El SuperDiez
  La lista de éxitos del cine en España                                                                                           
                                     
                      Inicio            El SuperDiez            Críticas            El Profesor Kelp            Cartelera            La taquilla            Cineuropa
 
 
FILA DIEZ
a


LAS CRÍTICAS DE LARRY D'ABUTTI  

KINGSMAN: EL CÍRCULO DE ORO   (23.09.17)

 

Dir.: Matthew Vaughn. Gui.: Matthew Vaughn, Jane Goldman. Int.: Taron Egerton, Colin Firth, Mark Strong. (más Julianne Moore, Halle Berry, Chaning Tatum, Jeff Bridges, Bruce Greenwood, Emily Watson y Elton John)  

Matthew Vaughn es uno de los productores y directores británicos más en forma. Es el director de Crimen organizado, Kick-Ass –no sé si perdonárselo-, X-Men: primera generación y, por supuesto, del primer Kingsman: Servicio secreto. Así que no es de extrañar que se encargue de la reaparición del personaje, así como del Kingsman 3, que ya se anuncia. El prota de la serie es el joven Gary Unwin, más conocido como “Eggsy”, un agente especial que lucha contra el mal amparado por la figura paternal de Harry Hart, un hombre con mil recursos curtido en otras tantas batallas.

Ahora ambos se enfrentan a la malvada Poppy, una amable señora capaz de contaminar a media humanidad con un veneno letal. Tratan de no perder sus exquisitos modales y la elegancia innata a todo Kingsman, pero la lucha es a muerte y sin cuartel. Los buenos y la mala malísima, que cuenta con tecnología punta y una legión de feroces soldados, además de tener secuestrado al mismísimo Elton John, se enredan en una batalla tan descomunal como divertida.

La verdad es que viendo esta película me acordaba de nuestro Anacleto, agente secreto, la película de Javier Ruiz Caldera de hace un par de años. Y la comparación no es insignificante, porque muestra el abismo que hay entre nuestras producciones y las anglosajonas: en este caso, las de la todopoderosa Twentieth Century Fox. Para unos argumentos y propósitos semejantes, y salvando las distancias que hay entre Colin Firth e Imanol Arias y –mucho más- entre Taron Egerton y Quim Gutiérrez, ambas películas recorren caminos divergentes: Kingsman, al contrario que Anacleto, cuenta con una solidísima puesta en escena, con un presupuesto acorde a las fantasías animadas de sus autores, con un elenco que deja con la boca abierta –no salen De la Torre ni Gutiérrez- y con una propuesta triunfadora de cine de acción trepidante, divertido, un tanto apabullante y que va a ver muchísima gente en todo el mundo. ¡Qué envidia! 

 

DETROIT   (16.09.17)

Dir.: Kathryn Bigelow. Pro.: Kathryn Bigelow, Mark Boal. Gui.: Mark Boal. Int.: John Boyega, Anthony Mackie, Algee Smith.
Kathryn Bigelow sabe dotar a sus películas de unas imágenes y un ritmo impactantes; recordemos Acero azul, Le llaman Bodhi, Días extraños, En tierra hostil – 6 Oscar en 2010- y La noche más oscura. Es decir, que alguna vez rodará una comedia… pero de momento, no. Detroit se centra en los sucesos que vivió la ciudad industrial por excelencia –al menos, antes- en el verano de 1967, cuando las revueltas raciales hicieron arder literalmente la ciudad.
El caldo de cultivo es, naturalmente, el racismo que impregna una sociedad que ve como la población negra, que ha abandonado los cultivos del sur atraída por el señuelo de un mejor trabajo en las fábricas, disputa el mercado laboral y ocupa barrios enteros de la ciudad. Cuando se produce una multitudinaria redada en un establecimiento sin licencia, la actuación policial provoca una violentísima respuesta, que se extiende y explota como un polvorín.
Bigelow se centra en la actuación de un pequeño grupo de policías, que toman al asalto un motel con el pretexto de buscar a un francotirador, y detienen y humillan a sus ocupantes, unos cuantos jóvenes negros y dos chicas blancas. La humillación no se detiene en malos tratos, insultos y golpes: llegan incluso al asesinato, llevados por su ira y su racismo incontrolado.
La magnífica fotografía de Barry Ackroyd permite a la directora retratar la violencia con un verismo casi aterrador; en muchos momentos el espectador tiene la impresión de estar viendo un telediario, un documento vivo en tiempo real. A ello contribuye también la elección de un reparto con nombres no muy conocidos, que añaden verosimilitud a unas imágenes que hieren la retina. Detroit es una crónica de sucesos, pero es, sobre todo, una denuncia, un análisis de la infamia. Y una película actualísima, que no bucea en ese pasado inmediato de los Estados Unidos por casualidad. Kathryn Bigelow sabe lo que hace

 

CHURCHILL   (09.09.17)

Director: Jonathan Teplitzky. Producción: Claudia Bluemhuber, Nick Taussig, Paul Van Carter. Guion: Alex von Tunzelmann. Intépretes: Brian Cox, Miranda Richardson, John Slattery.

La figura de Winston Churchill –primer ministro británico entre 1940 y 1945 y de 1951 a 1955, sin duda uno de los políticos más importantes de la historia europea- ha sido llevada al cine en múltiples ocasiones, bien en documentales, bien con mayor o menor protagonismo en obras de ficción; alguna destacable como El joven Winston (Richard Attenborough, 1972) o Gathering Storm, realizada por Richard Loncraine para la televisión en 2002. Y precisamente un especialista en la ficción televisiva, Jonathan Teplitzky, ha sido el encargado de llevar a la pantalla grande esta nueva aproximación a la vida del estadista; cierto que Teplitzky ha dirigido también cine: entre otras películas, Mejor que el sexo y la notable Un largo viaje.
Esta Churchill, con un impresionante
Brian Cox de protagonista, no es propiamente una biografía: ocupa tan solo tres días del año 1944 en la vida del primer ministro inglés. Claro que son tres días trascendentales: del 4 al 6 de junio de ese año se decidió y se llevó a cabo la llamada “Operación Overlord”, el crucial desembarco en las playas de Normandía de las fuerzas aliadas. El acuerdo se había tomado en Washington unos meses antes y a principios de junio ya estaba todo dispuesto en suelo británico, con las tropas bajo el mando de los generales Eisenhower y Montgomery. Y con la oposición de Winston Churchill, que prefería atacar la Francia ocupada desde el Mediterráneo.
Ahí, en la mañana del día 4, comienza la película. Churchill –decidido y vigoroso a sus setenta años- acude a una reunión con los generales, a la que también asiste el rey Jorge para dotarla de completa legitimidad. Y allí mismo surge la grave discrepancia: el primer ministro no está de acuerdo con lo planeado, y se mantiene tercamente en su opinión, a pesar de que le comunican que la decisión está tomada y que es irreversible. Churchill, un hombre airado, una auténtica fuerza de la naturaleza, regresa a sus dominios hecho una furia. Que paga con sus ayudantes, con su secretaria y, si pudiera, también con su esposa.
Pero no puede. Clementine es la horma de su zapato, la única capaz de hacer frente al huracán, vadearlo y desactivarlo. Ella está presente en todo momento y conduce el trasfondo de la historia. Como decía, Churchill no es una biografía tanto como una crónica histórica y un retrato –en sepia- de matrimonio. Con Clementine desvelamos todas las claves de Winston, las razones últimas de la negativa a aceptar la invasión de Normandía, que tienen más que ver con el dolor del recuerdo de batallas perdidas y el miedo a la masacre que pueden sufrir sus soldados. Ella está con él incluso en sus momentos de soledad, como cuando implora a Dios, postrado de rodillas, que el día de la invasión se desaten todas las tempestades para que los barcos no puedan zarpar. O como cuando se dirige por radio a la nación, una vez vencidas todas sus resistencias, para desarrollar un discurso –paralelo al aquel otro del inicio de la guerra- en el que proclama su patriotismo y ensalza la heroicidad de sus ejércitos. 
La película, magníficamente fotografiada y sabiamente contenida en lo sentimental –algo que Teplitzky hace muy bien- puede, en su conjunto, adolecer de cierto manierismo, quizá provocado por un guion que se torna excesivamente literario por momentos, casi rozando un ampuloso tono teatral. Pero no es un defecto tan grave, si tenemos en cuenta el dramatismo y las dimensiones del decisivo momento histórico y del gigantesco personaje. Y la excepcional calidad de las interpretaciones de Miranda Richardson y de un Brian Cox que se transmuta en Churchill en cada plano. Con él no sabemos toda su vida, pero nos explicamos perfectamente cómo llegó a ser quien fue.

 

BARRY SEAL: EL TRAFICANTE   (09.09.17)
Dir.: Doug Liman. Int.: Tom Cruise, Domhnall Gleesom, Sarah Wright.
Doug Liman –el director de Sr. y Sra. Smitth y El caso Bourne- ya había dirigido a Tom Cruise en Al filo del mañana; y ahora la colaboración les ha salido todavía mejor. Sobre todo porque aquí la cosa no va de ciencia-ficción sino de un pedazo de realidad; aunque tan fantástica y tan demoledora que a ratos parece la imaginación de un guionista calenturiento.
Nada de eso. Barry Seal fue un piloto de la TWA, un hombre simpático y espabilado que a finales de los 60 iba y venía a bordo de su 707 ganando unos dólares extras con un pequeño contrabando de habanos. Barry vivía bien y tranquilo hasta que un día un personaje misterioso –en realidad un agente de la CIA-, lo reclutó para un trabajo un poco distinto: a bordo de un pequeño y velocísimo avión, debía fotografiar las bases de las distintas fuerzas guerrilleras que empezaban a extenderse por Centro y Sudamérica.  
Y la vida de Seal se convirtió en una trepidante aventura, cada vez más peligrosa pero más y más rentable. En su camino, a lo largo de casi 20 años, además de la CIA, se cruzaron, entre otros, el cártel de Medellín –con Pablo Escobar a la cabeza-, la “contra” nicaragüense, la DEA, el FBI y la policía de diversos Estados; y en sus asuntos influyeron el gobernador de Arkansas Bill Clinton  y los presidentes Reagan y Bush. Barry Seal llegó a tener su propio aeropuerto, una pequeña flota de aviones y tanto dinero que ya no sabía dónde guardarlo.
Al menos esto es lo que muestra la película. Puede que no todo sea exacto, pero tampoco importa demasiado. Lo que cuenta el guion lo cuenta muy bien, con ritmo constante y con una permanente capacidad de seducción: no importan las fechorías del protagonista; siempre tiene al espectador a su favor. Gracias también, por supuesto, al trabajo de Tom Cruise, un actor incansable, que no envejece y que hace gala de un magnetismo envidiable.

Él y Liman se muestran absolutamente compenetrados desde la primera secuencia hasta la estupenda conclusión, en una elegante y dramática elipsis. Todos juntos consiguen el mejor resultado para esta clase de espectáculo: dos horas de puro entretenimiento y, además, de magnífico cine.

 

MAUDIE, EL COLOR DE LA VIDA   (24.06.17)
Directora: Aisling Walsh. Intérpretes: Sally Hawkins, Ethan Hawke, Kari Matchett.
Parece que están de moda las películas sobre pintores/as, no demasiado conocidos; en un momento se van a juntar Paula (Paula Modersohn-Becker), Los últimos días del artista (Wladyslav Strzeminski) y esta Maudie, sobre la vida de Maud Dowley, luego Lewis. Las tres son interesantes.  

Maud es una joven inteligente y decidida a pesar de su problema físico. Vive en casa de su tía Ida, pero cuando ve un anuncio pidiendo una asistenta, no duda en optar al puesto. Lo malo es que quien lo solicita es Everett, un tosco pescador, casi analfabeto y con mala uva, que vive en una barraca ruinosa fuera del pueblo.

A pesar de sus caracteres tan opuestos, la convivencia, que empieza con serias dificultades, va poco a poco transformándose en amistad y, al final, en verdadero amor. Mientras, Maud se revela como una pintora extraordinaria, llena de un encanto primitivo y con una maravillosa potencia expresiva; tanto, que sus cuadros y postales se hacen famosos en todo el país e incluso fuera de sus fronteras.

El guion de la canadiense Sherry White desarrolla a la perfección estos personajes, y la tarea de la directora irlandesa Aisling Walsh se centra en dejar que los protagonistas cobren vida mediante las sensacionales interpretaciones de Ethan Hawke y Sally Hawkins: él, en uno de sus mejores trabajos, como el huraño y violento Everett, y ella en una muestra más de su valor y su superlativa capacidad para los retos más complicados.   
La película es un relato sensible –también triste- y pleno de poesía, que narra la vida adulta de Maud Lewis, una pintora quizá no famosa en todo el mundo, pero sí una de las artistas populares más reconocidas de Canadá y, como se muestra en la pantalla, una persona aparentemente débil pero capaz de superarlo todo con la fuerza de sus únicos, mágicos pinceles.

 

LA MUJER DEL ANIMAL   (17.06.17)
Director: Víctor Gaviria. Intérpretes: Natalia Polo, Tito Alexander Gómez, Jesús Vásquez.
El colombiano Víctor Gaviria alcanzó el reconocimiento mundial con La vendedora de rosas (1998). Después dirigió Sumas y restas y ahora, tras doce años de silencio, regresa a la pantalla con este durísimo drama rural que narra la historia de Amparo, una joven estudiante de Medellín. Un día, Amparo se escapa del internado en el que estaba recogida para ir a refugiarse en casa de su hermana, que vive sin demasiados recursos en un barrio marginal.
Allí conoce a Libardo y muy poco después comienza su cruel calvario: Libardo la rapta, se la lleva con su familia y la somete a todo tipo de vejaciones, sexuales, físicas y mentales, y la hace vivir en un clima insoportable de violencia que puede llegar incluso al asesinato y que parece no tener fin. La cámara de Víctor Gaviria se muestra absolutamente explícita relatando estos hechos, de tal manera que llega a ser abrumadora para el espectador.
Cabría preguntarse si es necesario tanto realismo, pero no cabe más que responderse afirmativamente: lo que se cuenta es una historia real, apenas ficcionada –magníficamente interpretada por actores no profesionales, como es habitual en el cine del colombiano- y es además parecida a tantos y tantos casos que suceden cada día en todo el mundo; también en nuestro propio vecindario. Cuanto más se vea y se rechace al animal, a todos estos animales, mejor.  
Víctor Gaviria ganó el galardón al mejor director en el pasado Festival de Málaga; un premio merecido por esa intensidad, esa emoción y la verdad de las que ha sabido dotar a su película, que es sobre todo una cruda y violenta denuncia de la violencia machista, y que parte, como decía, de la ficción, para convertirse en un documento real, tan doloroso como valiente y necesario.

CRÍTICAS ANTERIORES:

A B C D E F G H I J K L M
N O P Q R S T U V W X Y Z

 
  SÍGUENOS

       

   Contáctanos por correo
  
Sobre nosotros
   .......................

© 2017 El SuperDiez