EL ZOOM   de Juan Carlos Rojas     

DUNKERQUE   (30.09.17)

Había mucha expectación, tras una eficaz labor de promoción, por contemplar la nueva película del últimamente prolífico director Christopher Nolan, quien en los últimos siete años ha dirigido cuatro películas y un documental (Origen en 2010, El caballero oscuro- la leyenda renace en 2012, Interstellar en 2014, Quay en 2015 y Dunkerque este año), y esta no se ha visto defraudada. Una eficaz dirección, una producción cuidada de amplio presupuesto (alrededor de  cien millones de dólares) y un más que destacable reparto (Kenneth Branagh, Tom Hardy, Mark Rylance, etc.) dan como resultado un producto de alta calidad, en el que se narra un episodio bélico que desde 1958 en cine no había vuelto a ser tratado por ningún director anglosajón, a saber, el sitio y evacuación, durante la Segunda Guerra Mundial, del ejército aliado de la ciudad francesa de Dunkerque en 1940.

Posiblemente, que esta historia haya sido llevada en tan contadas ocasiones a la pantalla grande se deba a que el episodio en cuestión no se correspondía con una gran victoria militar de los aliados ante los nazis, y la industria cinematográfica anglosajona no considerara excesivamente loable el suceso (ya dijo Churchill respecto a los hechos de Dunkerque que las guerras no se ganaban con evacuaciones); aunque teniendo en cuenta las circunstancias, mostradas en toda su crudeza en este film, los ejércitos aliados bien pudieron agradecer a los dioses el desenlace final.

Visualmente, Dunkerque es una película espectacular gracias a la fotografía de Von Hoytema y a su rodaje en un formato de fotograma de 65mm combinado con el sistema IMAX, que da como resultado unos numerosos planos panorámicos admirables.

El estilo de Nolan en Dunkerque recuerda, por la fragmentación de la narración y la importancia del montaje en esta cinta al Nolan de Memento, una de sus primeras obras, una película hasta cierto punto revolucionaria y muy alejada de la linealidad narrativa de otras de sus películas más convencionales y comerciales. Pero esta fragmentación de la narración, que resulta muy apropiada para mostrar diversos escenarios y jugar con el tiempo por parte del director, sirve también para transmitir la sensación de caos, de cerco, de urgencia y de agobio ante el imparable avance del enemigo, que se combina en algunos momentos con planos panorámicos que nos transmiten de forma absolutamente creíble y veraz la sensación de soledad, escalofrío y desamparo que debieron sentir en sus carnes los protagonistas de aquellos hechos. De forma, si se quiere, secundaria, la cinta muestra otros aspectos de la naturaleza humana cuando es llevada al límite, como la insolidaridad, los prejuicios nacionales entre los soldados franceses, ingleses y escoceses, a pesar de luchar unidos en el mismo bando, y la afloración del espíritu de supervivencia por encima de cualquier otra consideración; pero también, por otro lado, el heroísmo, la abnegación y el sacrificio frente a la barbarie, y la solidaridad y la implicación de los civiles en el conflicto. En este sentido, Dunkerque es una película épica.

Por último, un consejo, aunque suene a perogrullada: para disfrutar plenamente de esta película se aconseja su visualización  en salas de cine y evitar en lo posible recurrir a medios alternativos. Seguro que ven una película distinta.