MULLINER & MULLINER, GUIONISTAS

 Rafael Escribano

17. ELVIRA   (24.06.17)

SECUENCIA 1

 

Despacho o estudio de Rodolfo Molinero, autor de novela negra bajo el seudónimo Rudolph Mulliner. Él se encuentra sentado en su sillón, tomando un té. No sabe bien qué le ha impulsado a comprar el ABC, cosa que no hace habitualmente, pero ya que lo tiene, lo hojea distraídamente. Como de costumbre, empieza por la última hoja, y ahora curiosea las esquelas, cuando de repente da un respingo. ¡Ha muerto un tipo con su mismo nombre! En negritas puede leerse Rodolfo Molinero…, su nombre y apellidos, y más abajo, lo habitual de “Falleció en … a los … años de edad. Descanse en paz”. ¿Será una casualidad? Parece demasiado extraño, y resuelve investigar por su cuenta. Busca el número de teléfono de las esquelas y llama inmediatamente. Después de varios intentos, teclear diversos números y pronunciar variados monosílabos, consigue que le atienda un ser humano.

- Sí, dígame.

- Llamo respecto a una esquela publicada en su edición de hoy –decide actuar con cautela para evitar que le tomen por un bromista-. Soy un amigo del fallecido, y me interesaría mucho saber quién ha encargado la esquela. Si fuera usted tan amable de darme su nombre, trataría de ponerme en contacto con él.

- Vaya, le acompaño en el sentimiento. No solemos tener esa información, porque la mayoría de las veces se ponen por teléfono o por internet, pero puedo indagar un poco. ¿De qué nombre se trata?

Apenas Mulliner le facilita los datos, el empleado exclama:

- ¡Ah, me acuerdo perfectamente! No fue un hombre, sino una señora. La verdad es que fue todo un poco raro. Era una mujer joven y, aunque no sea adecuado decirlo, muy atractiva, la verdad. Vestía una ropa de colores vivos y no parecía muy afligida. Pagó en efectivo y no quiso recibo ni factura, ni nos dejó un número de teléfono. Era algo irregular, pero insistió mucho, y, en fin, perdone mis comentarios, pero era difícil resistirse a … Bueno, pero supongo que, siendo amigo del difunto, sabrá usted de quién se trata…

- Sí, sí, claro, ya sé quién es. Seguramente fue… Elvira –y después de decirlo, Rodolfo se sorprende de haber usado ese nombre, casi sin darse cuenta.

Cuando corta la comunicación, queda pensativo unos instantes. Y de pronto, siente un perfume de violetas. Volviendo la cabeza encuentra a una bella joven, en pie, mirándolo desde la puerta. Entonces recuerda una escena similar, varios meses atrás, y de nuevo un nombre le viene a los labios: “Elvira”, susurra.

- Hola –contesta ella, sonriente-. Veo que te acuerdas de mí.

Le viene a la memoria toda la situación anterior. Había estado pensando en suicidarse y tenía a mano todas las herramientas necesarias a tal fin. Y de forma inexplicable, Elvira apareció en su casa y le propuso un trato. Ella le sugeriría temas sobre los que escribir, siempre relacionados con la muerte, y él los publicaría en la web. Al cabo de un tiempo, si sus escritos no habían tenido ningún éxito, seguiría con sus planes de suicidio, y ella no trataría de impedirlo. Ahora parece haber llegado el momento de comprobar el resultado y cumplir el compromiso adquirido. Rodolfo se siente titubear.

- ¿Ya ha pasado el tiempo previsto? Parece que fue hace nada…

- ¿Han tenido éxito tus escritos? ¿Tu público te aclama? –pregunta Elvira, quizá con un toque de ironía.

- En realidad, no lo sé. No tengo ni idea de si los ha leído alguien –sonríe amargamente Rodolfo-. Seguramente, no. Pero por otra parte, la verdad es que lo he pasado bien escribiéndolos.

- ¿Estas sugiriendo que faltarías a tu palabra? –Elvira parece fingir asombro.

- Bueno, no es eso… Me has pillado por sorpresa, a pesar del truco de la esquela. Y reconocerás que presentarte así en mi casa, con esa faldita tan corta…

La risa de Elvira resuena alegremente en la habitación.

- ¿Estás intentando ligar conmigo? ¿No te preocupa quién soy?

- ¿Ligar contigo? ¡No, qué dices! Bueno, a lo mejor un poco… Estás irresistible. Ya lo dijo el empleado del ABC…

- ¡Qué gracioso eres! Me gustas…

Elvira se acerca a Rodolfo, y acariciándole la mejilla, le besa suavemente en los labios. Casi inmediatamente, Rodolfo se siente flotar, cierra los ojos y…

 

SECUENCIA 2

 

Dormitorio de Rodolfo. Está amaneciendo y entra algo de claridad por la ventana. Rodolfo se despereza, estirando los brazos. De pronto, hace un gesto de sorpresa. Se lleva la mano a la entrepierna, bajo las sábanas, y la sorpresa se transforma en incredulidad, mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.

- Un sueño húmedo –se dice-. Diría que no me ocurría desde los dieciocho años… Y parece que la cosa continúa –mientras su sonrisa se ensancha-. Se me está ocurriendo un guion muy divertido. Seguramente no lo leerá nunca nadie, pero a quién le importa…

Se incorpora de la cama y se dirige al baño. La cámara muestra un plano de espaldas, desnudo, hasta que cierra la puerta del baño tras él.

 

     FIN