UN TIPO CON SUERTE (Autobiografía novelada)   Rafael Escribano
 

11. LA TÍA RAFI   (14.04.18)
 

Rodolfo: La vida da muchas vueltas. Cuando menos te lo esperas, puede cambiarte el destino.

Erica (saboreando su té verde): Mmm… Estás muy filosófico hoy, ¿no?

Rodolfo: Entenderás lo que quiero decir cuando escuches el siguiente capítulo de mi autobiografía. Bueno, de nuestra autobiografía –añade, sonriendo. Erica arquea las cejas, mirando al techo con pretendida paciencia.

 

Amplio salón de una casa, decorado con muebles de estilo de primeros de siglo (del siglo XX, se entiende), de buena calidad: un tresillo, mesas auxiliares, cuadros con marcos de tamaño considerable, etc. Hay un amplio balcón con visillos y cortinas, por el que entra la luz de la tarde. Alrededor de una mesa camilla se encuentran tres señoras de más cerca de 80 que de 70 años y Valentín, jugando a las cartas. Las señoras son la tía Rafi, tía abuela de Valentín, y dos amigas suyas de toda la vida: Leonora y Matilde, a las que Valentín ha incorporado informalmente a su familia, llamándolas tía Leo y tía Mati, respectivamente.

- Tía Mati, me estás estropeando todo el juego. ¿Quieres soltar esas damas que tienes escondidas?

- ¡Ay, hijo! ¡Suelta tú las tuyas! Yo voy muy bien.

- Sí, seguro. ¡No! ¡Y ahora tú! ¡Tía Rafi, ese comodín cruzado es una puñalada trapera!

- Espera, espera, canasta oculta de reyes –y, mostrando las cartas del mazo, ríe, satisfecha-. Esta mano es mía, guapo.

Los demás emiten manifestaciones de fastidio, dejando las cartas sobre la mesa.

- ¿Para qué vamos a contar? –comenta Valentín-. Nos ha barrido.

- Bueno, vamos a tomar café –dice Rafi. Y llama a su criada- ¡Candelas!

- Deja, ya voy yo a avisarla –se ofrece Valentín.

Y cuando sale del salón, las señoras comentan en voz baja:

- ¡Qué majo es este chico!

- Desde luego. Lo pasamos pipa con él –afirma Mati, provocando la risa de las demás.

- Pero, ¿dónde has aprendido a hablar así? –le preguntan.

- Es el único de mis sobrinos que me hace caso, hijas. Me gustaría tener un detalle con él –suspira Rafi.

La vuelta de Valentín, portando una bandeja con las tazas, acompañado de Candelas, que trae viandas, interrumpe la conversación.

 

Erica: ¿Por qué será que no me extraña que te camelaras también a las ancianitas?

Rodolfo: La verdad es que lo pasaba muy bien con ellas, una tarde por semana. Y Candelas hacía un café estupendo, por no hablar de los cruasanes de Villita que subían para merendar. Lo que sigue ahora fue un mal rato.

 

Vestíbulo exterior de una iglesia. Allí se congregan los asistentes a un funeral, que van saliendo poco a poco y se saludan afablemente. Valentín está hablando con Mercedes, una señora de mediana edad y aspecto decidido, a la sazón secretaria de Arturo Hoechness, director de una importante empresa editorial. Arturo se acerca a ellos, y Mercedes hace la presentación:

- Don Arturo, seguro que conocía a Valentín, ¿verdad? –pregunta Mercedes.

- Sí, sí, claro. Mi cuñada Rafi me hablaba a veces de usted. Le tenía mucho cariño.

- Era una mujer encantadora –afirma Valentín.

- Pero a lo mejor lo que no sabe usted –interviene Mercedes- es que Valentín ha escrito algunas novelas. A ella le gustaban mucho.

- ¿De veras? No tenía ni idea. ¿Por qué nunca me lo dijo?

- Bueno, son poca cosa, no valen nada en realidad. Le prohibí a mi tía que hablara de ellas –confiesa Valentín.

- ¿Ah, sí? ¡Mal hecho! Envíemelas inmediatamente, por favor. Nosotros tenemos expertos que pueden decir si son poca cosa o no. Lo siento, tengo que marcharme. Pero no deje de mandármelas. Hasta mañana, Mercedes.

Cuando se aleja, Valentín reprende a Mercedes:

- ¿Por qué se lo ha dicho? Voy a quedar en ridículo cuando las lea.

- Nada de eso. Doña Rafi estaría encantada. Y ¡quién sabe! Igual algún día me lo agradecerá.

- Se lo agradezco ya, Mercedes. Es usted siempre encantadora.

- Lo mismo le digo –y se despiden con un par de besos.

 

Erica: No me digas que así fue cómo publicaron tu primera novela…

Rodolfo: Pues sí. Ya ves, al final la tía Rafi sí que tuvo un gran detalle conmigo.

Erica: Es una historia muy tierna y muy bonita. Al menos en este capítulo no acabas ligando a alguna jovencita desprevenida.

Rodolfo hace un gesto de resignación.

 

FIN