El SuperDiez

 La lista de éxitos del cine en España

 FILA DIEZ   Josemanuel Escribano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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OTRA RONDA   (10.04.21)

Dir.: Thomas Vinterberg. Pro.: Kasper Dissing, Sisse Graum Jørgensen. Gui.: Thomas Vinterberg, Tobias Lindholm. Int. Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang, Lars Ranthe.

 

Superados ya los postulados del Movimiento Dogma que Lars von Trier, Thomas Vinterberg y alguno más fundaron en 1995, todos han seguido haciendo cine algo más convencional, aunque casi siempre con el mismo interés y parecida -o superior- brillantez. En el caso de Vinterberg, a Celebración -aclamada universalmente- siguieron, entre otras, Querida Wendy, Submarino, La caza -con un impresionante Mads Mikkelsen-, Lejos del mundanal ruido, La comuna y Kursk el impactante relato de la tragedia del submarino ruso K-141 Kursk que se hundió en el mar de Barents en agosto de 2000.

Otra ronda -Druk: bebida, en el título original- empieza y termina, como corresponde, bañada en aromas etílicos. Al comienzo, cuatro profesores de instituto especulan acerca de la teoría de un pensador danés que afirma que los seres humanos nacemos con un déficit de alcohol en sangre: un 0,5 por ciento, para ser exactos. A Martin, Tommy, Nicolaj y Peter su trabajo no les hace ya demasiada ilusión. Sus clases de historia, literatura, educación física y demás son pura rutina y hasta sus jóvenes alumnos lo perciben claramente.

Y se les ocurre que quizá sus vidas transcurrirían mejor consumiendo ese poco de alcohol que, al parecer, les falta. En efecto, todo mejora con esa chispa añadida; profesionalmente, y familiarmente también, otro aspecto en el que les viene muy bien algo más de alegría. Encantados con el resultado, deciden ir un paso más allá y aumentar la carga etílica, iniciando una escalada muy peligrosa, que termina por superar su capacidad de control.

En el tránsito de la sobriedad al alcoholismo, hay lugar para todo: unas clases más activas y divertidas, una relación matrimonial renovada, un estímulo vital potente, nuevas ilusiones… y luego falta de concentración, mal carácter, pérdida del control, broncas y dolorosas separaciones. Nada sale como pensaban, e incluso el drama golpea sin piedad al desprevenido cuarteto.

La película se desliza por el filo de la navaja. Es imposible no sentir simpatía por sus protagonistas, que lidera un sensacional Mads Mikkelsen; nada es más cómico que un borracho, sobre todo un momento antes de ser trágico. Cómicos son los momentos que Vinteberg nos muestra de grandes hombres de la política y el arte animados por una copa de más; cómicos, creativos, y también muy serios, trascendentes, inaceptables.

Pero también en todo el argumento está latente la desgracia; es una montaña rusa en la que se sube para bajar muy hondo, y después de una vuelta de campana se recobra el horizonte y la perspectiva, y la vida es otra vez digna de vivirse, de pelearse. Cuando el experimento termina, los profesores -lo que queda de ellos- vuelven a sus claustros profesionales y familiares, se enfrentan a sus alumnos, a sus mujeres, a sus hijos.

El curso acaba, la película termina. Y llega esa secuencia final, con los jóvenes celebrando su graduación -ya nadie discute que los chicos beben mucho- y llevándose por delante toda la renqueante seriedad del mundo académico. Y Martin se une a la fiesta, y bebe, y baila. Baila como un poseso, como un desesperado, como un debutante en una nueva realidad, un recién nacido que busca su agua bautismal.

Sin este final, Otra ronda sería distinta, otra película. Entiendo perfectamente la sintonía entre Vinterberg y su protagonista: el director, arrasado por la pérdida de su hija durante el rodaje, pudo sobreponerse y construir un guion que apuesta por la vida; Mads Mikkelsen lo asume y lo interpreta en esa danza que sale del corazón, y más aun de las tripas. Beber y bailar. Y amar. Y vivir.

           

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