UN TIPO CON SUERTE (Autobiografía novelada)   Rafael Escribano
 

PRÓLOGO   (16.09.17)
 

En El SuperDiez.com, atentos como siempre a las últimas noticias del cine y la cultura, hemos conocido que el famoso escritor de novela negra y guionista Rudolph Mulliner, críptico y casi indescifrable seudónimo bajo el que se oculta Rodolfo Molinero, está preparando su autobiografía. Hemos enviado a nuestra carismática y joven reportera, Erica, a hacerle una entrevista, que presentamos a continuación.

 

 

Erica: Sr. Molinero, soy Erica, del SuperDiez.

Voz en off: ¡Ah, sí, te estaba esperando!

Se oye un zumbido, un click, y Erica empuja una puerta, accede a un portal y sube al piso de la vivienda de Mr. Mulliner, que la espera junto a la puerta.

Mulliner: Pasa, pasa, me alegro de conocerte -la mira atentamente y añade-: No sabía que eras tan joven…

Aunque, si pudiéramos leer sus pensamientos, deberíamos añadir: “…y que estás tan bien formada…”, o algo parecido.

Erica sonríe y responde:

Erica: No se crea, no soy tan jovencita –mientras piensa: “Usted sí que es bastante mayor de lo que creía…aunque tiene cierto encanto, para ser un carrozón”.

Mulliner: Pasa, pasa. ¿Te apetece tomar algo? Un café, una cerveza, un zumo…

Erica: Bueno, gracias. ¿Tiene té verde?

Mulliner: Por supuesto. Pero tutéame, por favor. A menos que quieras que yo también te trate de usted.

Erica: Está bien, como quieras.

Mulliner va a la cocina y al poco vuelve con una bandeja y el servicio de té para dos, que coloca sobre una mesita, junto al sofá. Sirve el té y se sienta repanchingado en una butaca, junto a la mesa.

Mulliner: Dime, Erica, ¿qué me quieres preguntar?

Erica: Hemos sabido que vas a escribir tu autobiografía. ¿Me puedes comentar algo?

Mulliner: Sí, verás. Aunque no lo parezca, yo tengo ya una cierta edad –Erica ha conseguido disimular sus pensamientos, mirando fijamente a la taza de té-, y llevo muchos años trabajando y escribiendo. Me han pasado muchas cosas en la vida, que, en general, me ha tratado bastante bien. Por todo esto, se me ha ocurrido contar algunas anécdotas que me han sucedido y que creo que podrían interesar a la gente.

Erica: ¿Y piensas ser fiel a la verdad, citando nombres y contando detalles con pelos y señales?

Mulliner: No, no exactamente. Ten en cuenta que, como es bien sabido, soy escritor, y por tanto debo dejar algo de vía libre a la imaginación.

Erica: Pero, ¿es una biografía o no? Porque si te vas a inventar lo que cuentes…

Mulliner: Mira, el libro se subtitulará: Una autobiografía novelada.

Erica: No sé, no me lo acabo de imaginar. ¿Me puedes dar alguna pista?

Mulliner: No quiero entrar en muchos detalles hablando con una periodista –Mira una y otra vez a su alrededor, y sigue en voz baja-. Podrían estar escuchándonos. Los literatos tenemos que tener mucho cuidado. ¿No estarás grabando esto, verdad?

Erica: No, no, es solo una charla informal. Y solo escribiré en el SuperDiez lo que me autorices.

Mulliner: Bueno, verás. El primer capítulo cuenta los detalles previos a mi nacimiento. La influencia de los astros, el capricho de los dioses, cosas de ese tipo. Son todas verídicas, por supuesto, pero sería difícil demostrarlas. Me comprendes, ¿verdad?

Erica: Pues no estoy muy segura, pero si tú lo dices…

Mulliner: En fin, todavía está en todo por escribir. De momento, solo tengo un pequeño esquema mental de algunas situaciones interesantes en mi vida.

Erica hace un gesto de duda. Mulliner la mira fijamente, se acaricia la barbilla pensativamente (¿hay alguien que no se acaricie la barbilla mientras piensa?) y añade:

Mulliner: Se me está ocurriendo una gran idea. Veo que no te convence mi plan de novelar una biografía –Erica hace un gesto de intentar excusarse, pero Mulliner continúa.- No, no me interrumpas. Podemos escribir el libro entre los dos. –Cara de gran sorpresa de Erica-. Yo te cuento cada capítulo, tú pones las objeciones que te surjan, que serían las que tendrían los lectores, y modificamos ligeramente mi versión para que quede más creíble. ¿Qué te parece?

Erica: ¡Un disparate! ¿Una autobiografía escrita por dos personas? ¿O más bien mi papel quedaría en la sombra, sin mencionarme? ¿Es eso lo que estás proponiéndome?

Mulliner: ¡En absoluto! ¿Por quién me tomas? La duda ofende. Te estoy ofreciendo ser coautora del libro, con un porcentaje razonable de los beneficios. Digamos que un 20%.

Erica: (todavía titubeando ante la sorprendente oferta) Pero… pero… Una autobiografía se supone que la escribe la persona que relata su vida.

Mulliner: Sí, pero por eso el subtítulo es Una autobiografía novelada. Cada vez me parece mejor mi idea. ¿Aceptas?

Erica: No sé, no acabo de verlo claro. Y además, ¿un 20%? ¡Eres un explotador!

Mulliner: (ríe alegremente) Ja, ja, ja. Me imaginaba que dirías eso. Veo que mi plan te convence. Bien, digamos un 30% y no se hable más. Vendrás a mi casa dos o tres tardes por semana, y el libro estará listo en unos pocos meses. ¡Espléndido! Esto hay que celebrarlo. ¿Qué tal un whisky de malta de 12 años?

Erica: (con menores gestos de duda) No sé… En fin, quizá… Si tú lo ves posible…

Mientras tanto, Mulliner, sonriendo satisfecho, ha sacado una botella de whisky y dos pequeños vasos que llena a medias. Pasa uno a Erica, toma el otro, y brinda con ella:

Mulliner: ¡Por el éxito de nuestro nuevo libro! Ya estoy viendo la portada: Un tipo con suerte (ese es el título), y debajo: Una autobiografía novelada, y más abajo: Rudolph Mulliner y Erica… ¿Cómo te llamas de apellido?

Erica levanta su vaso, brinda y ambos dan un sorbo generoso.