UN TIPO CON SUERTE (Autobiografía novelada)   Rafael Escribano
 

6. EN EL COLEGIO MIXTO   (20.01.18)
 

Rodolfo y Erica se encuentran sentados en el salón donde habitualmente el primero lee los capítulos de su libro.

 

Rodolfo: Mis padres me apuntaron a uno de los pocos colegios mixtos de la época. Era una especie de colegio privado, pero debía de ser muy barato para que pudiéramos ir allí todos los hermanos, pues en mi casa no sobraba el dinero.

Erica: Se deduce que no era un colegio religioso, obviamente.

Rodolfo: Obviamente. Vamos a lo nuestro.

 

En la clase de Bachillerato Elemental, pueden verse veintitantos alumnos, chicos y chicas, que están sentados en pupitres de dos, la mayoría de las chicas en la zona derecha, y los chicos a la izquierda, aunque con algunas excepciones. La pizarra está llena de números, divisiones, ecuaciones, símbolos… La clase está terminando. Don Manuel, el profesor, se despide:

- Para el jueves tenéis que traer hechos los ejercicios de la página 47. Sacaré a algunos a hacerlos a la pizarra, así que luego no digáis que no estáis avisados.

Recoge unos papeles de su mesa y sale del aula, seguido por los alumnos entre el estruendo de las sillas abatibles y las charlas entre ellos.

Valentín está en una de las primeras filas, y mientras recoge su cuaderno y lápices, se le acerca Blanca, una chica con gafitas y aspecto aplicado.

- Oye, ¿tú has entendido bien la regla de Ruffini? Porque yo al final me he hecho un lío –le pregunta.

- Sí, tienes que pasar el resto al otro término…-y sacando su cuaderno, da ciertas explicaciones a Blanca, que asiente al final. Mientras habla con ella, se acercan dos o tres chicas más, que asaltan a Valentín para preguntarle cosas.

Desde fuera del aula, en el pasillo, Don Braulio y la señorita Pilar observan la escena. Pilar comenta:

- Todos los días acaban así las clases. Las chicas literalmente lo rodean.

Braulio, que es el profesor de ciencias, apunta con una sonrisa maliciosa.

- Mañana, cuando les hable del átomo, les diré que el núcleo es como Valentín, rodeado de electrones, que son las niñas de la clase.

- ¡Ni se te ocurra! ¡Con lo tímido que es, el pobre!

Cuando ya se han ido todas las demás chicas, se acerca Lali, la más atrevida, la que lleva la falda más corta, la que hace soñar a la mayoría de los chicos de la clase y de otras clases de mayores del colegio. Valentín, que obviamente no es inmune a sus encantos, tartamudea al verla:

- Ho…ho..hola… ¿Tú tampoco has entendido la regla de Furruni…digo de Ruffini?

Lali se ríe:

- A mí el Ruffini ese me tiene sin cuidado. Lo que quiero es que te vengas un día al cine conmigo.

- ¿Yooo? ¡Eh, bueno, sí, claro, cuando quieras!

- Vale, te espero a las 6 en la puerta del Alhambra. No faltes, ¿eh?

- No, no, descuida, allí estaré.

 

Desde las cinco y media Valentín está merodeando por los alrededores del cine Alhambra. Todavía no se cree que Lali vaya a venir. Por si acaso, ha pedido prestado dinero a Mingo, su amigo de clase, para invitar a la chica. Y se ha puesto camisa limpia sin que se diera cuenta su madre (hasta el sábado no tocaba). A las seis y cinco pasadas, cuando Valentín empezaba a dudar, llega Lali. Se ha pintado ligeramente los labios y huele a un cigarrillo fumado seguramente a escondidas.

 

- Hola, ¿llevas mucho? No he podido salir hasta que se ha ido mi madre de compras.

- No, acabo de llegar. ¿Entramos? –pregunta Valentín, y dirigiéndose a la taquilla, compra dos entradas.

La película ha comenzado y la sala está a oscuras. No hay muchos espectadores, y Lali conduce a Valentín hacia el final de la sala, haciendo poco caso de las indicaciones del acomodador, que se encoge de hombros y sale al vestíbulo. Al cabo de un rato, la mano de Lali busca la de Valentín, que tiembla como un pajarillo asustado, y así están haciendo manitas unos minutos. Luego, Lali se inclina hacia él, se apoya en su hombro, y toma su brazo haciendo que la rodee…

 

Erica: ¡Vaya! Así que Valentín se ligó a la más lanzada de la clase!

Roberto: Más bien fue al revés, lo de quién ligó a quién.

Erica: Bueno, ¿qué más pasó? ¡Sigue leyendo! ¡Detalles, tus lectores queremos detalles!

Roberto: ¡Ah, no! Dejemos a estos chicos disfrutar su experiencia en paz!

 

Unos días después, cuando los alumnos salen del colegio, Sigüenza, que tiene pinta de golfillo, está esperando a Valentín en la calle.

- Oye, tú, cara pánfilo. Que me han dicho que has ido con mi chica al cine –le espeta, acercándose amenazadoramente.

Valentín retrocede un paso y balbucea.

- No, no, ¿quién te ha dicho eso? Yo no he ido al cine con ninguna chica. Y, y, y, además, no sabía que era tu novia… Y no pasó nada, no vayas a pensar…

- Mira, por esta vez te voy a dejar. Pero como te vuelvas a acercar a ella, te arrepentirás. Oye, tú, me han dicho también que eres el único que entiende la maldita regla de Ruffini esa. Explícamela, anda.

- Claro, claro. Mira –y Valentín saca su cuaderno, se apoya en un coche, y aclara los entresijos de Ruffini a Sigüenza.

- ¡Ah, era eso! ¡Jo, qué mal explica el don Manuel ese! Bueno, vale, ya lo entiendo. Gracias, tú. Y ya sabes, nada de acercarte a mi chica, ¿eh? Bueno, adiós.

Valentín suspira, aliviado, y vuelve a recoger sus cosas de clase mientras Sigüenza se aleja calle abajo.

 

FIN