El SuperDiez
  La lista de éxitos del cine en España                                                                                           
                                     
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FILA DIEZ
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LAS CRÍTICAS DE LARRY D'ABUTTI  

EL AUTOR   (18.11.17

Dir.: Manuel Martín Cuenca. Pro.: José Nolla, Gonzalo Salazar Simpson, David Naranjo. Gui.: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández. Int.: Javier Gutiérrez, Antonio dela Torre, María León

 

El director de La flaqueza del bolchevique, Malas temporadas y la magnífica Caníbal, entre otras, estrena ahora El autor, un guion basado en la novela de Javier Cercas El móvil. Sí que hay un móvil en la película y en la vida del protagonista; en su doble acepción: un motivo, un porqué de su actividad, y un teléfono, bastante indiscreto, que se convierte en su aliado. El citado protagonista es Álvaro, un administrativo en una notaría, asfixiado por el caluroso verano sevillano, por su catastrófico matrimonio y por su vocación de novelista, que no acaba de ver realizada.

Y sobre todo por el éxito de Amanda, su mujer, que acaba de publicar una novela muy elogiada, y porque Juan, el profesor del taller de literatura al que acude, nunca está contento con lo que escribe. Hasta que parece que le da la clave para levantar el vuelo y conseguir ser un escritor de verdad: un autor. Y para ello, se aplica a ver y oír, mirar y escuchar; y convierte el edificio en el que vive en un laboratorio al que aplicar el microscopio para desentrañar hasta los secretos más íntimos de sus pobladores.

Naturalmente, es un buen método, que debe seguir todo aspirante a escritor: ver la vida, beber de la realidad y trasladarlo al papel. Solo que hace falta inspiración verdadera, calidad y arte, y sobra ser tan manipulador y tan mala persona como Álvaro, que es capaz de abusar de su portera, de sus vecinos inmigrantes, del solitario ocupante del ático y de vampirizar a cuantos le parezca oportuno para llenar sus páginas de verdad. De lo que él cree su verdad, hasta que la novela, la de su vida, se rinda al imprevisto.

Javier Gutiérrez, en plena forma, compone un canalla sutil y a la vez vulgar, ese vecino del rellano de arriba del que no sospechamos lo que lleva dentro; un fullero con ínfulas de artista, carente de moral y de carisma. Todo lo contrario que el asesino antropófago de Caníbal –un artista del crimen- que bordaba magistralmente Antonio de la Torre; que en esta película también está estupendo, faltaría más. Los dos son las piezas maestras de la obra, que, aparentemente, es un poco más liviana que otras de Martín Cuenca. Aparentemente, porque bajo esa ligereza subyace una interesante carga de profundidad que se interroga acerca de la necesidad del éxito, de los mecanismos de la creación y de la opción moral de la obra de arte.

 

THE SQUARE   (11.11.17)

Dir.: Ruben Östlund. Pro.: Philippe Bober, Erik Hemmendorff. Gui.: Ruben Östlund. Int.: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West.

Ruben Östlund es quizá el director más en forma del actual cine sueco. Es el autor de Play (2011) y también de Fuerza mayor (2014), esa película en la que una familia se colapsa por una amenaza de avalancha en una estación de esquí. Con The square ha ganado este año la Palma de Oro en Cannes, y es verdad que es una película formidable.

Christian es el gerente de un importante museo de arte contemporáneo; divorciado y padre de dos niñas, se ocupa de ellas todo lo que puede, aunque su trabajo le absorbe mucha energía. Es un hombre concienciado, que defiende causas humanitarias y se preocupa por el medio ambiente y el bienestar común. Ahora prepara su próxima exposición, basada en la instalación de un llamativo cuadrado en el suelo, que debe ser una llamada a la concienciación y la solidaridad.

De repente -en una escena que parece navegar en el absurdo- a Christian le roban la cartera, el móvil y hasta los gemelos. Desesperado, idea con ayuda de su ayudante una estrategia –hay que decir que bastante loca- para conseguir recuperar sus pertenencias. Y a partir de ahí, su vida cambia y su conciencia está a punto de revolverse y de convertirlo en una persona completa y radicalmente distinta.

Al mismo tiempo, el museo pone en marcha una arriesgadísima campaña publicitaria para dar a conocer la exposición, que acaba por levantar una tormenta en la opinión pública y en los medios de información. A lo que se suma una “performance” que termina como el rosario de la aurora, una noche de sexo con consecuencias y una preocupación moral que no conduce a nada.

Todo ello junto parece bastante caótico, pero la mano maestra de Östlund conduce el relato con la mayor eficacia, haciéndolo inteligible y permeable para que en él se acomode la crítica social y los valores humanos; anide el humor –en algún momento, irresistible- y la angustia vital; y se cuestione el papel de la comunicación y el arte moderno. En el centro de esta vorágine, Christian trata de encontrarse a sí mismo. Lo entendemos, pero no sabemos qué será de él cuando acabe la película. Así es el cine.

 

LA BATALLA DE LOS SEXOS   (04.11.17)

Dir.: Jonathan Dayton, Valerie Faris. Pro.: Danny Boyle, Robert Graf, Christian Colson. Gui.: Simon Beaufoy. Int.: Emma Stone, Steve Carell, Elisabeth Shue.

Dayton y Faris son los directores de aquella divertida –y también cáustica- Pequeña Miss Sunshine y de la deliciosa Ruby Sparks. En su cine, los personajes femeninos ganan; y en su nuevo estreno, ahora con guion de Simon Beaufoy –Full Monty, Slumdog millionaire, Los juegos del hambre: En llamas-, mucho más. No solo por el resultado del descomunal partido de tenis que centra el argumento, sino porque este está poblado de una pléyade de personajes femeninos y tan solo uno y medio de masculinos.

Al comienzo de los años setenta del pasado siglo, las jugadoras profesionales de tenis se enfrentan a Jack Kramer, el todopoderoso amo del circuito, exigiendo ganancias iguales a las de sus compañeros hombres. Kramer –este es el medio personaje, que interpreta Bill Pulman- se niega y las tenistas, encabezadas por Billie Jean King, lo dejan plantado y organizan su propio circuito, lo que sería el embrión de la actual WTA.

La iniciativa empieza a desarrollarse con cierto éxito, mientras cosecha un sinfín de ataques y desprecios por parte de los muy misóginos medios y estamentos deportivos. El adalid de la oposición es un tenista retirado, Bobby Riggs –ex campeón de los grandes torneos-, un hombre desagradable, soberbio y excesivo, además de ludópata y machista. Este es el personaje completito –que recrea al borde de la exageración Steve Carell-, y su duelo verbal primero y finalmente deportivo con Billie Jean King justifica el título de la película.

Billie Jean King –no hace falta decirlo, es en la pantalla la encantadora y muy competente Emma Stone- y Bobby Riggs se enfrentaron realmente en 1973 en un acontecimiento que fue seguido por toda América y el resto del mundo; hasta 90 millones de espectadores lo presenciaron por televisión. La batalla de los sexos cuenta el partido, claro; pero cuenta también la vida de sus protagonistas durante toda su preparación, con las idas y venidas de unos y otros, y los tejemanejes que en alguna ocasión estuvieron a punto de hacer naufragar el proyecto.      

Riggs, cada vez más engreído, ve como su matrimonio se rompe; mientras, Billie Jean encuentra el amor y la verdadera expresión de su sexualidad. Y los dos, enfrentados fuera y dentro de la pista, personifican la eterna guerra entre los géneros: las mujeres, decididas a conquistar la igualdad, y los hombres, empeñados en impedírselo. La película es una comedia y quizá nada más, pero aun sin querer encierra un fondo de verdad incuestionable y la denuncia de una injusticia que parece no acabar. Porque más de cuarenta años después de aquellos hechos, en el tenis –y no solo en el tenis- aun ellas siguen ganando bastante menos que ellos.  

 

EL TERCER ASESINATO   (28.10.17)

Dir. Hirokazu Kore-eda. Pro: Kaoru Matsuzaki. Hijiri Taguchi. Gui.: Hirokazu Kore-eda. Int.: Masaharu Fukuyama, Koji Yakusho, Suzu Hirose.

A los amigos de El SuperDiez no hace falta presentarles a Kore-eda. Si acaso, recordar que es el director de Nadie sabe, Still walking, Air doll, Milagro, Nuestra hermana pequeña, Después de la tormenta… El cine del maestro nipón habla de circunstancias y valores universales: la familia, la niñez, la paternidad; y también de la pervivencia de los sentimientos y del ejercicio de la libertad. Y aunque dicen que en esta última película Kore-eda ha dado un giro en su temática, creo que siguen presentes todas estas características, estos temas.

Es verdad que, en principio, el escenario es diferente. El joven abogado Shigemori es llamado a defender a un hombre acusado de asesinato. Hay poco que discutir, porque la película abre, precisamente, con las imágenes del crimen. Y tampoco Misumi, el reo, se atreve a negar la evidencia. Es un personaje tortuoso, que parece desdecirse continuamente y que, caso curioso, ya fue condenado hace treinta años por otro crimen; y el juez que lo mandó a la cárcel no es otro que el padre, ya jubilado, del abogado defensor actual.

Que basa todo su trabajo en tratar de demostrar que Misumi no robó además a su víctima: es lo único que puede salvarlo de la condena a muerte. Eso, y argüir que el asesinato fue provocado y pagado por la mujer del muerto; cosa no muy fácil de sostener, sobre todo cuando interviene la hija del matrimonio, una joven con un leve problema físico y otro mucho mayor en su conciencia. Entonces entran en juego todas las potenciales líneas del relato. Y la cámara atraviesa la realidad para penetrar en las conciencias, y la verdad –las múltiples verdades- se difumina al ritmo pausado y minucioso de las imágenes de Kore-eda.

Las pesquisas de Shigemori, sus intentos de atrapar el pasado, las raíces del asesino, fracasan. Hasta que comprende que su camino es otro: ir al implacable tribunal, defender a su cliente y, si es posible, comprenderlo y rescatarlo de la injusticia. Y abrirse paso entre el volcán de sentimientos que rodean el caso. Volcán que arde bajo la mirada de la joven, consumida por la sinrazón de la mentira, y que se congela a través del cristal que separa a reo y abogado. Que separa y también une, en un juego sutil de presencias que se confunden según la verdad –siempre fugitiva- trata de abrirse paso. Y al final, es el propio espectador el que debe encontrar el veredicto.

 

HANDIA   (21.10.17)

Dir.: Jon Garaño, Aitor Arregi. Pro.: Xabier Berzosa, Iñaki Gómez. Gui.: Jon Garaño, Aitor Arregi, Jose Mari Goenaga, Andoni de Carlos. Int.: Eneko Sagardoy, Joseba Usabiaga, Ramón Agirre.

Hace un par de años, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga sorprendieron y llevaron a la cima al cine vasco con Loreak, un magnífico y enternecedor poema visual con un guion firmado por Garaño y Aitor Arregi. Y ahora estos últimos llevan a la pantalla una historia muy diferente de aquella pero de parecida calidad y emoción. La protagonizan dos hermanos de Altzo (Guipúzcoa), Joaquín y Martín Eleizegi Arteaga –personajes reales-, que vivieron en la primera mitad del siglo XIX.

Martín, el mayor, se ve obligado a participar en la guerra carlista. Derrotado y herido, cinco años después de su marcha vuelve al pueblo. Y se encuentra con que su hermano Joaquín ha crecido desmesuradamente y se ha convertido en un gigantón de 2.20 metros… y sigue creciendo. La situación del País Vasco rural no es nada boyante; Martín no puede trabajar y la familia está abocada a la ruina.

Entonces aparece Arzadun, un marchante que se ofrece a exhibir a Joaquín como un fenómeno de feria. Y efectivamente, lo pasea por toda España, y por media Europa_después, con un importante éxito de público y, por supuesto, económico.

El lisiado Martín y el gigante Joaquín –el llamado gigante de Altzo- son las dos caras de una realidad deforme, en la que lo grotesco se abre paso en una sociedad atónita pero cambiante, entre unas gentes que, a un paso de la modernidad, pugnan por salir de la ignorancia, la superstición y el chismorreo.

En Handia, el mito, la leyenda, la fascinación y el rechazo a lo diferente se muestran en oposición a la cruda realidad, a la vida cotidiana y a los sueños y esperanzas de la gente corriente. Y la cámara de Arregi y Garaño retrata un paisaje con figuras lleno de verdad, sin concesiones al sentimentalismo pero sin eludir ni la tragedia ni el humor.

Es un relato lleno de contrastes, un aguafuerte de pincel fino, una obra emocionante, inteligente y dotada de una enorme capacidad poética. Un cine distinto y valiente, reconocido con el Premio Especial del Jurado en San Sebastián y que apunta a lo más alto, como lo que es: un gran cine.

 

LA PIEL FRÍA   (21.10.17)

Dir.: Xavier Gens. Pro.: Mark Albela, Denise O'Dell. Gui.: Jesús Olmo, Albert Sánchez Piñol. Int.: David Oakes, Ray Stevenson, Aura Garrido.

Procedente de una popular novela de Albert Sánchez Piñol, la película de Xavier Gens -el director de Hitman, que estrena además en quince días The crucifixion- reproduce el claustrofóbico ambiente de un solitario faro en el que dos hombres, enfrentados entre sí, se defienden del ataque de unas extrañas criaturas nocturnas surgidas del mar. A la solitaria y tenebrosa isla ha llegado un nuevo "oficial atmosférico" y Gruner -el original Batís-Caffó debe resultar un juego de palabras intraducible para el inglés-, el farero y único habitante no sabe qué ha sido del anterior encargado. De este nuevo tampoco sabemos nada, ni el nombre -Gruner, a regañadientes, lo llama "Friend"- ni su circunstancia; solo que parece bastante desengañado de la vida como para haber aceptado ese trabajo para un año.

Pero una vez allí, comprende que su único afán será tratar de sobrellevar la convivencia con Gruner y defenderse juntos del ataque de los feroces y cada vez más numerosos monstruos marinos que noche tras noche asaltan el faro. Esa convivencia ocupa absolutamente la trama de la película, jalonada por la pelea desesperada por su vida y los días más tranquilos y luminosos, en los que Friend contempla atónito la relación del farero con una de las criaturas, a la que Gruner parece haber domesticado y que le sirve de criada -más bien esclava- e incluso de objeto sexual. Así, Friend se debate entre ayudar a Gruner o asesinarlo, entre seguir ayudándolo a matar asaltantes o tratar de comprenderlos y aceptarlos.

La piel fría constituye un desolado relato gótico, magníficamente ambientado -la obra póstuma de nuestro gran Gil Parrondo- y cercano al cine de terror; pero es también y sobre todo una indagación acerca de la hondura del alma humana, donde nacen el conocimiento y la locura, el odio y el deseo, la crueldad más primitiva y la posibilidad del perdón, la reconciliación -también con uno mismo- y el amor.     

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