se llamaba Sidonie–Gabrielle Colette, interpretada en la película de forma magistral por Keira Knightley. ¿Y quién era ella y por qué he caído rendida a sus pies? Pues fue una de esas mujeres innovadoras, guerreras, valientes y libres que pusieron granazos de arena para que las mujeres de hoy podamos vivir en condiciones mucho más dignas e igualitarias de las que tuvieron que soportar nuestras antepasadas de finales del siglo XIX y principios del XX.

En la película -que solo nos cuenta una parte de su vida-, se nos presenta a una adolescente amante de la naturaleza y enormemente culta criada en los campos de la Borgoña. Allí conoció a un escritor, apodado Willy, quince años mayor que ella, del que se enamoró y con el que posteriormente se casó.

Sin embargo, digamos que Colette no tuvo muy bien ojo escogiendo marido. Puesto que Willy era un mujeriego que le ponía los cuernos con toda mujer que se le ponía a tiro y que se gastaba el poco dinero que ingresaba con sus escritos -o con los que le escribían sus escritores fantasma, a los que tampoco pagaba-, en mujeres y en vicios. Todo esto, por supuesto, a espaldas de su esposa.

Después de todo el derroche, llegó un día en el que las personas que escribían para él se negaron a seguir trabajando si no cobraban y, como no podía, se le ocurrió una gran idea: poner a escribir a Colette. Aquello fue todo un éxito. El público francés agotó enseguida los libros de su primera obra -titulada Claudine- y demandaba más. Willy vio entonces una forma facilísima de ganar dinero y pese a que Colette -que por entonces ya se había enterado de la joya que tenía por marido- no quería seguir escribiendo, Willy la obligó, incluso utilizando para ello estrategias que hoy consideraríamos dentro de los malos tratos. A cambio, eso sí, una vez que había terminado de escribir, tenía una vida muchísimo más libre de la que disfrutaban muchas mujeres de su tiempo. Pero Colette no era feliz y, ya hemos dicho que era una valiente, así que luchó con todas sus fuerzas para liberarse de sus cadenas, y con su lucha se consagró como la mujer más libre de la Francia de su época, convirtiéndose, por el camino, en todo un ejemplo de vida para las jóvenes de varias generaciones.

 

JAULAS   (01.12.18)

Director: Nicolás Pacheco. Intérpretes: Estefanía de los Santos, Marta Gavilán, Antonio Dechent. Guionista: Nicolás Pacheco. Fotografía: Alejandro Espadero. Música: Pablo Cervantes. Producción: Suroeste Films, Spal Films.

Hace diez años, en el sevillano barrio de los Berjamales se asentaba un poblado chabolista compuesto por veinticuatro familias. Pero el ayuntamiento de la ciudad tenía planes especulativos con esos terrenos y querían deshacerse, como fuera, de las personas que allí vivían. Lo intentaron varias veces y de distintas maneras. Al final, no tuvieron más remedio que indemnizar a las familias a cambio de ser desalojadas. Esta historia real es la que ha utilizado el director y guionista Nicolás Pacheco como marco narrativo de Jaulas, su ópera prima. En este contexto sitúa el relato -este ya sí ficticio- de una película compleja en la que se entremezclan el thriller, el drama social y la tragedia.

Desde la perspectiva del drama social, representa una familia totalmente desestructurada y la imposibilidad de huir de la violencia (de género y doméstica) que ejerce uno de los miembros sobre los demás. Esta familia estaría formada por el padre (patriarca del poblado), la madre, la hija de ambos y el hermano con discapacidad intelectual de la mujer. De ellos, el hermano, que tenía como profesión imitar el canto de los pájaros, escapa atemorizado tras perder una competición de trinos. A él le tratará de seguir la hija, por amor y a ella se le unirá una madre cansada de aguantar los golpes.  

Como thriller, la cinta comienza cuando los empleados del ayuntamiento de Sevilla llegan al poblado e indemnizan a cada uno de sus miembros para que se vayan de esos terrenos. Pero uno de los pobladores decide entregar el dinero al patriarca. Ese dinero, junto con el que le habían entregado a la familia, será robado por la mujer en el momento de la huida. Por este motivo, serán perseguidas continuamente.

Y uniendo toda la película se encuentra una poderosa imagen visual: la de los pájaros enjaulados. Con esta metáfora, Nicolás Pacheco ha querido representar el mundo interior de unos personajes que luchan continuamente por tratar de cambiar su destino. Imagen que, por cierto, acabará desembocando en un final enormemente trágico y estremecedor.

 

GENEZIS   (12.01.19)

Director: Árpád Bogdán. Intérpretes: Milán Csordás, Anna Marie Cseh, Eniko Anna Illesi, Guionista: Árpád Bogdán. Fotografía: Tamás Dobos. Música: Mihály Víg. Producción: FocusFox Studio, Mirage Film Studio.

En estos tiempos tan revueltos que estamos viviendo, tal vez venga bien conocer los estragos que ciertas ideologías extremistas están causando desde hace años en algunos rincones de Europa. Quizás así aprendamos algo y podamos cambiar algunos comportamientos. Tal vez de este modo seamos capaces de no repetir el final de un cuento que ya deberíamos saber de memoria cómo acaba.

Con este propósito, el director húngaro Árpád Bogdán ha convertido su segunda película -la primera que llega a España- en un espejo de la realidad de su país. Y digamos que esta no es precisamente buena.

Más o menos, por contarlo resumidamente, la población de aquel país está dividida en dos grupos ideológicos. Por un lado, está una nutridísima masa de personas que apoyan a Viktor Orban, considerado el hombre más peligroso de la Unión Europea. Orban se convirtió en Primer Ministro en 2010 y desde entonces ha aplicado una serie de reformas extremadamente radicales para convertir a Hungría en lo que él llama “una democracia liberal”. Por otro lado, está una minoría que se opone a sus políticas y suele sufrir las consecuencias de tal oposición. Dentro de ellos, los más perjudicados son los romaníes, a los que grupos neonazis estás asesinando sin piedad y sin demasiadas consecuencias.

Pero un hombre capaz de atemorizar a la Unión Europea no llegó al poder de la noche a la mañana. Todas las historias tienen su génesis. Y la de cómo alguien tan dañino como él ha sido capaz de alzarse su posición es lo que se muestra en esta película, tan local y tan universal al mismo tiempo.

Sin embargo, Bogdán no se sentía capaz de abordar el tema con la precisión de un historiador. Por ello, ha preferido hacerlo recreando e hilvanando tres historias reales ocurridas en 2008 – 2009. La primera -seguramente basada en unos hechos acaecidos el 23 de febrero de 2009, pero alterados para añadirle un mayor dramatismo no necesario- narra la historia de un niño gitano que ve truncada su felicidad después del acoso al que es sometida su familia por parte de grupos neonazis. La segunda recrea cómo una joven embarazada descubre que su pareja pertenece a una agrupación paramilitar y la manera que tiene de reaccionar ante ello. Finalmente, la tercera, está narrada desde el punto de vista de una abogada atormentada a la que se le encarga la defensa de uno de estos agresores.

El resultado de mezclar esos tres relatos es un largometraje inquietante, angustioso y claustrofóbico por la dureza de los hechos que narra y porque no se ha ahorrado violencia a la hora de transmitirlos. Por si fuera poco, da la sensación de que se han eliminado detalles que seguramente sean conocidos por el público magiar, pero no por el resto de los espectadores. Sin embargo, es una película tan actual, cumple tan bien su función de espejo y transmite tanta verdad que su visionado resulta muy interesante.

 

SOFÍA   (02.02.19)

Directora: Meryem Benm’Barek. Intérpretes: Faouzi Bensaïdi, Maha Alemi, Sarah Perles, Lubna Azabal, Hamza Khafif. Guionista: Meryem Benm’Barek. Fotografía: Son Doan. Producción: Curiosa Films, Versus Production.

Dice Leila Slimani en Sexo y mentiras: la vida sexual en Marruecos (interesantísimo libro que me ha ayudado mucho a contextualizar esta película) que la marroquí es una sociedad mojigata, maniquea e hipócrita con un grave problema de represión sexual.

Pero, como es habitual, esos problemas son muchísimo más graves si se pertenece a un grupo social oprimido. No es lo mismo ser un hombre con dinero que pertenecer a un colectivo minorizado (homosexual, mujer, pobre…). Es decir, si uno es hombre hetero con capacidad económica suficiente para comprar un piso donde mantener esas relaciones -o incluso para sobornar a la Policía si es necesario- no sólo no tendrá problemas, sino que la sociedad le invitará a ser todo un semental. La cosa, en cambio será muy distinta si se es mujer, puesto que ellas deberán guardar la honra familiar -que se encuentra en su virginidad-.

Esta situación genera miedo y frustración, que acaba desembocando en una gran violencia. Violaciones, abandonos de neonatos, suicidios, muertes ligadas a abortos clandestinos… son demasiado frecuentes en el país norteafricano. Para solucionar este conflicto, según muchos intelectuales árabes, hay que empezar por liberar la palabra; por poner espejos en los que la sociedad marroquí pueda mirarse y que puedan generar debate. Pero las consecuencias de hacerlo pueden ser tremendamente graves. Por eso -independientemente de su calidad-, son tan importantes largometrajes como Sofia, la ópera prima de Meryem Benm’Barek.

Sofia cuenta la historia de una chica normal -según los parámetros marroquíes- de veinte años. Es obediente, no se mete en líos, no frecuenta hombres… Sin embargo, un día, sucede algo terrible: a pesar de que no se había enterado hasta ese momento de que estaba embarazada, acaba de romper aguas. Así se lo confirma su prima médica, que estaba en ese momento con ella y que le hace el primer reconocimiento.

Aunque visto desde Occidente la negación del embarazo puede parecer algo extrañísimo, en aquel país no lo es en absoluto. Y es que quedarse embarazada estando soltera supone gravísimos problemas de diversa índole, tanto para los amantes como para los que le traten de ayudar. Por eso, el primer problema que deberán enfrentar las primas es encontrar algún lugar en el que pueda dar a luz en unas mínimas condiciones de salubridad. Al final lo conseguirán gracias a un médico que se decidirá a exponerse a cambio de que a las pocas horas de dar a luz abandonen el hospital.

Solucionado esto, la segunda cuestión que tendrán que resolver será el destino del bebé. Sólo hay tres opciones: conseguir que el padre lo reconozca, abandonar al pequeño o que Sofía se convierta en madre soltera. Lo primero que intentan las primas es que Omar -el varón con el que Sofía supuestamente ha tenido relaciones- se haga cargo de la pequeña. Sin embargo, al no conseguirlo en un primer intento, se verán tentadas a desentenderse de la recién nacida depositándola entre cartones, como hacen cerca de 9.000 mujeres marroquíes todos los años. Aunque en un arranque de humanidad de la prima de Sofía, la joven decidirá hacer frente a las consecuencias familiares y legales de aquel embarazo.

Las consecuencias familiares son la deshonra de la familia. Pero ya no solo porque la joven haya tenido relaciones sexuales sin estar casada -recuérdese que la honra familiar está en la virginidad femenina-. Es que, además a esto hay que añadir que éstas han sido con un joven de clase social bastante más baja que la de la chica. Incluso esto segundo es peor que lo primero, como afirmará el padre de la joven madre. Y es que, con el enorme clasismo que hay en el país, se ha de procurar que las bodas sean entre iguales o, al menos, que estas sirvan para ascender socialmente. Motivo por el cual, aunque Omar niegue haber tenido las relaciones sociales que afirma Sofía, la familia del varón está mucho más dispuesta a creerla a ella.

Lo último a lo que tendrá que enfrentarse Sofia será a la ley. Puesto que en virtud del artículo 490 del Código Civil de aquella nación, tener relaciones extramatrimoniales está penado con entre un mes y un año de cárcel. Está incluso más castigado que violar a una mujer si luego uno está dispuesto a casarse con ella y a reconocer el fruto nacido por su delito y la familia de la mujer acepta. Eso sí, uno puede escapar de la pena de vulnerar el artículo 490 si se es dadivoso con la familia del juez y de la Policía.

¿No le parece todo maravilloso? Pues si quiere acercarse a la película y en este punto no le ha ardido suficientemente la sangre, no se pierda el final. Fantástico. Especialmente si se tiene en cuenta que la película tiene ante todo una función mimética.

Así que, ya sabe. Si quiere ver una película ligera, definitivamente no es su película. Pero si le interesa apoyar proyectos valientes y comprometidos donde priman los mensajes de denuncia social y que le permitan asomarse a otras realidades, posiblemente sea de su interés.

 

GREEN BOOK   (23.02.19)

Director: Peter Farrelly. Intérpretes: Viggo Mortensen, Mahershala Alí, Linda Cardellini. Guionista: Nick Vallelonga, Brian Currie, Peter Farrelly. Producción: Universal Pictures, Participant Media, DreamWorks SKG, Innisfree Pictures, Wessler Entertainment.  

 Algunos relatos familiares no se pueden quedar encerrados entre las cuatro paredes de una casa. Hay que dejar que todos los conozcan y aprendan de ellos. Porque, aunque se expongan de un modo concreto, el mensaje de fondo es muchísimo más universal.

Esa lección que subyace de la película es que el mundo no lo construye un loco que un día se levanta y declara una guerra, ni un político ingenioso con una ley innovadora. No. Lo construimos usted, yo y el vecino del quinto. Y lo volvemos mucho más hermoso cuando vencemos los prejuicios y nos atrevemos a conocer al diferente.

De eso habla la película de carretera Green Book. Y para hacerlo, nos pone un espejo delante. Uno que nos lleva a los Estados Unidos de los años 60.

Por aquel entonces, el rudo italoamericano Tony “Lip” Vallelonga trabajaba en un club, a veces haciendo tareas no exentas de violencia. Pero un día el local cierra y hay que ganarse la vida. Así que Tony no tendrá más remedio que aceptar un encargo que le hará enfrentarse a sus prejuicios. Deberá convertirse en el chófer / guardaespaldas de Don Shirley en su próxima gira por el sur del país estadounidense.

¿Y que quién era Don? Pues un virtuoso pianista afroamericano, de costumbres y modales muy refinados. Y que, para más señas, era homosexual. Vamos, que tenía el paquete completo para no encajar en la América de su época y para que a Tony le resulte un reto convivir con él.

Sin embargo, pese a que no podían ser más distintos, a ambos les une su empatía y su buen fondo. Así que el viaje irá transformando a Vallelonga y a Shirley y forjando una amistad que se volverá más profunda con cada kilómetro recorrido. Esto será fundamental para la supervivencia del músico, porque, aunque sobre los escenarios se le respetara, no sucedía lo mismo cuando se bajaba de ellos. Y, aunque solían seguir las recomendaciones del “libro verde”, una guía en la que se indicaban los lugares donde las personas negras eran bien acogidas, el racismo de la sociedad de su época le deparará algún que otro mal rato.

Esta comedia, quizás un poco previsible pero en cualquier caso deliciosa, ha sido nominada a cinco Oscars muy merecidos: mejor actor (Viggo Mortensen), mejor actor secundario (Mahershala Ali), mejor película, mejor guion original y mejor montaje. Pronto sabremos cuántos de ellos consigue ganar. Lo que es seguro es que ya ha entrado en la lista de esas películas bonitas y positivas que casi todo el mundo disfruta viendo.

 

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO   (09.03.19)

Director: Mimi Leder. Reparto: Felicity Jones, Armie Hammer, Kathy Bates, Sam Waterston, Justin Theroux. Fotografía: Michael Grady. Música: Mychael Danna. Producción: Participant Media, Focus Features y Amblin Partners.

Si hubiera nacido hace cincuenta años, antes de publicar una sola línea, tendría que pedirle permiso a mi padre o a algún marido. Si lo hubiera hecho un siglo antes, lo más probable es que no hubiera podido ir a la universidad. Y si se me hubiera ocurrido venir a este mundo hace dos, seguramente no sabría ni escribir.
Si puedo vivir cada día una vida plena y feliz siendo mujer, es porque muchas de mis antepasadas pelearon duramente toda su vida (a veces perdiéndola por el camino) por ello. Por este motivo, y ya que el texto se va a publicar el Día de la Mujer, necesito empezar diciendo GRACIAS a todas las que me precedieron. Ojalá pudiera rendir homenaje a todas y cada una de ellas, pero, como no es posible, al menos que la reseña de hoy sirva para animar a ver una película biográfica sobre otra de esas extraordinarias guerreras que nos hizo la vida mucho más fácil.
La película concretamente es Una cuestión de género y la mujer a la que nos permite descubrir es Ruth Bader Ginsburg. Con este largometraje podremos acompañar a una de las juezas y juristas que más han contribuido a que las leyes de Estados Unidos sean cada vez más igualitarias. 
La cinta arranca en 1956, en Harvard. Solo hace seis promociones que la universidad acepta mujeres en sus aulas y Ginsburg -interpretada por Felicity Jones- se convierte en una de las nueve primeras que entraron en aquel mundo de hombres. A su lado, seiscientos hombres, que la miran como a un bicho raro, quizás pensando: “¿Y esta qué hace aquí en lugar de en una cocina?” y con unos profesores que la ignoraban sistemáticamente. Pero, a pesar de ello y de tener que compatibilizar los estudios con su papel de madre y esposa de un hombre que llegó a tener graves problemas de salud, un lustro más tarde, Ginsburg se licenció siendo la mejor de su promoción.
Así que, una vez con su título debajo del brazo, llega la etapa más dolorosa y con la que más fácilmente se puede identificar creo que casi cualquier mujer: la de buscar trabajo y ver cómo puestos que se nos cierran a nosotras, se abren para hombres con menos formación y capacidad. Así que, a pesar de tener innumerables méritos, al final, el único trabajo que pudo obtener fue aquel que ningún hombre con su formación quiso realizar: ser profesora de Derecho. 
Pero, a pesar de la frustración de que no le dejaran ejercer la abogacía, Ginsburg trató de llevar su papel de profesora con la mayor dignidad posible y educó en materia de igualdad legal a varias generaciones.
Hasta que en 1970 llegó su momento. Lo hizo a través de un caso tributario que llegó a manos de Marthy -el marido de Ruth, también abogado-. En él había un caso de discriminación por cuestión de sexo y Marthy -reflejo del perfecto aliado- supo cómo jugar las cartas para ganar y hacer justicia de una vez por todas.
Ese caso marcó una etapa por la igualdad ante la ley en Estados Unidos y el inicio de una nueva y fulgurante etapa profesional para Ginsburg. Un caso que, dicho sea de paso, jamás se hubiera ganado sin la sororidad de Jane -la hija de Ruth-, ayudándola a comprender que los tiempos cambian y que nosotras los hacemos cambiar.
Una cuestión de género es una película quizás convencional, pero desde luego inspiradora y necesaria. Porque sólo conociendo la labor de nuestras “madres” y sabiendo que es posible evolucionar, podremos ponernos a ello y sólo observando a nuestras “hijas” podremos trazar mejor el camino. Un sendero que será mucho más agradable con aliados como Marthy, pero en el que sobran todos los que no son como él.

 

DESTROYER. UNA MUJER HERIDA   (23.03.19)

Directora: Karyn Kusama. Reparto: Nikole Kidman, Toby Kebbell, Tatiana Maslany, Sebastian Stan. Guionista: Phil Hay, Matt Manfredi. Fotografía: Julie Kirkwood. Producción: 30 West, Automatik Enterteinment.

Cuando la agente Erin Bell acude al escenario de un crimen cometido en Los Ángeles, sabrá inmediatamente quién está detrás. No necesitará nada más que un billete con manchas lilas y un tatuaje en la nuca del cadáver.

Y es que hay cosas que no se pueden olvidar fácilmente, por mucho que una lo intente. Por mucho que haga lo posible por curar las heridas, siempre quedarán las cicatrices, las físicas y, lo que es aún peor, las emocionales. De eso sabe bastante Erin, que, pese que parece que ha hecho lo posible por eliminar un tatuaje -curiosamente bastante similar al del muerto que acaba de ver y hecho en la misma zona-, no parece encontrar solución a su vida atormentada, ni mucho menos a qué hacer para que sus laceraciones no afecten aún más a su hija adolescente. 

Pero parece ser que por fin ha llegado la hora de enfrentarse a los demonios del pasado, para lo que tendrá que resolver el caso presente. Así que a partir de aquí se abre una estructura narrativa con dos hilos argumentales.

Uno nos lleva dieciséis años antes, al primer caso que vivió Erin como policía infiltrada dentro de una banda de atracadores de bancos. A unos tiempos en los que corría la droga y el alcohol, aunque también el amor, a pesar de todo.

El otro conduce hasta el presente de los miembros de la banda, que siguen siendo la “crème de la crème” de la sociedad, pero ahora con otros ropajes (traficantes de armas, abogados corruptos, predicadores locales…).

Sin embargo, aunque Destroyer. Una mujer herida aborda principalmente el tema de los remordimientos, la corrupción y el crimen, también hay momentos muy líricos.  

Por último, no podría terminar esta reseña sin señalar el importante peso que tienen las mujeres tanto delante como detrás de las cámaras. Delante porque prácticamente todo el peso del largometraje recae sobre Erin Bell -interpretada fantásticamente por una casi irreconocible Nicole Kidman-. Los hombres que aparecen (algunos incluso solo por voz) o son para preguntar dónde se ha metido, para darle pistas acerca de cómo encontrar a otros miembros de la banda o como el padre de su hija adolescente.

Protagonismo femenino que, como decimos, también se da detrás de las cámaras, puesto que, además de ser mujeres la encargada del montaje y la directora de fotografía, Karyn Kusama (Girlfight y The invitation).

 

CONOCIENDO A ASTRID   (06.04.19)

Directora: Pernille Fischer Christensen. Reparto: Alba August, Trine Dyrholm, Björn Gustafsson, Magnus Krepper. Guionista: Kim Fupz Aakeson, Pernille Fischer Christensen. Fotografía: Erik Molberg Hansen. Producción: Nordisk Film Production Sverige AB, Avanti Film, DCM Productions, Det Danske Filminstitut, Film I Väst, Nordisk Film Production.

Conociendo a Astrid es una película biográfica que seguramente interesará a los que fueron niños en los años 70 y 80, puesto que acerca a la creadora de uno de los personajes más queridos de la televisión de aquella época, más concretamente a la “madre” de Pippi Calzaslargas.

Sin embargo, creo que hay que empezar haciendo un par de avisos para navegantes. El primero, que nadie se acerque a Conociendo a Astrid pensando que se va a reír y que se lo va a pasar tan bien como viendo o leyendo las ocurrencias de aquella niña pecosa de tiesas trenzas pelirrojas. Porque no. La vida de Astrid Lindgren, como la de toda mujer que se atrevía por aquel entonces a saltarse las reglas de lo establecido, no fue precisamente un camino de rosas.

La segunda, que no es una película sobre cómo se gestó la famosa obra de la literatura infantil. Quien haya visto la serie será capaz de identificar el espíritu de este personaje a lo largo de la película; al que, además, haya leído el libro, algunas frases del final le resultarán familiares.  

Pero Pippi no aparece mencionada expresamente ni una sola vez. No era algo que le interesara a Pernille Fischer Christensen. Ella quería indagar en una etapa vital anterior al nacimiento de los grandes títulos que darían fama a Lindgren.

Pernille había leído varias biografías sobre Lindgren y no era capaz de sacarse de la cabeza las dudas que le suscitaba el leer acerca de su autora favorita. Algunas de esas cuestiones eran: ¿Por qué una mujer de principios de siglo XX prefiere ser madre soltera que casarse con el padre de su hijo? ¿Por qué alguien que es capaz de escribir relatos tan alegres y vitalistas tuvo una apariencia tan demacrada y taciturna durante parte de su vida? ¿Cómo alguien que había sido madre soltera en aquella época -algo tan mal visto hasta prácticamente antes de ayer- consiguió convertirse en referente para los niños de varias generaciones?

Y aunque no ha sido fácil encontrar las respuestas, cogiendo datos de un lado y otro, Pernille Fischer Christensen ha conseguido recrear la adolescencia de la autora, con su rebeldía, su primer trabajo, su primer amor, su accidentadísima primera maternidad, su romper con todo para defender a lo más importante de su vida y cómo, finalmente, el karma hizo su trabajo y puso todo en su sitio.  

Pero no diré más para no destripar la película. Así que, si usted también se plantea los mismos interrogantes que hemos planteado, tendrá que ver este conmovedor largometraje que habla de la brutal represión que sufrieron las mujeres que hace un siglo se atrevieron a romper las reglas, de traiciones y secretos, pero también de valentía, sororidad y mucho amor.  

Para terminar, un par de consejos. El primero: no se olvide los pañuelos en casa, le harán falta. El segundo: si es de los que vio la serie, pero no leyó el libro, hágalo; es mucho mejor.

 

EL HIJO DEL ACORDEONISTA   (27.04.19)

Director: Fernando Bernués. Reparto: Aitor Beltrán, Iñaki Rikarte, Frida Palsson, Eneko Sagardoy.  Guionista: Patxo Tellería. Fotografía: Gonzalo Fernández-Berridi.  Producción: Abra Producciones, ETB, Tentazioa.

En los últimos tiempos el cine en euskera se había convertido en sinónimo de películas humildes, pero de bastante calidad. Entre ellas cabe citar la deliciosa y divertidísima Kutsidazu bidea, Ixabel, dirigida, al igual que esta cinta, por Fernando Bernués y que estoy segura de que toda persona que me lea desde Euskadi o que haya estudiado alguna vez el idioma regional conocerá.  

A esto hay que sumar que las adaptaciones cinematográficas que hasta el momento se habían elaborado de los libros de Bernardo Atxaga -el escritor actual más conocido de las letras eusquéricas- habían dejado bastante buen sabor de boca, en especial la notable Obaba de Montxo Armendáriz.

Quizás por los dos motivos que acabo de mencionar, El hijo del acordeonista, a pesar de ser una película correcta, crea cierta decepción. No es un mal film, simplemente tenía el listón muy alto y no ha sido capaz de llegar a él. 

Sin embargo, posiblemente para el equipo que hay detrás de este drama, los aspectos cinematográficos hayan sido secundarios y hayan preferido dar más importancia a un mensaje sociopolítico de gran importancia. Concretamente, el de que, aunque ETA ya no mate, hay que arreglar las tensas relaciones que se siguen manteniendo en el País Vasco. Y, para llegar a sanar algún día las hondas heridas que dejó la barbarie, hay que empezar por mirarlas de frente, por recordar cómo empezó todo y por dialogar sobre ello. Por eso El hijo del acordeonista invita a mirar a la Euskadi del siglo XX. Eso sí, mediante muchísimas metáforas.

Para ello, Fernando Bernués nos conduce hasta una Obaba (el Macondo euskaldun donde Atxaga localiza todos sus relatos), que en este caso es símbolo de esos pueblos vascos grandes e industrializados donde nacieron muchos de los jóvenes que acabaron nutriendo las filas de la banda terrorista. Muchachos, representados por David Imaz, que no tenían realmente una gran ideología política, pero sí un fuerte apego a unos paisajes, una lengua y unas costumbres que cada día sentían más amenazadas por la violencia que ejercían los franquistas. Chavales que entre la represión de la época y los cantos de sirena de personas que les decían cómo podían contribuir a defender lo que amaban, acabaron atrapados dentro de un salvajismo que más tarde rechazarían y que les dejaron unas laceraciones bastante profundas. Pero que, al mismo tiempo, generaron una sociedad llena de muerte y dolor, de secretos y traiciones, de culpabilidades y silencios incómodos que algún día habrá que sanar, como finalmente consiguen hacer en la película los amigos -otrora terroristas-, David Imaz y Joseba Altuna, para poder hallar la verdadera paz. Desde este punto de vista, invito a todos los vascos que sientan que ha llegado la hora de dialogar y también a quienes estén vinculados de algún modo con aquella tierra a que se acerquen a esta película, que puede ayudar a generar conversaciones mucho más enriquecedoras que su visionado en sí.

Dicho esto, también hay que señalar que El hijo del acordeonista fue escrito en un periodo en el que ETA estaba dando sus últimos coletazos, pero en el que aún causaba daño -de hecho, aún asesinaron a varias personas hasta casi una década después de que Atxaga publicara su libro-. No era, por tanto, el momento adecuado para abordar de frente la cuestión, por lo que la obra del novelista guipuzcoano se quedó en un bosquejo, eso sí, de gran valentía, sobre el asunto. Este puede rellenarse habiendo vivido -o conociendo- ciertos acontecimientos, pero puede desconcertar a alguien al que aquella realidad le resulte más lejana. Afortunadamente, las cosas han cambiado en los más de quince años que separan la publicación del libro de Atxaga y la adaptación de Fernando Bernués y en el mercado han ido apareciendo películas y libros muchísimo más claros y directos. Por tanto, para quien quiera tener un primer acercamiento a aquella realidad, quizás no sea la obra más indicada; si bien sabiendo más sobre aquellos sucesos, puede resultar interesante.

 

VITORIA 3 DE MARZO   (11.05.19)

Director: Víctor Cabaco. Reparto: Ruth Díaz, José Manuel Seda, Alberto Berzal, Mikel Iglesias, Amaia Aberasturi, Oti Manzano. Guionista: Hector Amado, Oskar Bañuelos. Fotografía: Gaizka Bourgeaud. Producción: Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, ETB, Gariza Films, ICAA, Sonora Estudios.

Me cuentan mis mayores que existió un tiempo en el que, después de muchos años de dictadura, en el país empezaba a oler a libertad. Entonces, muchos jóvenes se echaron a la calle para reclamar derechos; para ellos, para todos. Y fue en ese momento en el que descubrieron con horror que la libertad aún quedaba lejos. Por aquel entonces, varios estuvieron en el borde de la muerte, otros, directamente fueron asesinados por aquellos que vivían demasiado bien para querer transformaciones y por los grises, su brazo ejecutor. Me cuentan que eso fue realmente la Transición, y no el relato edulcorado que salía en los libros de Historia de los que vinimos después.

Y todo esto me lo relataron después del impacto que me causó ver la angustiosa y claustrofóbica Vitoria, 3 de marzo. Una película complicadísima de reseñar, porque es de esos films que conmociona y deja sin palabras y hasta sin aliento.

En ella, el director Víctor Cabaco, debutante en el cine, pero con amplia experiencia en la televisión, nos conduce hasta la capital vasca para hablarnos de la conocida como Matanza del 3 de marzo. Por aquel entonces, tras muchos meses de protestas para exigir un aumento del salario y mejores condiciones laborales, se convocó un día de huelga general. Desde el poder, esto se vivió con gran preocupación, puesto que tenían miedo a que la intensidad con la que estaban viviendo los vitorianos estas reivindicaciones pudiera contagiarse a otros lugares del país, por lo que trataron de frenar el paro de todas las maneras posibles durante los días previos. Sin embargo, los obreros de Gasteiz no estaban dispuestos a abandonar sus pretensiones y el 3 de marzo abarrotaron la iglesia de San Francisco, en el barrio de Zaramaga, uno de los más populosos y humildes de la capital alavesa. Hasta las inmediaciones se trasladaron también numerosísimos miembros de la Policía Armada con la intención de disolver la asamblea obrera. Cosa que únicamente consiguieron mediante el lanzamiento de numerosas bombas de humo dentro de la iglesia, provocando una confusión y un revuelo todavía mayor. Y, para resolver la situación que acababan de crear solo vieron una solución: el uso de munición real. A causa de ello, murieron cinco trabajadores. El mayor de ellos tenía 32 años, el menor tan solo 17.

Para hacer esta película, el equipo que hay detrás se ha basado bastante fielmente en un informe que elaboró el Gobierno Vasco para tratar de esclarecer unos hechos que aún siguen guardando bastantes sombras. Pero no querían elaborar un documental, porque su intención era impactar en los espectadores más jóvenes y que se les quedara guardada en el recuerdo, por aquello de que “el pueblo que olvida su historia está condenada a repetirla”. Así que decidieron que un thriller, con personajes que representaran bien la época, pero con los que el espectador se pudiera identificar fácilmente sería más adecuado para conseguir sus fines, pero sin renunciar por ello a las grabaciones de la policía reales de aquel día.

El resultado de esas pretensiones son 90 minutos en los que es imposible apartar la mirada de la pantalla, a pesar del malestar que ello provoca, y una historia muy difícil de digerir, que estoy segura de que será difícil que se borre.

 

TU FOTOGRAFÍA   (07.09.19)

Director: Ritesh Batra. Guionista: Ritesh Batra. Reparto: Nawazuddin Siddiqui, Sanya Malhotra, Abdul Quadir Amin. Producción: Poetic License Production, Film Science, Pola Pandora Filmproduktion, KNM.

Tras el paréntesis que supuso en su carrera películas como El sentido de un final o Nosotros en la noche, el director indio Ritesh Batra retoma la senda cinematográfica iniciada con The Lunchbox.

Al igual que la anterior, la deliciosa y tierna Tu fotografía es un drama romántico que aborda las complicadas relaciones sentimentales que se producen en su país.

Para contextualizar el largometraje, diremos que en la India se efectúan cerca de diez millones de bodas al año. Diez millones de casamientos concertados por las familias de unos novios que no se aman y, a veces, ni se conocen. Y más vale que los padres de los futuros esposos hagan la elección correctamente, porque en aquella sociedad se considera que el matrimonio es un compromiso de por vida y el divorcio (que solo se da en el 1% de los casos) es considerado una desgracia que ensucia el nombre de toda la familia. Al mismo tiempo, la soltería está también cargada de bastantes connotaciones negativas.

Estas coordenadas son en las que se desarrolla Tu fotografía. En ella, Nawazudin Siddiqui (uno de los más prestigiosos actores de Bollywood y que ya estaba presente en The Lunchbox) interpreta a Rafi, un fotógrafo callejero de Bombay que quiere permanecer soltero para poder dedicarse en cuerpo y alma a una profesión que le apasiona. Sin embargo, los años se le van echando encima y, como señalaba anteriormente, ser soltero en la India pasados los treinta es prácticamente un suicidio social, además de una deshonra familiar. Por ello, todos los que rodean a Rafi le insistirán para que abandone sus pretensiones y contraiga matrimonio. Situación que se volverá especialmente angustiosa cuando su abuela Dadi abandone incluso su medicación para presionar con más fuerza a su nieto.

Por supuesto, Rafi no quiere que le pase nada a su amada abuela, pero tampoco le gusta la opción de dejar de lado sus sueños para casarse. Así que, para tratar de salir del paso, convence a Miloni, una tímida joven que conoce en una mañana de trabajo, para que se haga pasar por su prometida.

Una Miloni que, en esos momentos está viviendo, con escaso convencimiento y nulo entusiasmo, el ritual tradicional de que sus padres le escojan el marido adecuado. Así que, al mismo tiempo que conoce a la familia de su futuro esposo y, posteriormente, tiene los escasos contactos permitidos en aquellos lares con este, se plantea si no habrá algo diferente para ella. Pensamientos que se vuelven cada vez más recurrentes cuanto más tiempo pasa ayudando a Rafi a engañar a su abuela.

Rafi y Miloni emprenderán así un camino que les enseñará mucho mutuamente, especialmente del amor, pero también de las diferencias sociales y de la religión, hasta desembocar en un inesperado final.

 

LOS AÑOS MÁS BELLOS DE UNA VIDA   (21.09.19)

Director: Claude Lelouch. Reparto:  Jean–Louis Trintignant, Anouk Aimée, Souad Amidou, Antoine Sire, Guionistas: Claude Lelouch, Valérie Perrin. Fotografía: Robert Alazraki. Música: Calogero, Francis Lai. Producción: Les Films 13.

Tras una larga vida de trabajo, Claude Lelouch tiene una extensa filmografía, en la que destacan títulos como: Los unos y los otros, La aventura es la aventura o Testigo de excepción. Sin embargo, ninguna de sus películas le dejó una huella tan profunda como Un hombre y una mujer (1966). Y no es de extrañar, puesto que no solo le valió una Palma de Oro en el Festival de Cannes y dos premios Oscar (mejor película de habla no inglesa y mejor argumento y guion escritos directamente para la pantalla) sino que con ella marcó a varias generaciones.

Pero a pesar de todos los éxitos cosechados y de que hoy la película sea considerada uno de los clásicos de la Historia del cine, a Claude Lelouch le faltaba poner un final a aquella historia de amor entre la script Anne Gauthier y el piloto de carreras Jean–Louis Duroc. Uno del que no se arrepintiese -como ya le pasara con la entrega de 1986- y que sirviera como testamento cinematográfico de todo un equipo.

Para ello el cineasta reunió a los protagonistas (Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée) y les pidió que, mediante diálogos improvisados, mostraran su visión acerca del paso del tiempo y cómo ha ido evolucionando su concepción del amor en los más de cincuenta años que separan ambas películas.

El largometraje muestra cómo los años han ido destruyendo al entonces vital piloto de carreras Jean Louis Duroc, que ahora está preso de la enfermedad, sin apenas movilidad y que pasa lo días entre sueños, poemas y recuerdos de su breve historia de amor con Anne Gautier.

Anne, por su parte, es ahora una mujer madura con una vida tranquila que ve pasar el tiempo cuidando de una pequeña tienda y compartiendo sus anécdotas existenciales con su joven nieta.

Sin embargo, la tranquila vida de Anne se agitará con la inesperada visita de Antoine, el hijo de Jean Louis Duroc -un pequeño niño cuando el romance tuvo lugar y hoy ya todo un hombre-, que decide buscarla para pedirle que visite a su padre por última vez, con la intención de que puedan reconciliarse con una historia que no acabó bien.

Juntos recordarán el pasado (utilizando escenas de la antigua película), revivirán algunos de sus momentos más felices y se plantearán cosas como si realmente la fidelidad es tan importante como se piensa en la juventud o no, en qué consiste el amor verdadero, si merece la pena perdonar…

En definitiva, pasado y presente se irán uniendo con los hilos del amor, la ternura y la madurez, llegando a un final seguramente no tan del gusto del público y de la crítica como la cinta original, pero al menos sí lleno de dignidad.