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 FILA DIEZ   Larry D'Abutti

 

RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS   (19.10.19)

Dir.: Céline Sciamma. Pro.: Véronique Cayla, Bénédicte Couvreur. Gui.: Céline Sciamma. Int.: Noémie Merlant, Adèle Haenel, Valeria Golino.

 

Céline Sciamma es una directora francesa, quizá la más interesante y singular de la última hornada de mujeres realizadoras de su país. Es la autora de Lirios de agua (2007), la fascinante Tomboy (2011) y Girlhood (2014, premiada en Berlín). Sus historias son eminentemente femeninas, y también sus protagonistas: niñas, jóvenes o mujeres, como las de este último filme, que ganó el premio al mejor guion en Cannes.

La acción transcurre en una pequeña isla británica, en 1770. Marianne es una joven pero reconocida pintora, que ha sido contratada por una aristócrata que vive allí para que haga un retrato de su hija Héloïse, a fin de mandárselo a su prometido; es una boda concertada tras un trágico acontecimiento, y los novios ni se conocen. Es más, Héloïse no es nada partidaria de ese matrimonio y no quiere dejarse retratar. Por eso, su madre hace pasar a Marianne por una nueva dama de compañía: convivirá con ella todo el día y la pintará de noche, de memoria.

Marianne acepta la extraña propuesta y permanece junto a Héloïse todo el tiempo. Están prácticamente solas –la madre sale de viaje-, a excepción de Sophie, la criada de la casa. Entre las tres se establece una complicidad y una camaradería que van más allá de los papeles socialmente habituales; y entre las dos jóvenes surge una fuerte atracción que desemboca en un amor y en una pasión irrefrenables.

Héloïse se deja pintar entonces en libertad; no porque acepte su destino como esposa de un desconocido, sino como símbolo de entrega a su pintora y amante. Y Marianne va poco a poco culminando su obra, tan difícil e inaprehensible al principio y llena ahora de luz y de color. Aunque ninguna de las dos ignora las dificultades de su sentimiento y lo inestable de su situación: huésped provisional de la casa, una; destinada a un insoportable matrimonio la otra.

Céline Sciamma despliega una extraordinaria sensibilidad para retratar, ella misma, a estos personajes en combustión: sus palabras y sus silencios, sus miradas, cargadas de deseo; sus noches de amor y sus amaneceres pálidos. Su relación, tan prohibida como irresistible, poderosa y trágica. La directora ha saltado esta vez más de dos siglos atrás en el tiempo para reivindicar el trabajo de las mujeres pintoras, injustamente –como en otros oficios- postergado y olvidado. Y a la vez, apostar por el ejercicio de la libertad y la igualdad. Una relación amorosa, una relación entre dos iguales, que tiene una lectura absolutamente válida en nuestros días.

Hay que agradecer el trabajo de las cuatro actrices, casi únicos personajes de la trama; sobre todo el de las dos protagonistas, Noémie Merlant y Adèle Haenel, capaces de plasmar con elegante facilidad la evolución de los sentimientos de sus personajes, desde el primer plano hasta el emocionante final. Una evolución que Céline Sciamma ha llevado a la pantalla ayudada por una magnífica puesta en escena –desde el mínimo detalle del vestuario a la atmósfera de la narración- y el uso de elementos simbólicos, casi mágicos y tan poéticos como la noche, el mar o la música: un placer para los sentidos y la inteligencia.    

 

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