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CRÍTICAS ANTERIORES  Por Larry D'Abutti

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ICEBERG   (17.06.12)
Dir.: Gabriel Velázquez
Pro.: Gabriel Velázquez   Gui.: Gabriel Velázquez, Blanca Torres
Int.: Víctor García, Carolina Morocho, Jesús Nieto
Gabriel Velázquez ha dirigido, además de un puñado de cortos, Sud Express (2005) –a medias con Chema de la Peña-, Amateurs (2008) y ésta nueva. El otro día, en esta misma página, ponía sus películas como ejemplo de cine periférico; o, si se quiere, fronterizo. Actores no profesionales, historias mínimas, retratos al minuto, escaso presupuesto, ningún disparate, mucho talento.
El medidísimo guión de Iceberg compone un trío de historias que se alternan, se suceden, se solapan y confluyen a orillas del Tormes, a su paso por los bordes de Salamanca. Una la protagoniza un crío solitario, desvalido, abrumado por la desaparición de sus padres en un accidente de coche. Los restos del desastre aparecen por los suelos mientras la profundidad del dolor del niño lo lleva a actitudes alteradas y peligrosas. Otra historia es la que viven dos chavales marginales –al margen del río y al margen de la sociedad-, que ocupan una vieja instalación de alquiler de barcas y que se alimentan de lo que pescan y de lo que afanan. La relación entre los dos y sus propias existencias sólo se apuntan, se entrevén, enseñándonos quizá una mínima parte de su carácter. Y el tercer relato lo vive una niña, que se harta de la disciplina de su colegio, se escapa con un par de amigas y, convenientemente disfrazada de chica mayor, vive su aventura de libertad, de pequeñita locura y de desilusión.
Lo que sabemos de ella, lo que nos muestra, es muy poco comparado con la hondura y la densidad de su sentimiento, antes y después de la noche en el río. Otro iceberg, que navega hacia el espectador abrumado por la potencia poética de las imágenes. Hay más silencios que palabras, pero la película nos deja oír los sonidos de la vida: el río que fluye en su ignorancia, el susurro del viento que miente esperanzas imposibles, el coro lejano de los niños en el colegio, el petardeo canalla de la moto, el grito airado, el beso, el sollozo. El golpe que lo rompe todo. Y la risa. (http://www.lapaginadega.es/index2.html)

INFECTADOS   (18.10.09)
Dir.: Álex y David Pastor
Pro.: Ray Angelic, Anthony Bregman   Gui.: Álex y David Pastor
Int.: Chris Pine, Piper Perabo, Emily VanCamp  
Debut en el largo de los hermanos Pastor, formados en América y Cataluña, respectivamente. Han realizado cortos, cada uno por su lado y ahora coinciden, repartiéndose las funciones de guionista y director, en esta “road movie” –película de carretera-, subgénero suspense –o “thriller, que es más moderno- apocalíptico.
La carretera es la protagonista, porque el asunto es que cuatro jóvenes van en su coche camino de la playa. Pero no hay nada de festivo en el tema: son casi los únicos supervivientes en un mundo asolado por un virus mortal que ha acabado con la humanidad... o casi. No sabemos las causas, pero sí que parece que no hay remedio: cualquiera que resulta infectado muere en pocos días convertido en una masa informe de huesos y sangre. 
Los chicos son dos hermanos –uno bastante más gilipuertas que el otro, como suele suceder-, la novia del mayor y una amiga del pequeño; o sea, aproximadamente, dos parejas. Que ya se verá después si están bien avenidas o no, según los avatares más o menos accidentados –más bien más- por los que atraviesan en su viaje hacia el mar. Van siguiendo sus propia reglas, que se contienen en dos: seguir siempre carreteras secundarias y procurar  no encontrarse con nadie; y en caso de que eso último suceda, disparar el primero, por si acaso.
Buen oficio de los hermanos Pastor, que se las ingenian para ofrecer momentos muy interesantes en este cuento terrible, una negrísima metáfora acerca de la condición humana. Si el guión flojea en algunos detalles, amparados en la elipsis general de la historia, se les puede perdonar la trampa por el esforzado e interesante tono alcanzado; igualmente, una imagen que puede resultar excesivamente impostada –y no muy original- se acepta como apuesta personal para apoyar el estilo narrativo de la película que, en resumen, abre un esperanzador crédito a sus autores. (www.carriersmovie.com)

INFERNO   (15.10.16)
Director: Ron Howard. Intérpretes: Tom Hanks, Felicity Jones, Sidse Babett Knudsen.
Ron Howard está en el cine desde crío. Actor, productor y director con cerca de 40 títulos, cuenta con carrera  más que consolidada; ha trabajado más de una vez con Tom Hanks, y en concreto lo ha dirigido en las tres pelis de la serie basada en los libros de Dan Brown, protagonizada x el profesor R. L.
Robert Langdon despierta en la cama de un hospital. Está herido y, lo que es peor, no se acuerda de nada de lo vivido en las últimas horas. Una figura femenina, unas sombras, un disparo… son retazos de su memoria en medio de la bruma. De repente, una mujer que parece policía pretende matarlo, y otra mujer –una atractiva doctora- quiere ayudarlo a escapar. Y ahí comienza una aventura que lo va a llevar de peligro en peligro de Florencia a Venecia, por media Europa, y aledaños, guiado –o eso cree él- por los versos de la Divina Comedia: Paraíso, Purgatorio… e Infierno, el que prepara un científico trastornado que pretende eliminar a media humanidad, con el pretexto de que somos muchos.
Tom Hanks se pone por tercera vez, como decía, en la piel del profesor Langdon y repite el esquema de sus anteriores andanzas: un misterio que resolver, una trama en la que nada es lo que parece y una tensión narrativa creciente que culmina en un final apocalíptico pero nunca cerrado del todo. Esta vez no hay sociedades secretas –bueno, la CIA, sí- ni cuestiones teológicas, ni siquiera un problema matemático que llevarse a la boca; el argumento contiene un mero caso policial; eso sí, tan enredado y tan lleno de pistas falsas, y vueltas y revueltas, que el espectador tiene que hacer el esfuerzo de tragárselo todo o salirse de la película. Es como Tom Hanks: para que la cosa funcione, hace lo que le mandan.

INMADUROS   (01.07.12)
Dir.: Paolo Genovese
Pro.: Marco Belardi   Gui.: Paolo Genovese, Marco Alessi
Int.: Raoul Bova, Isabelle Adriani, Luca Bizzarri
De Paolo Genovese (Roma, 1966) me gustan mucho los títulos de sus películas: Incantesimo napoletano, Nessun messagio in segreteria, Questa notte è ancora nostra y sobre todo Piccole cose di valore non quantificable… Su carrera, no sé: sólo la última se ha estrenado comercialmente en España, lo que da idea de la rara penetración del cine italiano en nuestro país. Inmaduros, eso sí, ha llegado avalada por un éxito importante: varias nominaciones a los premios David de Donatello, casi tres millones de espectadores –algo parecido, salvando las distancias, al caso Intocable francés- y un reparto con figuras algo más conocidas internacionalmente.
Los Inmaduros en cuestión son un grupo de antiguos compañeros de instituto. Tienen casi cuarenta años, cada uno ha ido por su camino, algunos conservan cierta amistad, otros se han perdido la pista. Pero de repente, algo vuelve a unirlos: se ha descubierto un error grave en los exámenes finales de su instituto, y su título de secundaria ha quedado anulado. Tienen que volver a examinarse y revalidarlo, si quieren que sus respectivas carreras –médico, periodista, ingeniero…- sigan contando. El “shock” es importante, aunque ninguno lo duda: volverán a estudiar, volverán a examinarse y conseguirán de nuevo la buenísima nota con la que se graduaron.
La película se abre con una secuencia-chiste que tratará de marcar el tono de la narración y servirá para presentar a los protagonistas. Y al grupo inicial se unirán otros, hasta juntar una media docena de personajes: hombres y mujeres que, mientras tratan de recuperar sus conocimientos juveniles, más que oxidados, intentan también retroceder en el tiempo, en los recuerdos y, lo que es más peligroso, en los sentimientos.
Ni que decir tiene que el conjunto resulta más bien patético. Desde que se puso de moda reencontrar a los amiguetes perdidos, quien más quien menos ha vivido alguna experiencia parecida, con resultados casi siempre nada halagüeños. El tiempo no perdona; y si perdona, peor aún: Giogio, Luisa, Piero, Francesca y los demás se dan de bruces con el pasado y, naturalmente, hay quien no lo puede asumir, quien desearía recuperarlo, quien se da cuenta de que se equivocó y quien cree que siempre se puede arreglar. La virtud de esta tropa es que son bastante cercanos y reconocibles y no tiene uno más remedio que comprenderlos.
Aunque, valga la paradoja, la película y sus personajes funcionan mucho mejor en la versión original. Un porcentaje muy alto de su comicidad reside en la entonación, los giros y la expresividad vocal y gestual de los protagonistas; comicidad que se pierde en el doblaje, que quiere ser artístico y resulta engolado y falso. Hora es ya de denunciar esta práctica, que acaba de perpetrar otros dos atentados en los casos de Ice Age 4 y Don Gato, por razones opuestas pero igualmente nefastas: los dobladores de una se creen más importantes que la película y en la otra José Corbacho no sabe ni por dónde se anda.
En claro: que los intérpretes de Inmaduros merecen el esfuerzo de oírlos en italiano mientras leemos los subtítulos; que, por otro lado, casi no hacen falta, de bien que se les entiende. En cuanto a la historia, salvado ese prologuillo que puede desconcertar un poco, va tomando altura según se definen los caracteres y viven sus peripecias, de modo que cada trama se va encajando y enredando con las demás, según la tradición del cine italiano, muy versado en argumentos corales. Claro, quizá la cosa no sea muy original, y tal vez Genovese se empache un poquito en la parte final, que puede resultar algo reiterativa y alargada innecesariamente.
En realidad, son unos cuantos personajes y diferentes historias, que tienen que abocar a un final común: el temido y necesario examen, cuya representación, ésta sí, está realizada con toda la gracia y un estupendo ritmo. Es el momento de saber si esa aspiración se cumple y si se cumplen también las otras ilusiones, los otros sueños… de juventud o de madurez por fin asumida. (http://www.sherlockfilms.com/paginas_clasicos/catalogo.php?id=46)

INTERSTELLAR   (09.11.14)
Dir. Christopher Nolan
Pro.: Christopher Nolan, Lynda Obst, Emma Thomas  Gui.: Jonathan y Christopher Nolan
Int.: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain
La primera película estrenada comercialmente de Christopher Nolan fue Memento (2000), un extraordinario ejercicio de estilo que significó su carta de presentación por todo lo alto. Después llegaron Imsomnia, El truco final y Origen, e, intercaladas con ellas, las tres consagradas a revitalizar y profundizar el mito de Batman. Cine espectacular, salpicado de momentos brillantísimos y también de imágenes y conceptos hiperbólicos, metafóricos y surrealistas, no siempre justificados.
De todo eso tiene Interstellar, una historia firmada a dúo con su hermano Jonathan, que atraviesa, como su nombre indica, el mapa del universo y sus rincones; desde este planeta malherido hasta los confines del espacio y el tiempo, con sus infinitas galaxias llenas de posibilidades, peligros, atajos y trampas. En un futuro no muy lejano, la Tierra, en efecto, está al borde del colapso. Los recursos naturales han disminuido a ritmo creciente y apenas hay ya otra posibilidad que sembrar maíz y esperar que las continuas e inclementes tormentas de arena no acaben por arrasarlo todo. Al propio tiempo, la cultura y la educación han sufrido un severo retroceso, mientras la tecnología se ha estancado en niveles que ya resultan rudimentarios.
Cooper es un ingeniero que en otro tiempo habría resultado altamente capacitado, y un piloto excepcional… si hubiera algo que pilotar. Y también –y principalmente- es padre de dos hijos, cuyo incierto futuro le preocupa muchísimo: el mayor es un chaval que no podrá ir a la universidad, y la pequeña es una niña espabilada, intuitiva y cariñosa, con la que tiene una conexión especial. Y un día, padre e hija descubrirán el secreto mejor guardado de todo el planeta: los planes del gobierno para salir al espacio en busca de una solución para la raza humana. 
Aunque ha tardado un tanto en llegar aquí, hasta el momento la historia funciona perfectamente, en el terreno de la ciencia-ficción apocalíptica que tanto cunde últimamente. Pero al mismo tiempo que la nave espacial que lleva a nuestro héroe –no lo he dicho, pero, con gran dolor de su corazón, Cooper se despide de su familia y se lanza al espacio-, se dispara también la imaginación de sus creadores. La nave “Endurance” –nota para el catálogo de nombres rutilantes, al lado del “Halcón milenario”, la “Nostromo” o la “Enterprise”- se dirige hacia un agujero de gusano, con ánimo de encontrar el rastro de anteriores exploradores.
El agujero de gusano es un camino hacia la cuarta –o quinta- dimensión, una especie de atajo que permite comprimir muchísimo el espacio y atravesarlo rápidamente para aparecer en otro tiempo y otro sitio; lo que viene siendo el metro de Madrid, pero con escafandra. Y es que lo siento, pero cuanto más en serio se toma Christopher Nolan, más cómico me resulta a mí.
Y todavía más cuando el argumento va, por un lado, siguiendo todos los cánones del más trillado cine de aventuras, mientras por otro se sumerge –o lo pretende- en muy trascendentales temas, que dinamitan los principios de la física –cuántica o gravitatoria, que a estas alturas ya se hace uno un lío- para aterrizar en una propuesta cósmica que enlaza con una sonrojante sensiblería familiar. Todo ello aderezado con impactantes imágenes fabricadas en el ordenador, y con una apabullante banda sonora de Hans Zimmer, que no cesa ni un momento y que en muchas ocasiones protagoniza más que complementa la película.
Que, por lo demás, sería un estupendo entretenimiento si no fuera tan larga y tan pretenciosa. No hace falta decir que los intérpretes cumplen y que Nolan y su numeroso equipo han conseguido una factura técnica de altísimo nivel; aunque no sé si la película encantará a mucha gente ni si a estas alturas será capaz de sorprender y emocionar. Desde el respeto a un trabajo tan multitudinario y tan costoso, tengo que reconocer que a mí, no: todo me resulta en Interstellar muy poco original, como ya visto en otras ocasiones y otros maestros. En Ridley Scott y en Steven Spielberg; y en Kubrick, cuyos ecos resuenan con frecuencia, desde luego. (http://www.interstellarmovie.com/)

INVICTUS   (31.01.10)
Dir.: Clint Eastwood
Pro.: C.E., Robert Lorenz, Lori McCreary   Gui.: Anthony Peckham
Int.: Morgan Freeman, Matt Damon, Marguerite Wheatley  
Nueva película del maestro Eastwood, que no para; tras los éxitos de El intercambio y Gran Torino, nos ofrece esta nueva historia cuyo eje central es la figura de Nelson Mandela; interpretado, cómo no, por Morgan Freeman, que no tiene que hacer muchos esfuerzos para parecerse al líder sudafricano. La historia arranca cuando, en 1990, Mandela sale de la cárcel de Robben Island ante el estupor y la incredulidad de la población blanca de Sudáfrica. Cuatro años después –elipsis vertiginosa de Eastwood- Mandela es elegido presidente. Como telón de fondo de la película, la situación política y social de Sudáfrica: el racismo, la pobreza de la mayoría negra, los hombres de negocios rubios y sus hijos bien nutridos, y los niños negros desnutridos, desarrapados y asustados.
Pero luego empieza otra guerra. No es a tiros, sino a patadas, empujones y balonazos: el rugby, el deporte nacional sudafricano de la minoría blanca, se convierte en el eje de la narración. Mandela se da cuenta del poder del deporte sobre las masas y lleva la afición al rugby a toda la población, primero; se empeña a continuación en que la selección nacional represente a todos los sudafricanos sin distinción, y trata, por último, de que los aguerridos –pero ineptos- jugadores sean capaces de ganar algún partido. Y llega la gran ocasión del mundial de rugby de 1995, celebrado precisamente en aquel país.
Eastwood se complace en su personaje, retratado con su perfil más agraciado como estadista convencido del valor del perdón, la reconciliación y la paz. Y en el rugby, que llena la pantalla de imágenes tremebundas de tan recio deporte, ambientadas además con una banda sonora que magnifica patadones y bofetadas con estruendo de cañonazos. Un estupendo divertimento a la mayor gloria de sus protagonistas –Mandela, Freeman, Damon-, muy lejos del amargor y la negrura de otras películas de Eastwood pero siempre con el aroma de su gran cine: clásico, inteligente, personal. (http://invictusmovie.warnerbros.com; www.invictus-es.com)

IRON MAN    (04.05.08)
Dir.: Jon Favreau
Pro.: Avi Arad, Kevin Feige   Gui.: Mark Fergus, Hawk Ostby
Int.: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Jeff Bridges  
¿Qué clase de película es esta? Pues no sé muy bien... Es un tebeo más, el primero del año –luego vienen La Masa 2, Hellboy 2 y otro Batman, no sé qué número hace- y el primero también en el que la Marvel, esa factoría del cómic, se ha pasado a la producción. El encargado de poner en imagen “real” –es un decir- el personaje creado por Stan Lee y Jack Kirby es el neoyorkino Jon Favreau, hasta ahora actor y realizador de televisión, principalmente, aunque también fue el responsable de Elf, con el indescriptible Will Ferrell de protagonista.
Si me dicen que este Iron Man es sólo el primero de una serie, me quedo más tranquilo; no me lo han dicho, pero seguramente será así, a poco que funcione el invento. Y entonces tendrá algo más de sentido el argumento, que se centra casi exclusivamente en contar la vida previa del protagonista. Tony Stark tiene las facciones de Robert Downey Jr., y esto es  un acierto, porque cualquier película con él dentro es siempre mejor. El tal Stark es un multimillonario, dueño, entre otras minucias, de la más importante industria armamentística del planeta. 
Es un poquito cínico y bastante juerguista, pero también hombre de muy recto espíritu, que sólo trata de hacer el bien y proteger a su país de las acechanzas del maligno, léase los terroristas islamistas, que son ahora, naturalmente, el enemigo a batir. Pero su vida cambia –y está a punto incluso de acabar prematuramente- cuando él mismo, que estaba dando una gira promocional de sus últimos artefactos, cae en manos de un tal Abu Bakaar y sus secuaces, que pretenden, nada menos, volver el mortífero efecto de las armas de Stark contra los propios americanos. Y claro, nuestro hombre se da cuenta de que... ¿hay que acabar con la carrera armamentística? Ni mucho menos: Hay que crear el arma perfecta, definitiva y, a ser posible, que no pueda caer fuera de control; y para conseguirlo, hay que estar siempre pegado a ella, y si puede ser dentro, mejor. El hombre no es el jefe de todo por casualidad; es que es un manitas de la chatarra, la pirotécnica, la robótica y la bio-electrónica, más o menos por ese orden. Así es que se encierra en su estudio-laboratorio y se pone a trabajar.
En todo este proceso, bastante plano –con la excepción de la escaramuza en la cueva-mazmorra-, se consumen tres cuartas partes de la película. Pero hay que tener paciencia, porque al final viene lo bueno: la acción se acelera bastante con la presencia del hombre de hierro, un Tony Stark absolutamente forrado de chapa, armas de todos los calibres, que lo mismo escupen fuego que disparan misiles, y mecanismos que le permiten volar y soportar trastazos descomunales: es Iron Man en “persona”.
Y ya a toda velocidad, la película-tebeo se convierte en un ejemplo más del “circomatógrafo” digital acostumbrado, con toda la cacharrería al uso: la animación digital sustituye a la cámara y los actores, que hasta hace poco eran parte casi, casi imprescindible en esa cosa que llamábamos cine. Sigue, sí, la pantalla, y los espectadores, aunque por este camino no van a durar mucho: se quedarán en casa, viendo el espectáculo en sus plasmas gigantes o, mejor, en sus pequeñas consolas –mucho más divertido si el Iron Man de turno puedes ser tú mismo con tus deditos-, sin tener que pasar por taquilla, con lo cara que se ha vuelto la aventura.
Bueno, pues que Iron Man, aun sin tener nada que ver con el cine, se aguanta un rato, por lo menos por la parte humana del asunto: Downey, Gwyneth Paltrow –que se distancia humorísticamente de su personaje- y Jeff Bridges –que, por el contrario, asume entusiásticamente el suyo- ponen medio fundamento a esta historia que, ya decía, queda rara: poco cómic –concentrado, eso sí- para que satisfaga a los seguidores del personaje, y escasa trama en torno a los protagonistas, que parece que piden mayor complicidad e implicación. Seguramente en las siguientes películas todo quedará más explicado e igual de bonito. (www.sonypicturesreleasing.es/sites/ironman/)

IRON MAN 2   (02.05.10)
Dir.: Jon Favreau
Pro.: Kevin Feige, Jeremy Latcham, Victoria Alonso   Gui.: Justin Theroux
Int.: Robert Downey Jr., Mickey Rourke, Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Scarlett Johansson, Sam Rockwell  
Segunda entrega de las aventuras de Iron Man, dirgida como la primera, hace dos años, por Jon Favreau –el de Elf y Zathura-, pero con guionista nuevo: aquélla fue escrita por un equipo encabezado por Mark Fergus, mientras que ahora el responsable es Justin Theroux –guionista de Tropic thunder-; el cambio, creo yo, no le ha sentado bien al personaje.
Iron Man era una estupenda adaptación del tebeo de Stan Lee y colegas de la Marvel y contaba, de manera entretenida, el origen y las primeras andanzas del hombre de la armadura invulnerable, el millonario Tony Stark. El éxito de la película hacía presagiar esta segunda parte, y aún posiblemente una tercera. Que no hacen ninguna falta, pero el “business” es el “business”.
Sucede que el misterio mejor guardado de los superhéroes suele ser su identidad secreta.
Pero Tony Stark ha revelado a todo el mundo que quien se oculta bajo la armadura de “Iron Man” es él; y mientras la gente lo adora, crecen sus problemas: sufre importantes presiones por parte del gobierno y de los medios de comunicación para que comparta sus inventos y ponga sus poderes al servicio del bien, y de repente, en mitad del gran premio de Mónaco de automovilismo, nada menos, aparece una figura casi satánica, terroríficamente perversa y dotada de unos poderes muy parecidos a los suyos.
Entonces, todo el mundo parece muy decepcionado; no porque al bueno de “Iron Man” el acontecimiento casi le cuesta la vida, sino porque resulta que su armadura no es, como parecía, un modelo único e intransferible. Esto, que parece una tontería, realmente lo es. La gente, el ejército, los medios –sobre todo los medios, la televisión, que ya se sabe cómo funciona- se ponen de repente en contra del hombre de hierro. Y el que más en contra está es el turbio magnate rival de Stark, el desaprensivo Justin Hammer, que se alía con el malvado ingeniero –ruso, por supuesto- Ivan Vanko, alias “Latigazo”, para acabar con Stark, con sus negocios y con medio planeta si se pone por delante. También están por ahí la guapa agente Nastasha Romanoff –conocida como Natalie Rushman cuando va de incógnito- y su jefe, un tal Nick Fury, que también le ponen los puntos a “Iron Man”.
Que no vive para disgustos, hasta que se mete a trabajar en su laboratorio, él solito, dispuesto a inventar lo inventable para sacar adelante la película, digo la historia. ¿Qué se ha enredado bastante y que tiene momentos en los que no se sabe bien qué pasa ni, lo que es casi peor, dónde pasa? Yo creo que sí, pero seguramente no importa; para eso esto es un tebeo y vale cualquier cosa. 
El problema es que la escusa del personaje y su origen no es suficiente para crear un producto tan sumamente plano, tan previsible, tan aburrido y tan infantil. Ya ni siquiera funciona el principio del “circomatógrafo” del más difícil todavía: todas las piruetas del protagonista y sus colegas, todas las peleas, las explosiones, las imágenes pretendidamente espectaculares las hemos visto ya miles de veces… excepto la secuencia en la que Scarlett Johansson, embutida en cuero negro, se lía a mamporros a cual más acrobático con una partida de rufianes; eso es nuevo.
Scarlett y los demás, empezando por Robert Downey Jr., hacen lo que pueden pero la verdad es que todos acaban bastante pasados de rosca; sobre todo los malutos Sam Rockwell y Mickey Rourke, que resultan cansinos de tan exagerados. Jon Favreau ha apostado por el exceso y, desde luego, lo ha conseguido: mucha acción, mucho ruido, mucho efecto digital… pero poco cine: apenas unos chispazos entre tanta barahunda agotadora. Por eso, el mejor resumen del espectáculo está en el mismo guión, cuando el personaje de Gwyneth Paltrow le dice a “Iron Man” en los momentos finales de la película: “Ya no lo soporto más”. Pues eso. (http://ironmanmovie.marvel.com/intl/es/)