UN TIPO CON SUERTE (Autobiografía novelada)   Rafael Escribano
 

3. LA CLASE DE MATERNALES   (11.11.17)
 

Rodolfo y Erica charlan momentos antes de que el primero lea el siguiente capítulo de su autobiografía.

Rodolfo: En aquellos años todavía no se llamaban kindergarten, que empezó a usarse después, y luego ya pasaron a ser guarderías.

Erica: ¿Y cómo se decía? ¿Ir al cole?

Rodolfo: En realidad, era la escuela. El cole era para los mayores. Y la clase de los más pequeños se llamaba Maternales. Así que me llevaron a Maternales desde muy chiquitín. Te lo leo.

 

Anita lleva de la mano a Valentín, y por la escalera se encuentran con Mati, la vecina del piso de abajo.

- Hola, Mati. Mañana empezará Valentín en Maternales.

- ¿Ya le vas a llevar a la escuela? ¡Con lo chiquitín que es! Valentín, guapo, dame un besito.

Valentín se deja abrazar y da un besito a la vecina, pero sin soltar la mano de su mamá.

- Si quieres me quedo yo con él, Anita.

- Muchas gracias. También se ha ofrecido la Justa, pero es mejor que vaya a jugar con otros niños.

- ¡Anda ya! ¡Con lo brutos que son algunos niños!

- Estarán sus hermanos mayores para defenderlo, ¿verdad, Valentín?

- Chí, pada defended –afirma Valentín, mientras se toca la colita. Mati, a quien no se le escapa una, pregunta:

- ¿Quieres hacer pipí, guapo? ¿Vamos a mi casita?

- No, si acaba de hacer en casa. Hale, nos vamos a la compra. Hasta luego, Mati.

- Valentín, di adiós a Mati.

El niño saluda con la manita y Mati lo ve alejarse, susurrando: “Si es que es tan rico…”

 

Erica: ¡Cómo te estás pasando, míster Mulliner! –exclama entre risas.

Rodolfo: De eso nada. Aunque entiendo que sientas envidia. Sigo.

 

La clase de Maternales es un aula amplia, con algunas mesas redondas bajas, sillas de tamaño adecuado y algunas mantas extendidas por el suelo. Hay dos cuidadoras, Puri y Conchi, que están entreteniendo a los pequeños. Cuando llega Anita con Valentín y su hermano Marquitos, Conchi, con un niño en brazos que no para de llorar, viene a recibirlos a la puerta del aula. 

- Hola, Anita, hola Marquitos. ¿Y quién es este niño tan guapo? –dice al verlos.

- Es Valentín. Mira, Valentín, esta es tu Conchi, tu cuidadora.

Valentín la mira con un cierto aire de preocupación, sin soltarse de su madre, pero Conchi, sin muchos miramientos, deja en el suelo al llorón, que berrea aún más fuerte, coge a Valentín en sus brazos y se lo lleva a una mesa con juguetes.

- Ven conmigo, guapo, que te voy a enseñar unos juguetes muy bonitos. Verás qué bien lo vas a pasar aquí.

Puri también se acerca a ver qué sucede, momento que aprovecha Anita para dejarle su mochilita y su baby.

 

Erica: ¿Qué es eso de su baby?

Rodolfo: ¿No sabes qué es? ¿Tú no lo usabas? ¡Ah, claro, si es que eres muy jovencita! Era una bata que llevaban todos los niños en la escuela. Normalmente, de cuadritos azules.

Erica: En mi guarde no llevábamos esas cursiladas –suspira y exclama-: ¡Qué tiempos! Me parece que estoy retrocediendo un siglo.

Rodolfo: Vale, no te pases. Es cierto que era el siglo pasado, pero no hace tantos años.

Erica se contiene, con una sonrisa disimulada, y añade:

Erica: Bueno, sigue, a ver cómo acaba esto.

 

Han pasado algunas horas, y Anita viene a recoger a sus niños para llevarlos a casa. Cuando abre la puerta, encuentra a Valentín encima de una mesa, tan contento, rodeado de juguetes, con Puri y Conchi, una a cada lado, que se disputan su atención, mientras el resto de niños están a su aire por el aula, unos jugando, otros durmiendo, otros pegándose y llorando.

- ¡Hola, niños! –llama Anita desde la puerta.

- ¿Ya te lo vas a llevar? –se lamenta Puri. Conchi toma a Valentín en brazos y lo lleva con su mamá, dándole una última ración de besos.

- Aquí tienes a este amorcito. Ha comido muy bien y ha hecho caquita blanda.

 

Erica: ¡No! ¡Eso sí que no! ¡Es demasiado! ¡Qué asco, por favor!

Rodolfo: Bueno, está bien. Quitaremos lo de la caquita. ¿Ves cómo hago caso de tus sugerencias?

 

Puri y Conchi salen hasta la puerta a despedir a Anita y sus hijos.

- ¡Adiós, Valentín, hasta mañana! ¡Adiós, guapo!

Valentín, siempre tan contento, agita su manita de despedida.

FIN